3 Julio 2008
La edad media de mi equipo de trabajo ha ascendido ligeramente. De ser dos jovenas hemos pasado a ser una jovena, y tres maduritos, que no mayores, no me voy a pasar. Esto en principio no debería importar: saben teclear el ordenador y hablar por teléfono, así que diremos que sirven para el cargo. Pero hay que admitir que el ambiente de trabajo ha cambiado un poco, más que nada porque ahora el 100% de nuestras conversaciones giran en torno a temas como el pago de la hipoteca, el precio de los pañales o la chica se ha puesto enferma así que tengo que irme antes.
Desde que llego, hasta que se van, tenemos amplias conversaciones acerca de las varices postparto, qué silla es mejor para que los niños vayan en coche; cómo hemos engordado en 10 años o si es mejor hacer la reforma de la cocina ahora o en septiembre cuando nuestros niños vayan al cole. Nuestros, sí, porque ya los siento hasta míos de lo que hablo de ellos. Estoy casada con sus maridos y pago a la niñera y a la de la limpieza, que por cierto es un sol, espero que no la perdamos. Y mientras discutimos estos temas me miran todos como si fuera un alienígena: es una mezcla de pena por lo que me queda aún, y envidia por lo que tengo ahora, porque se piensan, y no entiendo muy bien por qué, que me monto unas orgías diarias de unas 20 personas. Yo creo que les pasa un poco como con los famosos, que como es un mundo que te pilla tan lejos lo idealizas. Para ellos no sólo salgo todos los días 14 horas, enrollándome con 10 por noche, a cada cual más guapo, sino que encima me han debido amputar el culo, las estrías, la celulítis y mi cocina parece que se limpia sola.
No puedo negar que estoy aprendiendo mucho. La teoría la tengo dominada: sé todo lo que hay que saber sobre matrimonios e hijos. Sólo me falta llevar a la práctica mis conocimientos; y aunque no dudo que lo haga algún día, supongo, espero… o no. No lo sé, por el momento me limito a ensayar con mi pingüino de peluche: es el más educado y sus pañales los más baratos. Y si dice palabrotas le lavo el pico con jabón; aunque es muy bueno y casi no dice ningún taco; bueno, más bien no dice nada, porque es un peluche. Pero de todas formas, no sé si estoy preparada para tanto cambio. Bueno, qué tontería, sé que no estoy preparada para tanto cambio, al menos ahora. Y es que una ni se imagina todo lo que implica ese “prometes amarlo siempre… bla bla bla” y el posterior “¿por qué no vamos a por el primero?”. Yo me lo imaginaba, pero es que ni de lejos sabía hasta dónde llegaba el cambio. Por favor, si es que ya sólo para los meses de embarazo hace falta sacarte una tesis doctoral de 3 años, y alquilar una tienda de campaña para vivir en el médico. Y así mis compis me miran diciendo “disfruta ahora que puedes”. Pero, ¿cómo voy a disfrutar si ahora en lo único que pienso es en cómo van a subir las silletas para cuándo tenga el primero? Si aún hay silletas, que igual lo paseo en nave espacial, y eso será aún más caro… madre mía, ¿qué voy a hacer? Estoy por ir comprando ya las corbatas para los regalos a mi futuro esposo y la cuna, en plan inversión.
Así que en 7 meses he madurado lo que no había madurado en 24 años. Ahora cuando salgo ya no voy a bares, sino a cafeterías para discutir con las viejillas qué guapa salía Carolina de Mónaco en el último Hola, al que por cierto me he suscrito para que me lleguen mensajes al móvil con las últimas novedades y así estar siempre al día; y qué mal he dormido hoy porque mi pingüino tenía miedo y se ha metido en mi cama. De hecho ahora os dejo porque voy a hacer como que sale de la guardería y le voy a recoger, que esa lección aún no la tengo dominada.
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2 Julio 2008
El otro día hice una de esas cosas que nunca pensé que haría. Tampoco es que sea muy raro en mí, porque hay infinitas cosas que juraría no hacer nunca y que acabo haciendo, pero esto fue especialmente sorprendente. Fui a ver pasar el bus de la selección por Madrid… ¿se puede estar más colgada? Porque a fin de cuentas qué es: ver un autobús con gente borracha dentro. Vamos, que me podía haber ido el sábado 5 a Avenida de América a ver los autobuses salir hacia Pamplona y la experiencia habría sido parecida. Encima seguro que la mitad van de rojo, porque los uniformes no nos gustarán nada, pero mira, gana la selección y la gente no se quita la camiseta de España ni para ducharse.
