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CONTEMPLANDO EL INFINITO

Hay que mirar siempre hacia delante y caminar. Quien no camina, retrocede.

23 Agosto 2006

El encanto del silencio

Cuando somos capaces de entender que el silencio no es malo y que el hecho de permanecer sin hablar no dificultará la continuidad de nuestra existencia, es cuando abrimos la puerta a un nuevo estado del ser. El silencio nos ayuda a detener por un momento la velocidad que imprimimos en nuestra vida. Cuando se produce el silencio consciente, cuerpo y mente se relajan y se reduce el ritmo respiratorio y baja ligeramente el cardiaco.

Desde un punto de vista psíquico, el encanto del silencio consciente reside en que podemos ver pasar las emociones pero que no somos parte de ella. Podemos contemplar los pensamientos e incluso las dudas, pero en lugar de afectarnos, nos convertimos en simples espectadores. Cuando vivimos el silencio podemos prestar atención a otro tipo de sonidos como los que genera nuestro cuerpo al respirar, nuestro estómago al digerir o cualquiera de nuestras extremidades al moverse. Tenemos también la capacidad de escuchar el concierto acústico que nos brinda la mente, dándonos cuenta así, de la cantidad de veces que perdemos nuestro tiempo finito en darle vueltas a un recuerdo, a un pensamiento obsesivo o a un proyecto en el que jamás podremos creer.

Los misterios que esconde
Hallar el encanto del silencio no es dejar de hablar, ni quedarnos quietos como una estatua. Se trata de permanecer en la cotidianidad relegando pequeños espacios de tiempo a nosotros mismos. Al principio nos costará dejar de utilizar la radio mientras nos duchamos, pero después nos daremos cuenta que este acto higiénico posee un sonido propio. Buscaremos pues la conciencia de sentir el agua cayendo por nuestra piel y el roce de nuestras manos aplicando la limpieza.

Clausuraremos al televisor o el equipo musical por un tiempo mientras comemos, y podremos descubrir el sonido de nuestras mandíbulas y el de nuestro esófago cuando los alimentos se desplazan por él. En una fase más avanzada, prestaremos atención a los sonidos de la noche y tumbados cómodamente en la cama, justo antes de dormir, con los ojos cerrados y totalmente a oscuras, guardaremos silencio observando nuestra respiración, al ritmo cardíaco y a los "crujidos" que sin lugar a dudas se producirán en nuestro entorno. Entonces nos daremos cuenta que paredes, techo y muebles también están "vivos".

PEDRO PALAO PONS

servido por lareflexiva 5 comentarios compártelo favorito

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Wendy

Wendy dijo

Algo difícil de compartir es el Silencio. A muchas personas les incomoda y sienten que deben taparlo con alguna frase. Encontrar alguien con quien compartir el silencio, no es sencillo. Tumbados en el césped, mirando las estrellas, sin necesidad de hablar, ni de mirarnos, simplemente compartir el silencio.

Saluditos desde Colombia

Wendy

23 Agosto 2006 | 10:55 PM

contemplando el infinito

contemplando el infinito dijo

Wendy, si que puede resultar dificil encontrar alguien con quien compartir el silencio, pero a que si se encuentra es... ¡maravilloso! Saludos.
Marycharo

23 Agosto 2006 | 11:01 PM

JAM

JAM dijo

En alguna ocasión estuve con alguien por más de 10 minutos mirando hacia ningún lado, sólo acompañados por el sonido del viento, contemplando las luces que a poquitos se podían ver, al final sólo apuntamos a reirnos... no por nosotros sino por todas las cosas que perdemos por andar en la algarabia de este mundo.
Saludos

24 Agosto 2006 | 11:52 PM

Señora Nostalgia

Señora Nostalgia dijo

Y cuántas veces por estar hablando más de la cuenta, somos oídos sordos al mensaje de la naturaleza. Madeleine

9 Septiembre 2006 | 04:47 AM

contemplando el infinito

contemplando el infinito dijo

Madeleine. ¡y mira que la naturaleza habla, alto y fuerte! pero nosotros seguimos con nuestros "ruidos"
Quizás cuando la escuchemos sea demasiado tarde... Saludos.
Marycharo

10 Septiembre 2006 | 12:39 AM

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Soy madrileña, acabo de cumplir 47 añazos. Casada desde hace 21 años. Aspiro a ser Persona, con mayúsculas. Me importa más el ser que el tener. Tengo convicciones y creencias que dan sentido a mi vida. Me gusta hacer feliz al que está a mi lado. Me gusta ayudar al que lo necesita. ¡No me gusta cocinar, ni planchar! Me apasiona el color rojo. Me encanta aprender, la vida siempre me sorprende. Nunca pierdo la esperanza. Y aunque suene utópico, creo en un mundo mejor para todos.

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