Fantasía decimosexta o vacaciones en el paraíso (parte 2)
La tarde se presentó, mientras nosotros nos deleitábamos con nuestros cuerpos. Sobre la arena, se enzarzaban en una batalla campal, de caricias y besos. - Pues, ¡al final tuvieron un bebe! - ¡Si, me acuerdo! - ¡Pues ya estamos tardando! Y se me enrolló en la cintura, fundiéndonos en una épica lucha de lenguas. Salimos del agua y quedamos yo sobre la arena y ella sobre mí. Sus manos agarraban mis muñecas, mientras me miraba, deleitándose en mi indefensión y en el jadeante ritmo de nuestros cuerpos. Se abalanzó sobre uno de mis pezones, dándome tal bocado que me queje de dolor. Fue entonces cuando apercibí, que no solo caían gotas de su pelo húmedo, la tarde había cambiado el soleado día, por las nubes previstas en los servicios meteorológicos. Poco a poco, las gotas frías, alcanzaron nuestros cuerpos. - ¡Joder, esta lloviendo! – intente levantarme para refugiarnos, pero no pude. Eli, había estado hacia un rato, con la cara tapada por su pelo. Llevaba tiempo, que solo restregaba su sexo con mi abdomen, moviendo su pelvis. La lluvia, cada vez se denotaba con más fuerza y el viento había empezado a soplar, haciendo un pelín de frio. Entonces la mire, sus ojos antes llenos de pasión, ahora estaban blancos. Como dentro de un trance, del que me empezó a dar miedo, más creo que ese miedo era el que me permitía mantener la erección. La mano de la chica, bajo hasta mi miembro orientándolo hacia su sexo, logrando así la penetración. El vaivén de su cuerpo, junto al jadeo de sus labios. Era acallado por un temporal, que al poco desató en una tormenta. El mar estaba embravecido, tal vez celoso de que fuera yo quien estaba disfrutando del cuerpo de ella, las olas casi nos alcanzaban de nuestra posición, Eli, sequia sobre mí, clavándome ahora las uñas en el pecho, mientras que yo la ayudaba arqueando mi cintura y pelvis, para que la penetración, consiguiese cada vez alcanzar hasta el último rincón de su vagina. Jadeaba y gritaba a coro con los truenos, los rayos iluminaban su figura, mojada por la lluvia. Sus pechos bailaban sobre mí, con su pelo mojado, pegado a ellos. Pero, eran sus ojos… blancos, como poseídos por un ente, deseoso de sentir placer. Gritó, indeliberadamente abalanzándose sobre mi pecho, comenzó a morderme los pechos, los hombros, la cara y los labios, de manera tan brutal que incluso logro que sangrara por el labio. Su pelvis, incremento el movimiento, mientras me arañaba y mordía, para quedarse quieta repentinamentey así soltar un jadeo y desplomarse sobre mí. Había tenido un orgasmo, - ¡No hemos acabado! No quise contrariarla y la deje hacer. Se dio media vuelta, casi arrastrándose sobre mí y sentí como colocaba su sexo, delante de mis ojos. Sentí su mano, sujetar mi miembro mientras que me abalancé al delicioso majar que tenia ante mis ojos. El sabor de su sexo, mezclado con el agua de lluvia, me proyectaba una imagen donde las gotas de agua que resbalaban, luchaban con mi lengua para adentrarse en tan candente orificio a la vez que su felación me estaba llevando a mi propio orgasmo. Y fue así, como descargue en la garganta de ella.
Después, de un rato, nos levantamos y volvimos al agua. Eli, me demostró ser una gran conocedora de las inmersiones y de los fondos marinos. Buceamos y sinceramente, me sentía como el protagonista de aquella película de los 80,
“El lago azul”. Y así se lo dije, logrando unas carcajadas sonoras en mi acompañante.
Intente levantarme pero ella, se colocó las piernas de tal manera que me tenia hecha una presa, de la que fui incapaz, o no quise escaparme. Volvieron sus labios a atacar mi cuello, mientras su cuerpo se rozaba por el mío. Sacudió su cabeza frente a la mía, haciendo que las últimas gotas de agua salada aterrizaran sobre mí.

tal que la había dejado agotada. Creía que había terminado y medio asustado intente levantarme, cuando entre jadeos y casi sin poder hablar, dijo:

Después, su tensión aflojo y fue cuando pude levantarme. La vi, sobre la arena, cayéndole la lluvia, sonriente iluminada por los rayos. La intente levantar, pero era un peso muerto. Así que busque refugio, y lo encontré en una especie de mini cueva natural, entre las rocas. Cargue a Eli, hasta el sitio y después fui por nuestra ropa que estaba chorreando. Hasta que amaino la tormenta y Eli se repuso, pasamos frio mucho frio, intente calentarla abrazándola con mi cuerpo. El resultado fueron unas semanas en cama con una medio pulmonía, los dos.
Cuando, puedo vuelvo a la cala. Y aunque el sol castigue sin piedad, no hay día que no fluyan a mi mente, aquella tormenta que estuvo a punto de cobrarse nuestras vidas, pero más que la tormenta el maravilloso polvo que echamos bajo ella.
Besos de chocolate, para ellas… saludos para ellos.
MSX





Kilifa dijo
Si lo pasaron bien.....que más dá una pulmonia?? je je
Ufff, creo que con tormenta no me hubiera quedado en la cala....aunque suena muy muy bien.
besitos
17 Mayo 2008 | 11:39 AM