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karlamorhart

16 Septiembre 2007

LA AMBICION


KARLAMORHART
“Para nuestra avaricia lo mucho es poco, y para nuestra necesidad, lo poco es mucho” (Séneca)
El siguiente texto Oriental nos recuerda, que “Cuando el arquero dispara gratuitamente, tiene con él toda su habilidad. Cuando dispara esperando ganar una medalla de bronce, ya está algo nervioso. Cuando dispara para ganar una medalla de oro, se vuelve loco pensando en el premio y pierde la mitad de su habilidad, pues ya no ve un blanco, sino dos. Su habilidad no ha cambiado, pero el premio le divide, pues el deseo de ganar le quita la alegría y el disfrute de disparar. El deseo de triunfo y el afán por conseguir el premio se han convertido en enemigos que le privan de la visión, la armonía y el goce”.
Estamos día a día supeditados a actuar de acuerdo a lo que nuestros gobernantes han establecido como el escenario de la ambición y hacen uso de su poder para satisfacer la ambición que han generado, dándole así el alimento al ego, la vanidad, a todo aquello que les haga feliz transitoriamete de sentir que lo manejan todo.

No nos debe sorprender que muchos gobernantes, jefes, autoridades esten encadenados a la ambición, no importandole socavar la fortaleza de sus valores ,ética, moral, con tal de darle pleitecía a todo lo que la ambición genera para ser satisfecha.
Sew dice sobre la ambición que el problema de ellla no está en el loable deseo de prosperar, ni en la inquietud sana por aspirar a un mejor nivel de vida, dentro de unos límites razonables, sino en llegar a convertir la propia existencia en lucha, violencia y actividad febril por las riqueza, el encubrimiento personal, las alabanzas, las admiraciones,...

La ambición sin freno, la ambición como conducta y estilo de vida, no sólo es uno de los más graves impedimentos de la felicidad humana, sino que puede llegar a empobrecer y destruir el corazón del hombre y sus más nobles sentimientos.

Muy interesante lo que aporta usuarios. lycos.es. que los hombres ambiciosos piensan que les va a ser posible comprar la felicidad, aferrados a un desesperado desasosiego que les incapacita para vivir y disfrutar el presente, en espera de un porvenir que jamás se hace realidad. La verdadera felicidad no se compra ni tiene precio y está tan a la mano del pobre como del rico, está tan próxima a nosotros que la encontraríamos en nuestro derredor si supiéramos aceptar nuestra realidad de buena voluntad, en paz y armonía con nosotros mismos.

No hay un camino que nos lleve a la felicidad, ya que sólo nos está permitido descubrirla, cultivarla y disfrutarla mientras hacemos el camino. La ambición que empobrece al corazón humano y destruye los sentimientos más nobles es la que viene engendrada por el egoísmo, la vanidad y el loco afán de imitar a los demás y aventajarles en lujo y ostentación. Pero lo grave es que quien se deja embriagar por la ambición desenfrenada terminará por sacrificar a su propia familia, su hogar sus amigos, su salud y su bienestar: Y es que la ambición malogra, antes o después, las aspiraciones elevadas y sofoca cuanto de noble, delicado, sensible y bello hay en su carácter.

Muchos que tienen la oportunidad de disfrutar el poder se les olvida la importancia de hacer uso de él pero no para alimentar la ambición y con ello encarcelarse en sus caprichos, dejarse hipnotizar por todas las ilusiones que genera. Se olvida que casi siempre es por falta de elevadas ambiciones, nobles aspiraciones, como entusiasmo, esfuerzo y perseverancia, voluntad y un motivo que dé sentido a !a propia existencia, por lo que fracasan quienes se olvidan de vivir cegados por la raquítica ambición de atesorar riquezas y honores.

Es fácil desenmascarar la ambición perniciosa y desmedida de la ambición legítima y loable. La primera viene marcada y definida por el egoísmo y el afán sin medida de acaparar riquezas, honores y poder para sí, no importa por qué medios, admitiendo engaños, sobornos, injusticias. El otro es un enemigo, un competidor a quien tengo que engañar. Debo ser más inteligente y perverso que él para arrebatarle lo que tiene y sumarlo en mi haber. La segunda es una ambición noble que tiene como marca de clase bien definida la generosidad y el bien de los demás.

Los bienes, riquezas y honores que se obtienen, siempre por medios dignos, no se quedan en el sujeto como exclusivo dueño, sino que revierten sobre la sociedad, contribuyen a reducir los niveles de pobreza, a elevar la preparación cultural y profesional, a promover el bien común, a hacer el bien...

Muchos son los presidentes, ya idos y aun los que permanecen en el poder que estan contaminados de la ambición y sus resultados no solo afectan su imagen ,gestión sino que perjudican seriamente al país.
La Gnosis con respecto a la ambición nos señala, que la ambición tiene varias causas, y una de ellas es eso que se llama miedo.
El humilde muchacho que en los parques de las lujosas ciudades limpia el calzado de los orgullosos caballeros, podría convertirse en ladrón si llegase a sentir miedo a la pobreza, miedo a sí mismo, miedo a su futuro.
La humilde modistilla que trabaja en el fastuoso almacén del potentado, podría convertirse en ladrona o prostituta de la noche a la mañana si llegase a sentirle miedo al futuro, miedo a la vida, miedo a la vejez, miedo a sí misma, etc.
El elegante mesero del restaurante de lujo o del gran hotel, podría convertirse en un gángster, en un asaltante de bancos o en un ladrón muy fino, si por desgracia llegase a sentir miedo de sí mismo, de su humilde posición de mesero, de su propio porvenir, etc.
El insignificante insecto ambiciona ser elefante. El pobre empleado de mostrador que atiende a la clientela y que con paciencia nos muestra la corbata, la camisa, los zapatos, haciendo muchas reverencias y sonriendo con fingida mansedumbre, ambiciona algo más porque tiene miedo, mucho miedo a la miseria, miedo a su futuro sombrío, miedo a la vejez, etc.
La ambición es polifacética. La ambición tiene cara de santo y cara de diablo, cara de hombre y cara de mujer, cara de interés y cara de desinterés, cara de virtuoso y cara de pecador.
No hay que olvidar cita Gnosis, que
Existe ambición en el que desea con locura infinita ser alguien, figurar, trepar, y existe ambición en aquel que se hace anacoreta, que no desea nada de este mundo porque su única ambición es alcanzar el cielo, liberarse, etc.
Existen ambiciones terrenales y ambiciones espirituales. A veces la ambición usa la máscara del desinterés y del sacrificio.
Quien no ambiciona este mundo ruin y miserable, ambiciona el otro; y quien no ambiciona dinero, ambiciona poderes psíquicos.
Al "yo", al mí mismo, al sí mismo, le encanta esconder la ambición, meterla en los recovecos más secretos de la mente, y dice luego: "yo no ambiciono nada, yo amo a mis semejantes, yo trabajo desinteresadamente por el bien de todos los seres humanos".
El político "zorro" y que se las sabe todas, asombra a veces a las multitudes con sus obras aparentemente desinteresadas; mas cuando abandona el empleo, es apenas normal que salga de su país con unos cuantos millones de dólares.
La ambición disfrazada con la máscara del desinterés suele engañar a las gentes más astutas.
Existen en el mundo muchas gentes que sólo ambicionan no ser ambiciosas.
Son muchas las gentes que renuncian a todas las pompas y vanidades del mundo porque sólo ambicionan su propia autoperfección íntima.

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Sobre mí

Interesada en todo lo que nos ayude a crecer como personas, haciendo énfasis en la evolución espiritual sin descuidar los hechos humanos que se manifiestan.

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