"En el nombre del cerdo", de Pablo Tusset
1. A mí me gustó "Lo mejor que le puede pasar a un cruasán". Me pareció un juego literario ingenioso, ligero, un buen divertimento.
2. A mí me repatean esos críticos literarios que se afilan las uñas cuando un autor que tuvo un exitazo con su primera novela publica la segunda. Odio leer cosas del tipo: decepción, obra fallida, blablabla...
3. A mí lo que de verdad ME JODE es ponerme de mala hostia mientras leo un libro. Y eso es lo que me ha pasado con el último de Tusset. JODER, es que "En el nombre del cerdo" no es una novela; es un deja-vu (o "de jabugo") total. Un libro donde nada resulta nuevo, donde todo parece prestado, leído, ya visto. En el que las situaciones y los personajes parecen traídos por los pelos de otro sitio (en realidad, de otros muchos sitios muy diferentes), de otros libros (así, en plan producto ibérico, yo he visto marchamos de Eduardo Mendoza, de Vázquez Montalbán, de Muñoz Molina, de Almudena Grandes,...) , otras películas (y no todas buenas)...
Supongo que estoy siendo injusto con la novela. Lo siento. Acabo de terminarla, de pie en El Corte Inglés (me vendieron un ejemplar al que le faltan las últimas 30 páginas) y tengo el cabreo muy fresco. Lo siento. ¿Lo siento?
¡Y una polla!
Lo que siento es haberme encontrado en sus más de 400 páginas con una prosa fea, minada de gerundios mal puestos, de recursos literarios estomagantes y pretenciosos (la descripción de los gestos durante las conversaciones de T. y Susana en Manhattan a punto han estado de borrarme el "ileso" del título del blog), con diálogos de cartón-piedra (los del policía con el "mariquita" de la tienda de discos parecen sacados directamente de un especial "Bud Spencer visita Chueca"), y un desenlace final. Ja. Ja. Ja. Un desenlace final que no pienso desvelar pero que me ha provocado unas enormes ganas de convertir la pila de ejemplares en pira, de convertir la librería de El Corte Inglés en un restaurante especializado en cerdo a la brasa. En cenizas de cerdo.
"En el nombre del cerdo", de Pablo Tusset es lo peor que le puede pasar a un cruasán; que lo unten (y no con mantequilla, precisamente).
Claro, que ésa es mi opinión. Porque según el señor Joaquín Arnáiz, crítico literario de La Razón,
Tusset no sólo consigue algo bastante difícil (superar la originalidad de su anterior novela), sino que da «otra vuelta de tuerca» y verdaderamente asoma al lector a un universo gnóstico donde un azar maligno se ha convertido en único dios. Y donde el amor y las buenas intenciones acaban en el Gólgota de una realidad más llena de ruido y de furia que de justicia y razón.
Claro, que La Razón es de Planeta, y la editorial que publica este último libro de Tusset, también.


chei dijo
Tampoco están nada mal las repeticiones cacofónicas, como la de 'parte' en este fragmento que publicó El País.
Varela libera el acelerador, un poco dolido por la llamada de atención; le ha sonado agria, en PARTE por efecto de la afonía del comisario. El comisario por su PARTE hubiera preferido que lo acompañara esta mañana alguien más veterano, o por lo menos alguien que no le tuviera miedo.
En cualquier caso, a Fernando Castanedo, de Babelia, también le han gustado "el ingenio de los diálogos y la gracia de algunas escenas -los encuentros del comisario y el dependiente de la tienda de cedés, por ejemplo-" y El País no es del señor Lara.
Desde luego, mucho mejor tu crítica.
21 Septiembre 2006 | 10:14 PM