La Herrería de Los Chorros
Ya en 1732 se cita en en el amojonamiento de la Sierra de Cuenca la existencia de la Herrería de los Chorros a orillas del Arroyo de El Almagrero en el tramo delimitado por la desembocadura del Arroyo de El Judío y el puente junto al Río Júcar.

No es cualquier cosa la presencia de una herrería en un paraje, pues hay un buen número de consecuencias que van unidas a este tipo de industrias.
Por un lado, desde el punto de vista social, supone la creación de un medio -económicamente hablando- de vida del que pueden beneficiarse un número más o menos grande de personas. Se presenta así, la oportunidad de asentarse a grupos familiares que trabajan directamente en la fundición del mineral, en la forja, etc.
La construcción de una herrería en Vega del Codorno hace a su propietario, solicitar la licencia para levantar un molino harinero "...para el surtimiento de la mucha gente que tiene empleada en dicha fábrica..."
Al tiempo, oficios como los recolectores de leña o los imprescindibles carboneros, entre otros, prestan servicios y requieren mano de obra para el funcionamiento de los hornos.
Paulatinamente, en proporción directa al tiempo y a los avatares que implican la mayor demanda de hierro, las necesidades energéticas van a producir un cambio drástico en el paisaje y medio ambiente. La deforestación va creciendo .
En un principio, se elige primordialmente aquellas especies vegetales cuya madera es de mayor densidad. Robles, encinas, carrascas,acebos, sabinas, enebros,brezos, sucumben a la voracidad de los fogones seguidos de otras especies menos apreciadas e incluso posteriormente de especies arbustivas menores. También se utilizó el pino especie esta más abundante.
Promovida por la desforestación, aparece la erosión que acaba con el manto fértil del suelo en cimas y laderas. Tampoco puede obviarse el aporte al medio de cenizas, escorias y otros vertidos contaminantes. Escorial, como topónimo, aparece en diversas zonas de la Sierra y la presencia de rastros de pequeñas industrias (ferrerías) se distribuye incluso en zonas alejadas de cauces fluviales.

La actividad fabril debió prolongarse hasta el siglo XlX pero
hoy , la Casa de la Herrería presenta este estado de ruina inminente.
En efecto. En la última visita, una sensación salitrosa se me agarró a la garganta a la vez que notaba una incipiente opresión ascendiendo por el pecho.
Era este un día lluvioso. Todo gris, verde y ocre, todo olor a tierra mojada y un viento que empezaba a silbar inquietante por las esquinas del caserón
Pero mirad el tejado...mirad como se pandea por el vértice de la cara norte, mirad esa teja sobre el suelo...Pronto crujirán las vigas,
podridas de humedad, no soportarán la intemperie ni la presión del viento
Por unos instantes, apenas unos segundos pareció oírse sin localización precisa el repique incesante del martinete acompañado del bufido del fuelle avivando los carbones incandescentes. Cuatro golpes más y un rayo de luz resaltó las peñas de la Solana del Herrero. La risa de un grajo rebotó contra ellas y los guillomos y el espino albar se abrieron blancos.
Ahora brillaba el agua por doquier. La pobeda era un puro jolgorio de cantos. El vendaval se había fugado subiendo el Puerto de El Cubillo. Es la Primavera serrana colmando de esperanza los augurios del bosque y de las almas.










isabel61 dijo
Qué envidia de casa y que pena de millones para restaurarla. Cada vez se ven más en ese estado, me da una pena enorme y aunque sí es cierto que otras muchas se recuperan para hoteles o casas rurales, muchas se quedan en el camino de la historia como ruina. Sólo el blasón de la fachada invita a recuperarla.
Un saludo
6 Junio 2007 | 09:46 PM