Pero claro, al final el profe de sociología va a tener razón, y los hombres nos dejamos llevar por la masa, no por el bicho verde este que algunos llaman Hulk, aunque si viniera seguro que también nos puede llevar, y aupas; pero no, la gente se deja dominar por el resto. Y así, si durante 48 horas ves gente de rojo cantando podemos y llorando cada vez que ve un balón de fútbol, pues al final acabas siendo como ellos. Eso sí, sin camiseta de España, que a una que es del norte lo de los signos patrióticos le cuesta asimilarlo, que le voy a hacer. Pero sí, fui a la celebración de la Eurocopa. Y total, realmente, ¿qué celebración era eso? Cuatrocientas mil personas hacinadas en una plaza para ver a un calvo cantar todas las versiones habidas y por haber del “camarero…”, a Manolo Escobar cantando “Qué viva España” y otros 10 jugadores pegándose con un plástico mientras beben lo que según Camacho eran fantas de naranja… que por cierto, ahora entiendo los resultados de la selección mientras él fue seleccionador. Seguro que llegaban todos vomitando y este pobre se tragaba la típica historia de “pero si sólo he bebido una coca cola, será el pan, que me ha sentado mal”. En resumen, si quitamos las banderas y la pantalla con la repetición de los mejores goles, fue como ver el chupinazo.
No quiero tampoco ir de cínica, que yo me emocioné como todo el mundo y me vi todos los partidos en grupo como se debe hacer. Bueno, los vi pero de la forma B. Vamos a decir que hay dos formas de ver el fútbol: está la forma A y la forma B. En un grupo que ve un partido de la forma A se escuchan frases como: “cabrón”, “eso es falta”; “XXX ya podía haber jugado así cuando estaba en el Atlético” o “no os confiéis, que en el año 84 cuando en semifinales se enfrentaron a xxx también iban 2-1 y al final tras el gol de xxx acabaron perdiendo”. Si el grupo pertenece al tipo B las frases que se escuchan son “¿este es el que se ha casado con la Bermudez?, pues sí que se le ve un poco raro”; “¿Por qué no se ponen los jugadores coleta? No les da asco llevar el pelo sudado?” o “¡Qué mono es Casillas! Y encima sencillo porque estando ya en el real Madrid iba en metro a entrenar”. Cada uno ahora que se incluya en el grupo que quiera. Yo personalmente tiendo más hacia el B, aunque he de decir que sí me gusta el fútbol… bueno, los deportes en general. De hecho, estoy deseando que lleguen las olimpiadas para tragarme interminables luchas de esgrima, atletismo, gimnasia y lo que me echen.
Pero antes de eso hay otra cosa importante; de hecho, el evento del año, la semana por excelencia, las fiestas más importantes del mundo… chicos, chicas, llega San Fermín. El espíritu del fútbol da paso al espíritu sanferminero, que es aún más juerguista. A mí ya me ha invadido, de hecho lo puedo hasta oler. El rojo dará paso al blanco y rojo; y las banderas a los pañuelicos; los balones se convierten en toros, y en vez de a Luis Aragonés adoraremos a una pequeña estatua que nos guía en el encierro dándonos su bendición. Así pues: VIVA SAN FERMÍN, GORA SAN FERMÍN.
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28 Junio 2008
Generalmente, si al ir por la calle alguien te llama "muñeca" significa que te has trasladado por arte de magia a la película Grease. Sin embargo para Ane yeye no era así porque realmente era una muñeca. una muñeca con la cabeza grande, los ojos saltones y un cuerpecito pequeñín que no podía doblar. En una de sus travesuras, su dueña Amanda le rapó el pelo, y nunca le volvió a salir, así que en conjunto el resultado era bastante esperpéntico.
