Categoría: pensar, pensar... estoy pensando
20 Agosto 2008
Estoy cansada...
Cansanda de recordar. Y cansada de pensar. Estoy cansada de fingir que mi mundo es precioso, y cansada de dar explicaciones... Es como cuando necesitas huir, como cuando necesitas volar lejos, muy lejos, tan lejos...
Cansada. Hoy estoy cansada... Pero no puedo dormir...
servido por Karla
2 comentarios
compártelo
favorito
19 Agosto 2008
En que punto de mi vida comencé a olvidarle? en que momento mi vida dío ese vuelco tan raro y decidio ir en dirección contraria a Miguel, a todas mis esperanzas, olvidandose de lo que aparentemente quería a ojos de todos.
En que momento perdimos el amor y empezamos a hacernos daño el uno al otro? y por que nadie nos dijo que la culpa no era de nosotros, si no de esto, que empieza y termina como todo. Solo que no tuvimos un buen final... fue un final que ninguno de los dos imaginaba.
Y no quiero, no quiero discutir con él, tampoco perderle para siempre. Por que un resquicio de cariño queda ahi, una amistad, solo eso, pero es algo que me duele perder. Y él no deja que haya finales, no deja que esto termine. Podríamos decir que ni come ni deja comer, y que esto a mi me duele mucho más que cualquier otra cosa.
En que momento me paré a mirar esos otros ojos?, en que momento descubrí que quería a Sergio, que había pasado solamente al sentarme a mirar el mar por las tardes junto a él, había pasado mientras estudiaba, mientras se reía con Jordi o mientras hacía de comer. Ni si quiera sé que le veo todavía... y el hecho de que él tenga tanto miedo a abrirse a los demás le impide estar con nadie justo ahora, y no importa, no... no importa esperar. Y no entiendo como he llegado a esto, y como justo ahora miro a trás y no sé que cambio, ni que hizo para que me olvidase de él.
Quizás fue su egocentrismo, o su manera de hacerse notar. Quizás fueron sus coqueteos y esa manera absurda de quitarle importancia a todo lo que me pasa. Pero no... él ya era así cuando si quería estar con él...
El mundo es raro. si...
Ayer volvió a llamar... pero es que ya no quiero responderle. Y quizás eso es lo que más me duele... no poder sostener el otro final y tener que llegar a esto... a esto...
Y no quiero que me llame. Quiero que pase el tiempo, olvidarme de todo esto... no valla a ser que termine odiandole... odiandole.
servido por Karla
2 comentarios
compártelo
favorito
18 Agosto 2008
hasta mi constancia... lo sé, prometí a una amiga que esta vez sería diferente y que podría ponerme a escribir y ser constante, pero no lo he sido.
De todas formas creo que va siendo hora de ponerme de nuevo a organizar mi vida. Sí...
Miguel... olvidé a Miguel. Anoche me volvió a llamar, pero es que algo a cambiado, creo que se llama madurez... y creo que se llama amor. No sé como pasó, ni por qué tuvo que pasar... solo que ahora estoy enamorada de Sergio, y que ni si quiera tengo miedo a decir lo que siento, ni a esperarle el tiempo que necesite. No tengo miedo de que me haga daño, y no tengo miedo de nada, solo de un no. Y le espero, y veo a Miguel y no soy capaz de tocarlo, no... es como si algo dentro de mi me dijese que debo ser fiel, y no sé que me está pasando.
Miguel parece seguir igual. Es como si ahora que le rehuyo quisiera algo conmigo... pero no no no... pasó. Yo no soy el juguete de nadie, y mucho menos de él y su egocentrismo. No...
Se llama Sergio y le quiero. Y me gusta como se queja cuando le dicen que se afeite, me gusta como suspira cuando se cansa de mi o de Jordi y me gusta que se ría cuando me ve con mis gafas de sol. Me gusta su sonrisa y como ciuda de su hermano pequeño como si fuese su vida. Me gusta su olor y cuando me deja darle un abrazo muy de vez en cuando... me gusta... y no quiero que Miguel venga a estorbar mi pekeño mundo... como siempre hace.
Cambia todo... si. Cambia el tiempo, cambia el humor... cambia el dolor... cambio yo. Y hasta mi constancia.
servido por Karla
2 comentarios
compártelo
favorito
4 Marzo 2008
Anoche fui a verle. Acaba de terminar de rebuscar en los recuerdos de un pasado cruel, y necesitaba mucho verle, sentirle, y poder sonreír con algo.
Abrió la puerta, y se quedó parado, mirándome.
-hola- dice con una extraña sonrisa.
-hola- responde la niña tonta
-has estado llorando- no pregunta, simplemente afirma algo que descubre mirandome a los ojos.
-Si. puedo pasar?- pregunto
-No estoy solo- responde él.
Fue como cuando una sabe que algo malo tiene que empezar a pasar... y se da cuenta que está pasando.
-¿Cómo se llama?- pregunto yo.
-Cristina- responde serio, mira al suelo -Es una compañera de la facultad, ha venido a estudiar para un examen del que no tiene muchos apuntes-
-Miguel... no... no me des explicaciones, yo nunca te las doy. No importa... - digo intentando no volver a llorar.
