''Trenes hacia Tokio'', de Alberto Olmos
1. ¿Por qué he tardado tanto en escribir sobre este libro?
[Una aclaración previa]
Para empezar, porque este libro es el primer libro en la historia de la literatura universal donde mi nombre y apellido aparecen en la dedicatoria con letra de imprenta. Y me daba cosilla, pudor, apuro, criticar una obra que empezaba tan bien. Con mi nombre y apellido en letra de imprenta. Y con unas palabras manuscritas preciosas, que no pienso mencionar aquí...
Para seguir, porque yo no había leído ''Trenes hacia Tokio''. Yo creía que sí, porque yo era un devoto seguidor de Hikikomori , el blog. Así es que pensaba que yo ya había leído la novela. Tonto de mí. Descubrí ayer que no era así. Ayer leí ''Trenes hacia Tokio'' y me repetí, ''tonto de mí''. Y volví a leer la dedicatoria. Y, jo, qué ilusión.
Y para terminar, porque a veces todo es muy raro. Y los libros lo esperan a uno allá cuando menos lo espera. Y conocen el momento para abalanzarse y atacar. Allá fue ayer.
2. ''Trenes hacia Tokio''
[Los alrededores]
Yo leí la novela en gestación y no me enteraba.
Yo hablé con su autor sobre ella , y seguí sin entender nada, por mucho que me creyera que sí, que soy muy listo, y esas cosas que si no me creo yo, a ver quién coño va a creerse.
Yo me he leído todas las críticas y reseñas - algunas vomitivas, pero no pienso dar nombres, que dar nombres es hacer publicidad y ni por el putas - de ''Trenes hacia Tokio''. Y bueno...
Yo me leí ayer ''Trenes hacia Tokio''.
3. ''Trenes hacia Tokio''
[Que sí, que sí, que ya va...]
Es, sobre todo, una tristísima historia de desamor y una reconstrucción como terapia ocupacional de la escenografía del crimen.
Una hermosísima crónica, cansada y dulce, que va desde un
¿Quién eres tú?
- creo que no recuerdo ninguna otra frase, tan sencilla, que refleje tan bien, tan breve y tan compacto, el sublime instante del desquererse -
hasta un
¿Quién te crees que eres?
- que resume un fracaso mucho más amplio, o no; eso depende del espacio que cada cosa ocupe, de las proporciones y el tamaño de cada pieza del Tetris.
''Trenes hacia Tokio'' es eso. Pero es un ''eso'' de escritor.
Del magnífico novelista que es Alberto Olmos - el muy cabrón -, que ha sido capaz de hilvanar y sostener la historia a partir de pedazos aparentemente inconexos. Para terminar haciendo una novela espléndida.
Yo soy así: miro hasta que invento.
4. Trenes desde Tokyo
[Me explico]
Cuando iba por la página 138, a punto de terminar el capítulo ''Maquíllate'' para lanzarme a ''Auschwitz'', mientras leía en la terraza de un bar de Enric Granados - que es una de mis calles preferidas de Barcelona - me miré las manos y decidí que me hacía falta ur-gen-te-men-te una manicure.
Así es que pagué el par de cafés y me fui a buscar una peluquería con servicio de manicura. Encontré una a dos calles. Una donde no había estado nunca. Pregunté a la chica de la puerta y ella me dijo que sí, que allí hacían manicura. Me senté en una butaca y entonces apareció Dolores empujando el carrito con ruedas con todo lo necesario para el embellecimiento manual.
Dolores, una mulata preciosa en minifalda denim y camiseta ajustada con la leyenda
'I
TOKYO''.
[con y griega]
que me puso las manos - primero la derecha, después la izquierda - sobre su muslo desnudo. Sólo nos separaba una toalla rosa. Y pensé que a David le hubiera encantado. Y pensé ''qué desperdicio''.
5. Yo
''Trenes hacia Tokio''.
''alguien tiene que sobrevivir todos los días''
Y, aunque dé igual, Alberto Olmos lo ha escrito.




Alberto Olmos dijo
Gracias, Bob. Muchas.
La crítica que me ha parecido poco profesional y realmente idiota es la de Angel Basanta en El cultural
Saludos (también para Ángel)
16 Mayo 2007 | 02:30 PM