Aneyeye vivía en el armario de Amanda. No había mucho espacio, pero ella había conseguido convertir aquel cubículo en un auténtico hogar: doblaba las camisas que le servían de cama trece veces al día, limpiaba las paredes, ordenaba los calcetines por antigüedad y colores... y así era feliz; hasta que un día, de repente, una china se metió en su armario. Cómo llegó, nadie lo sabe, pero en un abrir y cerrar de ojos se había adueñado del armario. Ella y su mascota, un gato bobo que parecía que sólo sabía mover el brazo izquierda arriba y abajo. Aneyeye intentó adaptarse a su nueva vecina pero, viendo que ésta no tenía intenciones de moverse decidió que debía ser ella la que emigrase. Así que salió del armario y conoció por primera vez el mundo exterior. Cual fue su sorpresa al ver que, lo que ella había visto siempre como un armario, era en realidad un armario dentro de un barco; porque Amanda resultó ser una percebeira nómada que se recorría las costas del mundo pescando.
Aneyeye se dio así cuenta de que llevaba toda la vida navegando sin enterarse, y decidió que era el momento de hacerlo, pero disfrutando del viaje. Así que preparó una barquita con una cáscara de nuez y emprendió su viaje sin más equipaje que ella misma y un producto especial para limpiar nueces que había encontrado de oferta en el DIA. Al principio todo fue muy bien, hasta que zarpó, que fue cuando se dio cuenta de que ella no sabía nadar. Y la situación empezó a complicarse más ante la primera tormenta que volcó su barquita dejando a Aneyeye hundida. Ella intentaba pedir ayuda gritando "SALVAME POFAVO" pero nadie la oía; o tal vez sí la oían pero seguían su camino pensando que estaban locos porque escuchar hablar a las muñecas no es muy normal que se diga. Ya había perdido toda esperanza de sobrevivir cuando entre las sombras del fondo submarino, entre las botas viejas y el aceite de los barcos, un ejército de hombrespez bailarines apareció, precediendo a una mujer... o un hombre... o algo rubio: "Hola, soy la Bibi. hace años un tentáculo negro hundió mi barco vikingo y los hombrespez bailarines me rescataron convirtiéndome en su reina. Pero estoy sola y necesito compañía... ¿quieres quedarte?". Aneyeye aceptó y desde entonces es la auténtica princesa del mar, apportando su toque yeye a los delfines y a los peces.
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16 Junio 2008
Fumo.
Podía haber adquirido algún otro vicio menos asqueroso, como asesinar en serie a rubios con pelo rizado para hacerme con su piel un traje de Cupido, pero no, elegí fumar; renunciando así a la oportunidad de tener una película sobre mi historia, protagonizada por Penélope Cruz en uno de esos papeles de Oscar, por estar afeada con una nariz enorme, peluca y 20 kg de más.
Sé que tras esta declaración corro el riesgo de perder lectores. Puede que La Coctelera traslade mi blog a algún otro servidor para fumadores donde de cabecera tendremos un banner en el que se podrá leer: Fumar perjudica seriamente la salud. Y me encantaría deciros que estoy muy preocupada por el tema y estoy dejándolo, pero es mentira, no sólo sigo fumando sino que encima he desarrollado una inmunidad asombrosa a los mensajes de advertencia. Por tanto, sigo perteneciendo a la asquerosa, olorosa y humeante raza de los fumadores. Y me mantengo ahí a pesar de que todos los elementos se alían en mi contra.
Para empezar, tenemos que fumar fuera y no hay ceniceros. Para los demás puede no ser un problema, pero yo, que soy capaz de intentar encenderme un cigarro al revés 7 veces seguidas sin darme cuenta, vivo en continua tensión por ver dónde cae mi colilla… del cigarro. Un consejo, si el pie os huele a quemado no es que acabéis de parar un autobús utilizando vuestros pies como freno, a no ser que seáis Superman, que sí que lo hace a veces; si sois un humano de a pie, os acabáis de meter el cigarro en la bota. No menospreciéis este consejo, que a mí me costó un camino entero y un calcetín averiguarlo, así que dad gracias de que os lo haya explicado antes de que os pase.
