La taxidermia
Gatos, halcones, ibis, azores, perros y otros animales sagrados del antiguo Egipto eran con frecuencia momificados y constituyen el primer testimonio de una actividad, la taxidermia, que hallaría gran relevancia siglos más tarde en el ámbito de los estudios de historia natural.
Se denomina taxidermia a la práctica de crear representaciones de animales de aspecto real a partir de los restos adecuadamente conservados del verdadero animal (piel, cráneo, patas, etc.) sometidos a un tratamiento especial de secado y curtido. El término taxidermia tiene su origen en las raíces griegas taxis arreglo, colocación, y derma piel.
El origen de la disecación se remonta a la antigua práctica de conservar los trofeos de caza, pero el empuje definitivo a tal actividad fue consecuencia del interés suscitado en la época de la Ilustración por la historia natural. Debido a tal tendencia, empezaron a proliferar las exposiciones de especímenes animales disecados, que llegaron a convertirse en piezas de gran interés en los museos de ciencias naturales.
En la transición de los siglos XVIII al XIX empezaron a realizarse montajes con estos animales en su hábitat natural, en los que eran adaptados a posturas que sugerían una actividad real, reproduciendo con plantas, tierra y arbustos el medio en el que se desenvolvía su vida real. Tal pauta de presentación se desarrolló grandemente en los siglos XIX y XX, creándose grandes montajes -los denominados dioramas- con fondos simulados mediante pintura y efectos lumínicos, así como con especies vegetales reales. Destacaron en este sentido los trabajos del doctor británico R. Bowdler, y los del francés M. Verreaux, cuyos grupos de hábitat fueron mostrados en la exposición de París de 1867.
En el ámbito del Organismo para la Defensa de las Ciencias Naturales, de Rochester, Nueva York, Carl Akeley fue el principal representante de un grupo de taxidermistas estadounidenses que revolucionaron las técnicas a fines del siglo XIX con la invención de modelos o maniquíes sobre los que se colocaban las pieles. El maniquí solía presentar un armazón que sustentaba el esqueleto y el resto se modelaba en barro hasta dar forma a todo el animal; de esta pieza se hacían moldes en yeso en cuyo interior había arpillera impregnada en dextrina que, una vez seca, al desprender el yeso, quedaba con la forma del animal. Las patas se reforzaban con alambre, y la piel, una vez curtida, se aplicaba sobre el maniquí de arpillera, añadiéndose los ojos de vidrio y las orejas sobre una estructura de metal.
Con posterioridad, los sucesivos avances en la tecnología de los diversos materiales empleados por los taxidermistas permitieron introducir mejoras en las reproducciones.
Hay que mirar siempre hacia delante y caminar. Quien no camina, retrocede.
javier dijo
Siempre me ha dado un poco "respeto" un animal disecado. Y no he sabido opinar si me parece una práctica correcta o si tiene algo de macabro. Bss.
31 Octubre 2006 | 06:30 PM