27 Julio 2007

En "Sobre algunos elementos técnicos en literatura" - el primer ensayo de este librito recopilatorio de sus opiniones y experiencias como escritor y lector - Stevenson disecciona frases, versos y párrafos en prosa para tratar de dar con la clave del ritmo en la escritura. Se afana en detectar yambos , troqueos , anfíbracos y anfímacros y determinar su mayor o menor elegancia.
Sigue
"las aventuras de una letra en cualquier pasaje que a uno le haya complacido particularmente; percibir, quizá, que se nos priva de ella durante un rato para suscitar su deseo en nuestro oído, recibirla luego de golpe en una completa andanada o ver cómo se transforma en un sonido congénere: uno líquido o labial disolviéndose en el otro."
(Uf... ese párrafo me pone atómica; es megasexy)
Y se alza en plumas contra la frase vacía de contenido. Y me parece muy bien.
En "Libros que me han influido" - otro ensayo del librito - Roberto Luis se marca un fa-bu-lo-so canto a Whitman (que en la traducción de Artemisa aparece como Withman en un salto de letras muy simpático) y a sus Hojas de Hierba:
"(...) un libro de utilidad singular, un libro que hizo que el mundo diera un vuelco para mí, apartando de un soplo miles de telarañas de ilusiones éticas y remilgadas, y que, habiendo sacudido de tal modo mi tabernáculo de memorias, me asentó de nuevo sobre los cimientos mucho más sólidos del conjunto de las virtudes masculinas originales. Pero es, de nuevo, un libro para quienes poseen el don de la lectura. Seré franco: creo que ocurre lo mismo con todos los buenos libros exceptuando, quizá, la ficción. El individuo promedio vive, y debe hacerlo, tan completamente inmerso en lo convencional que es más probable que las descargas de pólvora de la verdad desbaraten, que no que revitalicen, sus creencias.O bien clama contra la blasfemia y la indecencia, y se inclina a continuación ante ese idolillo de las medias verdades y conveniencias parciales que es la deidad contemporánea; o bien se deja convencer por lo que es nuevo, olvida lo antiguo y deviene entonces verdaderamente blasfemo e indecente. La nueva verdad sólo sirve para complementar a la antigua; de la verdad desnuda sólo se espera que amplíe, no que destruya, nuestras cívicas y a menudo elegantes convenciones."
¡Toma ya canto a los hombres!
"El arte de escribir" incluye también ensayos sobre la génesis de "La isla del tesoro" y "El Señor de Ballantrae" que a mí me interesaron menos. De hecho, creo que cada vez me interesan menos los autores que escriben como escritores y más los que lo hacen como lectores (ilesos o malheridos, me da igual).
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20 Julio 2007

Leo este fabuloso libro de entrevistas con los personajes clave de la industria porno norteamericana, desde los inicios - desde las 'nudie cuties' de los años 50 -, hasta la gran industria actual de Los Angeles (que tan bien reinventa Amis en la última parte de su "Perro callejero "). Y lo gozo.
Leo 'The other Hollywood' y entiendo por qué Jordi Costa lo mencionaba como modelo de su libro sobre el porno español "El sexo que habla ". Pues claro, porque el libro de Costa es una versión patria de este. Directamente. Aunque me da lo mismo: yo sigo queriendo igual a Jordi Costa...
Me encantan los libros que cuentan una historia a través de entrevistas (me encantó el que escribió Plimpton sobre Capote), porque me parece que la técnica de voces cruzadas funciona de maravilla en la literatura biográfica, y porque cuando el autor es bueno y sabe editar bien las entrevistas y encajarlas correctamente, es capaz de mostrar tantas cosas, de construir escenas fabulosas, de ofrecernos tantas realidades diferentes y contradictorias que serían tan difíciles de elaborar a través de la narrativa lineal...
Lo malo es que eso sólo funciona cuando hablamos de realidad. Porque cuando los autores de ficción tratan de hacer lo mismo y aplicar este esquema a personajes inventados, el asunto no funciona tan bien, no cuela. Se notan demasiado las trampas.
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18 Julio 2007

Hay dos géneros literarios que a mí me encantan: los relatos de niños ricos que descubren que existen pobres (y los huelen), y los relatos de niños que ven por primera vez un muerto.
Por eso 'Garden Party ' es uno de mis cuentos preferidos. Porque aúna en un relato los dos géneros que más disfruto, e incluye otros elementos que yo adoro en la literatura: gente bien, un jardín cuidado, descripciones de sombreros, juegos de café y conversaciones con el servicio doméstico.
Que conste que también leo a veces historias contadas por pobres, pero me gustan menos. Los pobres son menos detallistas, más brutotes, y lo narran todo con rabia, como si el lector tuviera la culpa de su mala suerte.
Yo creo que si a Cervantes le hubieran ido mejor las cosas, El Quijote habría sido un libro muchísimo más elegante, más bonito de leer. Y un clásico, igualmente, no os vayáis a creer...
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17 Julio 2007