De todas formas, aunque ya sepáis apagar cigarros, vuestros problemas no se han acabado. ¿Qué pasa con los eventos sociales en los que no se fuma? Hace unos días tuve una boda en Francia, y entre todos los invitados sólo había incluidos cuatro fumadores (sospecho que hubo entrevista y casting previo a la celebración, pero a mí me debieron de meter para mantener la audiencia, como la niña esta rubia de OT que cantaba Shakira como si le estuvieran degollando: si a una mala me echaban de la boda siempre me quedaría Playboy). Casualmente este grupo de cuatro se componía de: el novio inglés de una chica que la frase más larga que consiguió decir fue “champágne?”, el novio de otra chica que no conocía a nadie, y las dos únicas solteras de la boda. Vamos, solteros y pringados. Por supuesto en el recinto estaba prohibido fumar porque mata. No es como en España, que no mata necesariamente, sólo puede ser que lo haga, así que todos mantenemos la esperanza de que le toque a otro; pero en Francia mata… es super fuerte, ¿que le echarán al tabaco en la frontera para aumentar así los efectos? ¿Con qué clase de droga asesina comercian en Irún? El caso es que para fumar había que ir a la calle, donde por supuesto caía una tormenta en plan Fin del Mundo: las cebras huían espantadas, un viejo con barba abría paso entre los charcos elevando el agua al cielo, y cuatro franceses construían una torre en la que se suponía que se iban a hablar todos los idiomas, pero al finalizarla recordaron que eran franceses y no hablaban más idiomas que el suyo, así que fue un fracaso. Y entre medio de ese diluvio, los cuatro osados fumadores salíamos mientras el resto de los invitados nos miraban con pena: pringados, solteros, extranjeros, mojados y drogadictos. Hubo alguno que al pasar enfrente y vernos nos echó monedas, pero ni siquiera pude recogerlas porque mi vestido no tenía bolsillos, así que se las dimos al inglés, de recuerdo para que viera cómo era un euro.
Y el día a día tampoco es fácil. Continuamente nos toca lidiar con auténticos fumadictadores. La mía ha llagado en forma de cuarentona pesada que casualmente es mi jefa. Ella reúne dos elementos que la haces especialmente cansina: manda mucho y es ex fumadora. Como se cree que ha descubierto ella eso de dejar el tabaco me repite unas cuatrocientas veces al día que debería dejarlo. Os lo juro, yo antes fumaba mucho, pero ahora cada vez que la escucho me meto tres. Su última idea fue contar los cigarros que nos echábamos en la oficina: los apuntaba en un papelito y nos los cantaba, como si estuviéramos en el bingo: Leyre, 4; Pepi cincuenta y cuatro, cinco cuatro… os juro que un día me fumo el maldito papelito en el que los apunta. Sólo espero no metérmelo en la bota al intentar apagarlo.
De verdad, he intentado luchar pero ya me he rendido. Lo voy a dejar, de hecho ya he empezado: ya sólo fumo los fines de semana y de lunes a viernes, pero no mientras duermo ni cuando hago la compra, una vez cada 3 meses. Así que yo creo que voy por el buen camino.
servido por leyrecita
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10 Junio 2008
Tras un largo parto de 14 horas, por fin los médicos entregaron la niña a su madre. Ella la abrazó exhausta y le apartó la mantita para poder mirarle la cara. Pero, ¿qué era aquello? ¡La niña tenía flequillo! ¿Cómo podía ser? Había escuchado casos de niños que nacían con mucho pelo y luego se les caía, y otros que nacían con una pelusilla; pero ¿sin pelo y con flequillo? Los médicos intentaron tranquilizarle, le explicaron que seguro que se le caería o que a una mala le acabaría saliendo el resto del pelo y el conjunto quedaría un poco más uniforme. Pero la madre seguía mirando a su niña con un cierto temor, ¿y si no le salía el pelo?¿Y si su niña iba a ser calva con flequillo como una auténtica quinqui de Vallecas? Encima iban a llamarle Lety… ¿y si todo el mundo le llamaba Lety Flequi?
Para evitar asustar a su marido y crearle un trauma prematuro a la recién nacida, le puso un gorrito a su hija para salir de la habitación y le explicó al padre que el médico le había aconsejado que la acostaran boca abajo y que para fomentar el crecimiento de las neuronas debían mantener siempre la cabeza calentita. El padre se lo creyó y feliz montó a su familia en el coche y fueron a casa.
Lo que resultó una invención materna en un momento de desesperación pasó a ser una constante en la vida de nuestra protagonista. Ese gorrito de lana le acompañó hasta que en su segundo cumpleaños le compraron un sombrerito de paja; que le duraría hasta ser sustituido en su octavo cumpleaños por un pasamontañas; que a su vez aguantaría hasta que a los 15 años le regalaron una boina, que a su vez fue sustituida por una gorra a los 18, que sólo desapareció de sus vidas hasta que a los 22 años nuestra joven consiguió un gorro con una flor. A nadie le preocupaba que fuera verano o invierno; las neuronas debían crecer calientes y seguras. Mientras, la madre miraba con culpabilidad a su hija que durante toda su vida había llevado día y noche un sombrero pensando que el quitárselo supondría un inconveniente para su crecimiento neuronal. Y tan metido en la cabeza llevaba el gorro, que en realidad nadie sabía si tenía pelo o no, así que su madre no se atrevía a quitárselo por si acaso no le había crecido y seguía teniendo sólo un triste flequillo.
