"Desgracia", de J. M. Coetzee
(Leí “Desgracia” hace un par de años, y mientras escribo esto no dispongo de mis notas de lectura, por lo que mi tarea será más un remover sedimentos de memoria que un análisis literario.)
Lo que recuerdo de “Desgracia” es lo terrible sin autocompasión de un personaje protagonista demasiado lúcido y descreído como para aceptar la complicidad emocional del lector. Un viejo profesor con problemas que me recordó al protagonista de “La mancha humana” de Roth, pero sin posibilidad de salvación.
["La mancha humana" de Philip Roth contiene tanta dureza y tanta belleza que espesa en las manos y obliga a constantes relecturas frase a frase. 25.02.2002De "La mancha humana", de Philip Roth:
"Y recordó lo que las furcias le habían dicho, la gran sabiduría de las putas:'Los hombres no te pagan para que te acuestes con ellos. Te pagan para que te vayas a casa." (p. 292)
"Como dice la fantasía de nuestro orgullo desmesurado, estamos hechos a imagen de dios, de acuerdo, pero no del nuestro..., sino del de los antiguos griegos. Dios vicioso. Dios corrompido. Un dios de la vida si jamás ha existido. Dios a imagen del hombre." (p. 300) 27.02.2002Esta mañana terminé de leer "La mancha humana" de Philip Roth. Hay que leerlo. Aunque su fin nos deje un agujero en nuestro hielo como el que hoy siento yo.
Porque demuestra lo lejos que puede llegar un escritor con el lenguaje y la inteligencia. Y lo ruines que son las palabras con dueños. 03.03.2002]
Recuerdo a los perros, el amor por los perros: el único souvenir sentimental que guardo de la novela y que me hizo pensar en Fernando Vallejo y en su gran danés mirando por la ventana.
Y Sudáfrica en plena mutación, en absoluto dichosa ni satisfactoria para todos. Un país en busca de la supuesta paz alcanzada tras el fin del ‘apartheid’, que es una herida cerrada en falso y que Coetzee transforma en un potentísimo rumor de fondo, sin ninguna concesión a la corrección política.
“Desgracia” es un libro espléndido y oscuro. Desesperanzador y poderoso. Un inspiradísimo relato de la amargura que trasciende la tristeza, que la supera y deja todo atrás. Hasta el dolor, transformado en algo mucho mayor, innombrable.
" El disfruta con la alegría de ella, una alegría sin afectación. Le sorprende que una hora y media por semana en compañía de una mujer le baste para sentirse feliz, a él, que antes creía necesitar una esposa, un hogar, un matrimonio. En fin de cuentas, sus necesidades resultan ser muy sencillas, livianas y pasajeras, como las de una mariposa. No hay emociones, o no hay ninguna salvo las más difíciles de adivinar: un bajo continuo de satisfacción, como el runrún del tráfico que arrulla al habitante de la ciudad hasta que se adormece, o como el silencio de la noche para los habitantes del campo. "


PP dijo
No conocía este libro del que nos comentas, sin embargo sí me arrebaté con "La marcha humana", por lo que me animo a leerlo.
Hoy descubro por casualidad tu blog y, como no creo en las casualidades, intentaré rondarlo a menudo.
23 Septiembre 2004 | 07:00 PM