Usaba como baúl un tambor antiguo de detergente. Saca los aparejos de creación (conchas marinas, recortes de fotos, una muñeca sin una pierna) y se extraña de encontrar en él tantas botellas vacías que brillan y señalan a la fábrica de juguetes. Quien beba de este refresco pasará sed, se decía.
Y las apilaba en el alféizar. Imaginaba que, milagrosamente, un pájaro descendía de una nube, cagaba por el estrecho cuello de una, fermentaba el interior. De él, una mirada de padre severo le atendía y le daba la razón. Ya tenía con qué ganarse la vida e Ik podía largarse aplaudiendo la asimetría con la que debe estar construido el mundo.
- Cada uno se apañe con lo que pueda, me han dicho que la realidad no está.

rx
14 Mar 2008 | 01:56 AM
Uno se apaña en vivir con enseres que ya no están; después de haber descubierto que las botellas están llenas de mierda de pájaros inasibles.