Un día en Lety con su gorro de flor y sus amigos con pelo, fueron al parque de atracciones. Cuando se montaron en los rápidos, en uno de los saltos que pegó la barquita a Lety se le escapó el gorrito al agua.”¡Mis neuronas”, exclamó. Pero nadie parecía preocuparse por eso, ya que estaban sorprendidos de ver que su amiga sí tenía pelo, y no sólo eso, sino que encima tenía flequillo. “Guau Lety, tu corte mola mogollón”. Ella se tocaba tímidamente la cabeza y sonreía pensando que tal vez no estaba tan mal que sus neuronas se airearan un poco. Al día siguiente todos sus amigos se cortaron flequillo, hasta los que tenían la cabeza rapada se lo pintaron para copiar ese peinado tan chuli. La gente que les veía por la calle, muerta de envidia corría también a la peluquería a cortarse un flequillo. Su vecina que subió a chillarles por respirar alto por las noches, al verles se lo puso a sus hijos y a los muñecos de sus hijos; su jefa al parir lo primero que hizo fue ponerle uno postizo al bebé; su óptico también le copió, y así poco a poco toda la ciudad copió el peinado de la Lety y su madre al verla aparecer con pelo respiró tranquila. El único que no parecía tranquilo era su padre, que temía por la salud de sus neuronas.
Algún tiempo más tarde, colgando la ropa en el tenderete, al ir a poner una pinza se enganchó con su flequillo y se lo arrancó sin querer. Ella avergonzada volvió a coger su gorrito, pero sus amigos al ver el flequillo colgado, pensaron que era un truco para que se quedara más brillante; así que corrieron a cortárselo, lo lavaron en la lavadora y lo colgaron. Ninguno pensó en cómo se lo recolocaría después; ni siquiera importaba si había que recolocarlo; si lo que molaba era colgarlo eso es lo que tenían que hacer. Y la gente comenzó a imitarles de forma que en las ventanas ya sólo se veían macetas con flequillos. Tras esto, Lety descubrió el poder que tenía sobre los demás y decidió aprovecharlo. Salía a la calle y se metía monedas en el bolsillo, de tal forma que la gente pensaba que eso estaba de moda y corrían a meterle más monedas. Iba al supermercado a hacer la compra y al siguiente día ya le había hecho la compra todo el vecindario.
Este fenómeno llegó a oídos de una tal Anna Wintour que trabajaba en VOGUE USA así que llamó a Lety para que trabajara en su revista explicando lo que era tendencia. En pocos meses la moda de llevar flequillo y colgarlo de vez en cuando se convirtió en una moda a nivel mundial, y Lety se hizo tan rica que se retiró y desde entonces da consejos sólo a sus más allegados a modo de favor personal.
Por todo esto, y porque fue tu cumple, felicidades Lety!
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27 Mayo 2008
Cuando una vez cada dos años haces algo sin pensar, en un arranque de espontaneidad, diremos que haces una locura.
Cuando una vez cada dos segundos entras en Internet para coger un billete de avión para un viaje diferente, un concierto, para ir a una boda en Francia sola o para apuntarte a tango en una clase que se da en un sitio que se llama “Círculo Catalán”; diremos que haces muchas locuras. Y por todos es sabido que el que hace muchas locuras está un poco loco.
