Cayó cuando Menelao sólo tenía las manos ocupadas por sangres enemigas. Un segundo dardo de Euforbo da un sabor seco y metálico a la sangre que sube hasta su boca. Miró a Héctor y luego a la tienda. El polvo de los hombres que se batían en retirada no evitó la muerte en herencia que se estaba rifando. En este mundo Patroclo moría y no va a ser el último.