-Pero que te pasa? por que has llorado?-
-He abierto la caja de elefantitos grises- le sonrio, y me mira los pendientes de mi madre que acabo de colgarme, y la cadena con dos anillos.
-¿Necesitas algo?- pregunta.
-No... sigue estudiando. Y suerte...-
-¿Con el éxamen?- pregunta extrañado.
-No... con lo que sea que sea Cristina-
Me doy la vuelta. No quiero hacerlo. Quiero decirle que estoy arrepentida, que me siento sola, y que sin él creo que voy a morir... Quiero darle un beso... y abrazarle. Pero me doy la vuelta, y me voy a casa.
No está Victor, ha ido al cine con su novia. Miguel no tiene tiempo para mi... es algo comprendible... Llamo a Jordi, al único principe azul que conozco...
-hola-
-hola, ya no estás enfadada?- dice riendo.
-No, ahora solo tengo ganas de verte, y de llorar-
Hacía como catorce días que no nos hablabamos, él siempre espera, y luego vuelve a estar como siempre, vuelve a perdonarme sin que le pida perdón
Entonces me doy cuenta de que no es solo mi primo, es mi hermano mayor, como en su día lo fue Patri, es mi confesor, es mi padre, mi madre, mi mejor amigo... él lo es todo. Fue como cuando te das cuenta de que estás llorando por que no tienes a nadie, y te das cuenta de que ahi tienes tu salvación. Como un puerto al que siempre puedo volver... siempre.
-¿Por qué tienes ganas de llorar?-
-¿No estás enfadado?-
-No-
-Olvida lo que te he dicho... en realidad llamaba solo para decirte una cosa...-
-Que cosa-
-Gracias-
Se queda callado... y sigo... -Simplemente por ser mi familia, por estar ahi. Por quererme-
-¿Seguro que estás bien?- se rie.
-Si... te quiero-
Fue la primera vez en mucho tiempo que dije algo así en voz alta. Y me alegra, me enorgullece que haya sido a mi superheroe... si. Por que es mi hombre preferido... y le quiero, si... le quiero.
servido por Karla
6 comentarios
compártelo
favorito
4 Marzo 2008
Tras mi mensaje de ayer, no pude hacer otra cosa...
No... no tiene que ver con Miguel. Tiene que ver con esas cosas que solo están en el recuerdo, y una teme volver a mirar por miedo a caer en picado en una enorme tristeza.
Es cierto, yo solo tenía 5 años. Pero los recuerdos vienen, si.
Subí a mi cuarto, y cogi la caja enorme de color rojo, con muchos elefantitos grises sobre ella. Baje con ella las escaleras, y salí al jardín de casa. No es muy grande, pero es donde mejor me siento. Me senté en el cesped, pasando algo de fresco, y me quedé mirándo la caja, con sus elefantitos grises sonrientes.
¿Cómo es que puede sonreír un elefante?, ¿Por que una caja que esconde secretos tristes está llena de elefantitos sonrientes? No sé... no sé...
No quería destapar la caja. Hacía unos cuatro años que permanecía cerrada. La destapé y volví a ver esa diadema de color verde con purpulina, como las que ahora se vuelven a llebar a la moda, que antes llebaba mi hermana. Recordé su pelo rubio, largo y liso, muy liso. Recordé que cuando tenía miedo ella siempre estaba ahí. Recordé sus ojos verdes, tan verdes y brillantes. Recordé que siempre olía dulce, como a vainilla. Y que con doce años ya quería triunfar. Recordé que quería ser como ella. Y su pulsera con lunas apareció en la caja como recordándome que no volvería.
Había brillo labial. Y muchas fotos de ella. Había una camiseta de tirantes amarilla, con un dibujo de minnie mouse. Había unas orejotas de pluto compradas en Disneyland. Y incluso esa pintura de uñas con purpulina que usan las niñas. Había sueños, y esas joyas de mentira que usa una niña de doce años. Doce años... solo tenía doce años.
Entonces me descubrí llorando, frente a esa foto donde mi padre me abraza. ¿Por qué está en una caja?, ¿En que momento de mi vida escondí a mi padre en una enorme caja?
Ví sus ojos, su sonrisa. Y ese dibujo que le hice por el día del padre. Ví su reloj, parado en las doce y media, en esa fatidica hora en la que la pila terminó, como terminan todas las cosas. Ví una de sus corbatas, justo aquella, y su cadena de oro con una cruz. Y su anillo de casado, si.
Llorando, claro, cogí la cadena, y en ella metí su anillo y el de mi madre. Y la colgué de mi cuello. Como Frodo con el anillo único, pero yo llevo dos, si, dos.
Luego me encontré con mi madre, y fue entonces cuando me sentí realmente sola. Había muchos pendientes, super largos, y muy al estilo de mi madre, muy hippye. Collares, pulseras... y muchas fotos de esa mujer de la que tengo tan pocos recuerdos.
Tan pocos recuerdos...
Cierro la caja de elefantitos grises. Sonrien, pero no puedo ver sus sonrisas. Estoy llorando como una tonta.
Son elefantitos. Y son grises...
servido por Karla
7 comentarios
compártelo
favorito