Pues creo que estoy tarumba perdida. Claro, de repente llegas al cuarto de siglo y la filosofía de “tengo 25 años, si no lo hago ahora no lo haré nunca” me ha poseído, porque digo yo, que pensándolo bien, si no lo he hecho en 25 años tampoco necesito hacerlo todo ahora. Supongo que a los 26 estaré bastante parecida. Aunque quien sabe, de repente me puede pasar una desgracia como que en un mes se acabe Interneeeeeeeeee y ya no pueda comprar billetes para nada más que en ventanilla, y como ya sabéis que con mi horario de trabajo sólo puedo acceder a ventanillas nocturnas, tal vez ya sólo pueda comprar entradas para espectáculos porno; lo que por otra parte, bien visto, también sería una locura. Podría dejar el tango para aprender a bailar en la barra de striptease, que al final voy a poder practicar más o menos en el mismo número de locales que el tango. De hecho, viviendo en España y no en Argentina, como es mi caso, igual hasta en más, sin contar que en el metro también hay barra, y en las estaciones de bomberos, y en algunos parques de columpios… no, si me lo empiezo a plantear.
¿No veis? El espíritu de los 25 me afecta. Es como el espíritu de la navidad pero peor, porque me sale más caro. Yo por hacer felices a los demás no me gasto todo mi sueldo en viajes, pero por mis 25 sí. Creo que voy a tener que acudir al doctor House o algo así porque esto tiene que deberse a alguna enfermedad tropical que traje conmigo a España cuando estuve en… Cuba tendrá que ser, porque lo siguiente más tropical que conozco es Chinchón, y no sé si los burros son portadores de muchas bacterias amazónicas. Pues bien, cuando volví de Cuba, dejé allí mi corazón y a cambio me traje una cagalera descomunal y un insecto venenoso que afecta a mi cerebro. Sé que a Cuba fui hace tres años pero es que en ese país hasta los mosquitos actúan despacio, así que el pobre virus que no quería estresarse, ha estado estos años aclimatándose al nuevo entorno, y ha sido hace un mes que se ha empezado a encontrar cómodo aquí, que me ha empezado a afectar. La vida es injusta, va Isabel Gemio y se trae un novio 50 años más joven, y voy yo y me traigo un virus, que casi es mejor porque 1. si me hubiera traído uno 50 años más joven habría tenido que ser un feto y 2.con mi suerte, seguro que es más normal el virus que el novio que hubiera elegido.
Por culpa de este espíritu vírico que arrastro conmigo en un mes he decidido que voy a ir a 2 festivales, a la playa, a Londres, a París, a una boda, al festival de San Sebastián, a una comida vikinga, a tango con unos argentinos, a un concierto de Madonna…. Todo esto a la vez que trabajo, duermo y voy al gimnasio… lo de comer me da menos tiempo, por eso alterno las locuras turísticas con las gastronómicas.
Así que esto son los 25, una etapa más pobre que los 24, y supongo que aún más pobre que los 26, porque si sigo en esta dinámica me veo haciendo rafting en las cataratas Victoria por si a los 40 no puedo. Maldito mosquito cubano, a ver si se extingue pronto porque me sale más caro que tener un perro de mascota.
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19 Mayo 2008
Que no soy la persona más afortunada en lo que atañe al sexo masculino ya lo sabía. Y que tengo tal don para conocer frikys que podría ser directora de casting para Gran Hermano, también lo sabía. Pero desconocía el alcance de mi frikyradar masculino. Yo pensaba que era más como el bluetooth, y que sólo afectaba a aquellos raros que estaban en el mismo recinto que yo, pero el otro día descubrí que se parece más a Internet: llego a todas partes.
Gracias a este poder, el sábado pude conocer a un psicópata nuevo, esta vez de Sevilla. Por un error al marcar un número de móvil, le llamé a él, aunque consciente de mi equivocación colgué. Este malentendido que tuvo una duración exacta de 3 milésimas de segundo dio pie a 450 llamadas y un mensaje de este chico. Viendo la preocupación del pobre, que por su insistencia debía estar esperando como mínimo la llamada de Dios, que seguro que ya está movilizado, le mandé un mensaje explicándole que no le conocía, que simplemente había marcado un número erróneo; a lo que él me contestó que se llamaba Alex, que era de Sevilla y tenía 22 años; y que si no tenía novio estaría encantado de quedar conmigo.
Yo entiendo lo difícil que es encontrar pareja con el ritmo de vida que llevamos. Yo más que nadie entiendo que no tenemos muchas oportunidades de encontrar a nuestra media naranja a no ser que sea exprimida y mezclada con cientos de conservantes y colorantes en un tetra brick de Zumosol. Pero, ¿no es un poco fuerte intentar ligar con un número de móvil?¿Qué es lo que más le impresionó de mí, que mi número acaba en 5? Porque si es así, ya mismo dejo de maquillare y arreglarme porque el azar me ha premiado con el número de teléfono más sexy. Soy sólo un número más pero con la diferencia de que el mío levanta pasiones.
