La muerte salva a los mediocres
Ayer me compré unas cuantas novelas de 'jóvenes promesas colombianas'. Esta mañana liquidé la primera, 'Los niños suicidas', de Fernando Charry. Una pena.
Y he hablado sobre él vía GTalk con mi amigo Javier Moreno en Barcelona. Sobre él y sobre Andrés Caicedo, un escritor caleño cursi, relamido y drogadicto que aborrezco y se ha convertido en un mito.
Javier:
es demasiado decadente para mí
pero creo que si hubiera seguido escribiendo, habría escrito algo interesante luego de un rato.
Y pienso que esa es una buena opción para los mediocres. Morirse pronto, con una obra ramplona a cuestas, y esperar a que años más tarde alguien piense que, de haber vivido más tiempo, podría haber llegado a escribir algo con enjundia.



Lansky dijo
No creo en el "progreso" como concepto histórico absoluto, casi en ningún campo, salvo el tecnocientífico, y no desde luego en el arte. Así que, aunque comprendo la ironía de tu comentario, no puedo compartirlo. Un escritor puede que vaya adquiriendo dominio poco a poco sobre los instrumentos de su oficio, pero son demasiadas las primeras obras que son revelaciones fulgurantes y acabadas, y son demasiadas la segundas o terceras que no cumplen, en cambio las expectativas generadas por esa brillante primeriza (ej, entre muchos: Landero). En esto es como los caballos y bisontes de las pinturas rupestres paleolíticas: aparece el arte de pintar animales y nadie pòsteriormente, como lo entendió Picasso y algún otro genio, puede pretender hacerlo después mejor, sino distinto.
3 Abril 2007 | 07:39 AM