Llueve en silencio
Me despertó el murmullo de la lluvia en los cristales y di media vuelta. La boca no me sabía a tabaco y sonreí a mis adentros; tenía un sabor especial. Respiré profundamente, volví a sonreír y me tapé hasta el hombro con las sábanas. El mismo ronroneo de las gotas salpicando me amodorró hasta quedarme dormido; pero justo en el momento en el que intenté enlazar el sueño con el sueño anterior paró la tormenta y me despertó el silecio.
Era un silencio muy fuerte, chillón e incómodo. A mí me gustan los silencios; los silencios de las olas, del repecho en el camino y el silencio de alguna estrella fugaz en las noches de verano. Pero no pude soportar tanto silencio y me tapé los oidos.
No sabía ni la hora, ni el día, ni el mes en el que estaba. Busqué alguna pista a mi alrededor y el dibujo del calendario de settembre me hizo saber que era una madrugada de octubre. Septiembre, octubre y noviembre. Dicen los gallegos que los mejores meses para el marisco son los meses con erre. Noviembre, noviembre, noviembre... la próxima revolución será en noviembre.
Sonó un trueno, un silencio largo y un chasquido y, al poco, volvió a sonar la lluvia en mi ventana. Sentí alivio; a mí me gusta oir llover, me relaja. Metí la mano debajo de la almohada y soñé con pedacitos de soledad acompañada.
carlos dijo
me gustan más tus gotas de lluvia, que tus silencios.
ayudan a soñar!
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22 Octubre 2005 | 05:17 PM