Dicen que hay gente que utiliza los poemas de Hafez (ver wikipedia por Hafiz) como un oráculo. J, que estaba leyendo como un curioso o como un alguien destinado a tumbarse en el sofá, vio aparecer a A mientras leía apenas los primeros versos que no transcribimos por seguridad.
El resto de la lectura quedó pospuesta.
Otro día, por la casualidad de quien siente gusto por retomar lo que nunca empezó, J volvía a leer los primeros versos del primer poema de la edición de Clara Janés y Ahmad Taherí. Volvió a aparecer A.
La lectura volvió a quedar pospuesta.
Quizá sea porque aún son jóvenes y acaban de empezar a vivir juntos y, como se sospecha, al principio uno es más susceptible de encontrarle los puntos buenos a lo que el otro piensa, pero J nunca ha podido leer ese libro y , como en la leyenda del autor, tendrá que esperar a saber que las amadas que se entregan antes de la última noche no dejan entender de esa poesía.