Con la muerte de Nacho se derrumbaron muchas cosas aunque, por suerte, bajo los escombros de algunas aparecieron ruinas romanas. Ruinas de las buenas bajo mis cascotes: antiguos cementerios nobles, unas termas, algunos laberintos,... y sufrí la buena suerte de una ciudad - adiós a las tentaciones de levantar centros comerciales o enterrar aparcamientos. Tras la muerte de Nacho decidí mostrar mi arqueología Cocteau:
"Muéstrale tus cicatrices al mundo. Siéntete orgulloso de ellas - exhíbete. Y -¡por el amor de dios! - cobra por el espectáculo."
servido por laberintos
1 comentario
compártelo
favorito
Mi natural egoísta me dicta que con la muerte de Nacho, además de todo, ha desaparecido toda posibilidad de dar un cuerpo real verosímil a mis ficciones. A las veces que imaginé nuestro reencuentro, nuestro primer polvo, nuestra casa en común: soy un asco. Como compondría Carlos Berlanga: soy lo peor. Y eso que aún desconozco la mayor porción de mi mezquina capacidad de resistencia, este iceberg del que muestro la cumbre helada que se sostiene al aire gracias a una inmensa masa de hielo sumergido que me permite mantenerme a flote mientras espero a chocar con mi Titanic. Es una putada ser al mismo tiempo el Titanic y el Iceberg y no llegar a colisionar jamás, mantenerse a flote pase lo que pase, pese a quien pese; a mí al que más. Porque en momentos como estos, querría ser capaz de derrumbarme, de darle un buen meneo a mi escala de valores, a mi orden de prioridades y quedarme sentado en un rincón mirando al suelo y sin moverme. Es en días como hoy cuando odio llevar siempre conmigo este kit de supervivencia que es mi mente enferma.
Con la muerte de Nacho tendría que abandonar mis fantasías de relato de revista porno y empezar con las historias de fantasmas. De “Chicos XXX” a “Expedientes X”. Un horror. Estoy condenado a las pajas mentales de subgénero, a la Serie B. Aunque a veces se me ocurran argumentos de Best Sellers que, si tuviera voluntad suficiente para desarrollar, lo mismo me sacaban del anonimato y me colocaban en los escaparates, aunque, con este apellido, tendría que afirmar una y otra vez que no tengo nada que ver con la familia de editores; que llegué por méritos propios, gracias a mi talento para la basura narrativa comercial.
Mateo Lara
servido por laberintos
1 comentario
compártelo
favorito
"Escribir no nos salva de nada; sólo nos enseña a escribir".
Marguerite Duras (la casera de Vila-Matas)
Mentira.
Precisamente porque el laberinto está para perderse, nos salva escribir.
servido por laberintos
2 comentarios
compártelo
favorito
Era obvio que no era anónimo. Que no lo es. Que no lo soy. Es posible que EL RUIDO DEL MUNDO sea el que hacen los espejos al estallar y tengas razón, Nick.
Ahora que ya estamos, ya que estamos aquí ahora, que no estoy solo y te toca mover, sigo. Tranquilo, no más poemas - que tenía guardados, que pertenecen a un libro de poesía que escribí hace diez años, que se llamaba "Una cosa perdida busca un nombre perdido", y que me vinieron a la cabeza cuando te leí (ProtoTeseo) -. Tranquilo, Nick, no más poemas. Sino otras cosas:

Eso es. Me arrepentí de mi movimiento anterior. Tardabas tanto en mover que me arrepentí, y he decidido abrir así, con la Defensa de San Jorge, de Baker, de Buckingham. Como la quieras llamar.
1.e4 a6!? / uno.ecuatroaseis!?
[uno.es cuanto hacéis!?]
---- 1.e4 a6!? - mi defensa - soy lo que me ven ----
///tal vez también lo que me escondéis:
Al fin y al cabo, a través de ellos, a través de los enlaces, encontraste al perdido del aeropuerto; ese que llega, se va y a veces te lleva hasta que de tanto llevarse mutuamente terminan yendo juntos.///
servido por laberintos
1 comentario
compártelo
favorito
Salir del laberinto
al mundo
color de camaleón
viajante
salteandando.
Probando cada llave
en cada cerradura.
Salir
y ver los muros
desde afuera.
Subir y ver las calles
desde arriba.
Seguir en la memoria
con la ruta extravío,
con los pasos de red.
Dejar el laberinto en el camino
y volverse a perder.
servido por laberintos
1 comentario
compártelo
favorito