Carta para Maria
Querida María:
Son las cuatro menos diez en el reducto del tiempo medido. Te echo de menos. Acabo de leer tus escritos en el blog y me ha encantado todo,todo y todo. La cabeza vacia y el alma en la palma de la mano, la levedad de los peinados, el dejavú y las azoteas... gracias.
Gracias por tu manera de ser, por tu manera de tomarte las cosas, por tu manera de vivir sin prisas y de saber apreciar todos los jugos de las mandarinas escondidas en los rincones.
La verdad esque el hecho de quedarme sola esta semana a contribuido enormemente a que cada día que pasa tengo más ganas de hacer lo que me gusta, de salir de mí, de salir de mi parálisis permanente y entregarme a la vida sin miedo y sin medida. Ultimamente mis reflexiones andan en esa dirección, no quiero tener miedo a existir a mi manera. Y lo tengo, a ratos lo tengo, pues pude verlo, pude verme. Resulta revelador verte a ti misma durante dos horas en una pantalla grande, moviendote de un lado para otro y diciendo cosas. A veces me veía generosa y guapísima y otras estúpida y distante.Al verlo me pregunté por que tenía tanto miedo a dar, a bailar a reir.Y recordé que cuando era niña no tenía miedo. Era muy pequeña todavía pero recuerdo bien aquella sensación del viento en la cara y la mirada fiera.
Tengo la tienda llena de chinos pero yo sigo rebelde en mi teclado, porque quiero hablarte, porque aun quiero decirte que me has enseñado cosas, muchas cosas.
Un beso.

