Hola, soy Pilar, una chica muy liberal. Me gusta mucho el sexo y en muchas de sus variantes. De hecho tengo varios "amigos" con derecho a roce. A veces también me lo monto sola, compré hace tiempo en un sexshop
(¿donde sino?) un consolador y un vibrador, y lo cierto es que éste
último me gusta más, no tengo que trabajar tanto ... También me va el
bondage, es decir estar atada (o atar), y algo de sadomasoquismo.
Pero es difícil atarse completa una sola, sí ya sé que para algo
existen las esposas pero, que queréis que os diga, las cuerdas me
excitan muchísimo más. Por eso planeé un día una sesión de sexo yo
sola, y atada, pero necesitaba una ayudita, así que me vestí con lo que
quería para ese momento: conjunto de ropa interior de bragas y
sujetador sin tirantes, blancos con encajes (una delicia que resalta mi
cuerpo), minifalda algo amplia, corta hasta medio muslo y camiseta de
manga corta con cierto escote, negras ambas prendas, mas unos zapatos
de tacón bajo, negros y sin adornos; sencilla como veréis.
Escondí en vibrador en un sofá del salón y llamé a mi amigo Juan,
invitándole a café, pero le advertí que ese día “no tenía ganas de
sexo” (al menos no con él). Vino puntualmente, estuvimos charlando un
rato porque tampoco es plan de hacerle venir al pobre sólo para hacerme
un favor. Por supuesto que me dijo que estaba muy atractiva, pues me
había maquillado, peinado y adornado un poco (mas de la cuenta, como
para salir, según él).
Al cabo de un rato rogué que se marchara
(sin problemas, ya nos conocemos muy bien), pero antes quería que me
hiciera un favor. “¿Qué es?”, “átame”, “Ja Ja, cómo la peli de
Almodovar”, “en serio Juan, toma estas cuerdas y átame los tobillos y las manos a la espalda”, “así que era por eso por lo que me has
llamado, ¿Cual es la fantasía de hoy?”. “ Si, es una fantasía pero para mi sola, compréndelo”.
Al final aceptó, me ató fuertemente los
tobillos y luego las manos a la espalda de forma que no pudiera
soltarme, “no te preocupes, cuando quiera desatarme tengo un cuchillo
2dispuesto, no es la primera vez que lo hago, anda, amordázame y hasta
luego”. “Bueno, pues hasta otra, y piensa algo para los dos”. Nos
besamos, me amordazó con un pañuelo que le había dado y salió, cuando
escuché la puerta pensé “ya estoy sola”.

Forcejeé un poco,
perfecto, no puedo soltarme, la fantasía que había imaginado era que me
secuestraban y me tenían encerrada, atada como estoy, y que de repente
tenía necesidad de satisfacer mis deseos sexuales y tener un orgasmo, o
varios, yo solita, así, atada como estaba.

Lo primero que hice
fue reptar hasta el sillón y sacar el vibrador de su escondite.Cuando estuvo dentro, con sólo la base fuera,
di un giro al mando y el vibrador entró en acción, solté las manos de
él. La sensación que nacía en mi sexo, con ese objeto vibrando era
indescriptible, parecía que todo mi interior vibraba con él, transmitiendo
oleadas de placer, que hacía que mi cuerpo se estremeciera en el suelo,
no se pero creo que llegó un orgasmo pronto, todo mi cuerpo se arqueó
de gozo, lancé un gemido amortiguado por la mordaza, mientras intentaba
de forma automática desatar mis manos y pies, claro está que no podía,
pero esa era la base de la fantasía.

Después dejé el vibrador funcionando a mas baja potencia, el placer
que me daba era mas controlado y pude jugar un poco, boca abajo como
estaba, así poco a poco me corrí por segunda vez, lentamente
en esta ocasión.

Apagué el vibrador Decidí descansar un rato,
tumbada boca abajo como estaba, antes de moverme y romper las
ligaduras.

De repente me asustó una mano en mi cabeza, “así
que esto era lo que querías hacer”, Juan no se había ido sino que se
quedó en la entrada que no es visible desde el salón, y sin hacer ruido
me había estado observando, “¿qué tal si sustituimos el objeto
inanimado y duro por un objeto animado, caliente y también duro?”
Se tumbó sobre mi y de una arremetida me penetró
violentamente, “¿no querías sexo estando atada?”, y empezó a moverse,
no tardamos en corrernos al tiempo.

Cuando acabamos se tumbó a
mi lado, en la alfombra, “¿qué tal?, y me quitó la mordaza. “Eres un
cerdo violador, pero me ha gustado. Anda, desátame”. “Que te crees tu
eso, no querías que te dejara atada, pues así te quedas”, y me volvió a
poner la mordaza, las bragas en su sitio la falda caída otra vez, el
sujetador, abrochado y la camiseta en su sitio, se levantó y se vistió.

“Ah, se me olvidaba”, recogió el vibrador, me levantó un poco la falda,
me lo volvió a colocar y lo hizo funcionar al
máximo. “Disfruta”, lo último que escuché antes de sumergirme otra vez
en el placer fue la puerta al cerrarse.