... y sé que probablemente hago mal, que me equivoco, y que me voy a perder una delicia, pero es que de las 63 páginas que llevo no me ha interesado nada - sólo una historieta delirante de unos dibujos animados infantiles con dragones de colores -; ni el protagonista (que me parece un perdedor muy aburrido), ni el escenario (todo es feo), ni la supuesta gracieta de historia ficción (dios, ¡cómo aborrezco la historia ficción!), ni los jueguecitos de palabras o de ajedrez. Nada. Todo me da igual. Me deja aburrido, frio. Y hasta me pone de mal humor.
Lo dicho, que paso total de ti michaelchabon. Que te den.
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15 Julio 2007
Cada vez que leo a James me pasa lo mismo; me da por despreciar esa economía lingüística tan siglo XXI y me entran ganas de escribir una novela breve de 50.000 palabras donde me limite a describir a un personaje - a mí mismo, probablemente. No conozco tan bien a nadie tan interesante...
"Activo aunque insustancial, era delgado, de baja estatura y un poco, puntual pero todavía no deplorablemente, calvo. El refinamiento se advertía en el arco de las cejas, la perfección de los rasgos, la economía de tratamiento gracias a la cual la nariz insustancial podía parecer importante y la boca escasa sonreír su escasez. Tenía ojos pequeños e incisivos - brillaban hermosamente, sin prometer nada - y una pulcritud, una frialdad y una serenidad, un claro instinto para sacar ventaja e inmunidad, que en cierto sentido representaban el arte de vivir en el lugar más elevado a muy bajo costo. Todo esto se percibía en su aire satisfecho, que sin embargo dejaba adivinar violentos deseos; y allí residía al mismo tiempo la ambigüedad, porque la intensidad de estos apetitos no era siempre suficiente para sacrificar la forma."
¡Toma ya narrador omniscente!
A sus pies, Don Enrique...
["La protesta", de Henry James. Traducción de Edgardo Russo. Prólogo de Silvio Mattoni. Editorial El cuenco de plata ]
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13 Julio 2007

Se me está atrofiando la mano de tanto taparme los ojos y estoy perdiendo la vista de tanto mirar entre los dedos, así es que he decidido dejar de perder el tiempo y convertirme en un lector serio, o al menos en un lector con sistema. Por lo tanto, a la mierda lo que me apetezca leer en cada momento - buenísimo el especial Simpsons del Vanity Fair online , por cierto -; he decidido alternar libros de temporada con libros fondo de armario. Si el anterior fue el relato de Conrad - buenísimo también - el que acabo de leerme es la última novela de Cristina Cerrada, "Alianzas Duraderas ".
Y muy bien, también.
Aunque en verdad os digo, queridos, que si este libro en lugar de ir firmado por la Cerrada hubiera llevado mi nombre en la portada - y no por un error informático tan ARQ, sino porque yo hubiera tenido el talento, el acierto y las ganas - ahora mismo me estarían dando más hostias que al Lector Malherido en el almacén de la bodega que frecuenta Kiko Amat (gracias Juan).
Y me habrían puesto de misógino pa'rriba y de maricón p'abajo (que es el espacio exacto de techo bajo que ahora habito y en donde me protejo de la luz de los neones).
¿Se habrían equivocado? Pues conmigo, no creo. Pero con Cristina Cerrada, fijo. Porque aunque la historia parezca machista, las mujeres resulten todas unas insaciables devoradoras de semen y de virilidad, y la novela parezca a veces una soflama maricona, no es un libro misógino. Para nada. O no sólo, compañeras y compañeros; que aquí hay para todos. Misantropía a puñados.
Y qué gusto da encontrársela así de bien modulada, y qué bueno es que su autora se atreva a internarse en el mismo universo clase media de bondades Grandes, ñoñeces Etxebarría, puños-en-alto Gopegui,... para acabar saliendo de él con un relato que deja a las tres damas bordando en su bastidor y a Landero como a un triste.
(Y ahora toca "La protesta", de Henry James, que tiene muy buena pinta...)
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12 Julio 2007

Es un magnífico relato hablado en varias dimensiones y a varias voces que se modulan en momentos y lugares diferentes, que hacen de la literatura casi un ejercicio de ventriloquía magistral que ya quisiéramos para nosotros, los modernos fragmentarios que pretendemos una escritura transversal que estalle en redes asimétricas más allá de renglones.
"El socio" es un Dickens de Conrad, un Poe de Dickens, un Carver de Elizabeth Taylor.
Es una joya.
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6 Julio 2007
Cuando empecé con "Paraíso Travel" me dio miedo volver a encontrarme con otra "Rosario Tijeras", una novela que me había gustado muchísimo, aunque contenga esa historia tan colombiana de sicarios, violencia y droga que me aburre tanto. Y que conste que "Rosario Tijeras" me gusta porque, pese a moverse sobre el territorio del estereotipo de algunos de los horrores colombianos, es una espléndida historia de amor loco muy bien contada.
"Paraiso Travel" es otra historia de amor. Y es una conmovedora historia de pérdida de todo, de emigración ilegal y de extravío en el Nueva York más latino y más triste. De pérdida y de búsqueda.
Una buena historia escrita con el pulso Franco - con perdón - y que juega con las dimensiones del tiempo narrativo de manera magistral. Que tal vez no descubre nada, pero que muestra mucho. Que no es poco...
Muy recomendable, sobre todo, para todas las oligofrénicas que se friquearon toas con mi post sobre la Bradshaw . Sí, moninas, ¡un libro! Eso que llevan las súpermodelos en la cabeza para aprender a desfilar...
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