La caja roja con elefantitos...
Tras mi mensaje de ayer, no pude hacer otra cosa...
No... no tiene que ver con Miguel. Tiene que ver con esas cosas que solo están en el recuerdo, y una teme volver a mirar por miedo a caer en picado en una enorme tristeza.
Es cierto, yo solo tenía 5 años. Pero los recuerdos vienen, si.
Subí a mi cuarto, y cogi la caja enorme de color rojo, con muchos elefantitos grises sobre ella. Baje con ella las escaleras, y salí al jardín de casa. No es muy grande, pero es donde mejor me siento. Me senté en el cesped, pasando algo de fresco, y me quedé mirándo la caja, con sus elefantitos grises sonrientes.
¿Cómo es que puede sonreír un elefante?, ¿Por que una caja que esconde secretos tristes está llena de elefantitos sonrientes? No sé... no sé...
No quería destapar la caja. Hacía unos cuatro años que permanecía cerrada. La destapé y volví a ver esa diadema de color verde con purpulina, como las que ahora se vuelven a llebar a la moda, que antes llebaba mi hermana. Recordé su pelo rubio, largo y liso, muy liso. Recordé que cuando tenía miedo ella siempre estaba ahí. Recordé sus ojos verdes, tan verdes y brillantes. Recordé que siempre olía dulce, como a vainilla. Y que con doce años ya quería triunfar. Recordé que quería ser como ella. Y su pulsera con lunas apareció en la caja como recordándome que no volvería.
Había brillo labial. Y muchas fotos de ella. Había una camiseta de tirantes amarilla, con un dibujo de minnie mouse. Había unas orejotas de pluto compradas en Disneyland. Y incluso esa pintura de uñas con purpulina que usan las niñas. Había sueños, y esas joyas de mentira que usa una niña de doce años. Doce años... solo tenía doce años.
Entonces me descubrí llorando, frente a esa foto donde mi padre me abraza. ¿Por qué está en una caja?, ¿En que momento de mi vida escondí a mi padre en una enorme caja?
Ví sus ojos, su sonrisa. Y ese dibujo que le hice por el día del padre. Ví su reloj, parado en las doce y media, en esa fatidica hora en la que la pila terminó, como terminan todas las cosas. Ví una de sus corbatas, justo aquella, y su cadena de oro con una cruz. Y su anillo de casado, si.
Llorando, claro, cogí la cadena, y en ella metí su anillo y el de mi madre. Y la colgué de mi cuello. Como Frodo con el anillo único, pero yo llevo dos, si, dos.
Luego me encontré con mi madre, y fue entonces cuando me sentí realmente sola. Había muchos pendientes, super largos, y muy al estilo de mi madre, muy hippye. Collares, pulseras... y muchas fotos de esa mujer de la que tengo tan pocos recuerdos.
Tan pocos recuerdos...
Cierro la caja de elefantitos grises. Sonrien, pero no puedo ver sus sonrisas. Estoy llorando como una tonta.
Son elefantitos. Y son grises...







MaRiNa dijo
me has hecho llorar con este mensaje... kizás la caja tiene elefantitos grises por que esos elefantitos te recuerdan recuerdos felices no? por eso sonrien.
No pierdas nunca esos recuerdos. Y no los escondas todos en una caja no... alomejor era tu siguiente paso, abrir la caja ^^
un beso enorme pechocha muaaaaaaaaaaaa
4 Marzo 2008 | 10:13