Igual lo que llamó su atención fue el hecho de que a las 4 de la mañana sea capaz de marcar números en el teclado. Si es así, casi mejor que no se entere de que a veces incluso los marco bien, porque entonces se me planta en Madrid para conocerme y sería horrible pues tendría que cambiarme de número y me ha costado 4 años aprenderme el mío.
Así que sólo me queda resignarme ante la potencia de mi frikyradar e intentar buscarle un uso útil para la sociedad, como buscar representantes para el festival de eurovisión o algo así.
servido por leyrecita
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12 Mayo 2008
¿Os habéis imaginado alguna vez que de repente, un día cualquiera, así porque sí, os volvierais famosos? Hay gente a la que le pasa: a algunos les descubren tomando un café, otros se graban un vídeo imitando a los Backstreet Boys y medio mundo les conoce (para hacer esto es condición indispensable ser japonés) hay otros que viven solos en una granja apartada de la mano de Dios con la única compañía de sus padres, que pertenecen a una secta y en su desesperación escriben un libro en el que salen dos dragones y un príncipe cursi, y se hacen multimillonarios y famosos; y otro que también viven en una granja deciden escribir una canción sobre su corral y ala, famosos… ¿por qué no estar preparado? Como veis no es tan raro, hay gente a la que le pasa, y el siguiente podemos ser uno de nosotros.
Yo lo veo claro así que he empezado a practicar para que cuando me pase no me pille desprevenida. Ayer sin ir más lejos revisé mis álbumes de fotos para ver todas en las que salía yo sola, y una vez recopiladas las dos fotos, decidí que ya podía empezar a aumentar mi banco de imágenes para posters o con dos la superpop iba a dejar de hacer especiales míos enseguida. Así que me saqué algunas de rollo sexy con cara de se me han hinchado los labios porque la vaselina me ha dado alergia, y otras en plan gracioso, con la fregona y así, para que mis fans vean lo accesible y lo normal que soy. Una vez tuve ya un número de fotos aceptable, empapelé todas las paredes con ellas y les di besos, para empezar a acostumbrarme a qué voy a sentir cuando sea un poster. Para completar la experiencia, me pinché dos chinchetas en la camiseta y me clavé en la pared… creo que esta primera lección la tengo dominada.
Siguiente paso: los paparazzis. Si quiero estar preparada para ser famosa tengo que acostumbrarme a que me sigan a todas partes, lo que significa que no deben importarme ni los focos, ni la gente y que por otra parte tengo que ir siempre impecable vestida. Así que he recortado de las revistas todos los anuncios de marcas como Gucci, Prada, Vuitton, CK… y he pegado los logos en mis bolsos, zapatos y camisetas. Me he comprado unas gafas tan enormes que no se me ve más que a partir de la cintura, y por supuesto en las patillas también les he pegado los logos de mis revistas. Ya tengo la ropa. Ahora los focos. Como no podía hacer venir a todos mis amigos con sus cámaras, en el baño, encendí y apagué muchas veces la luz del tocador, hasta que al cerrar los ojos veía lucecitas: total, si las veo de normal, no me molestarán cuando me pillen por la calle; y así, medio flipada con mis lucecitas y con mi ropa “de marca” me dirigí a la calle. Subí y bajé Gran Vía 120 veces chocándome a propósito con los guiris para que el día que esté en una alfombra roja el asedio de los fotógrafos y fans no me haga perder el equilibrio. Tras 20 pisotones, los insultos de más de un grupo, varios papelitos de las marcas de mis bolsos perdidos y 30 casi atropellos porque al ver tantas lucecitas no distinguía qué era acera y que carretera; llegué a casa muerta, pero con mi segunda lección aprendida.
Pero no todo depende de mí: ¿qué pasa con los programas del corazón? Sé que en cuanto me haga famosa mucha gente que conozco irá a contar mis intimidades. Como en mi familia y amigos ya sólo me queda confiar, en lo que sí me puedo curar en salud es en los rollos. Así que a partir de ahora sólo me voy a liar con mudos o esquimales que hablen lenguas muertas que sólo su pueblo, de dos habitantes, conoce. Los últimos indios americanos pueden servirme también. El problema es que llego 25 años tarde y hasta ahora he conocido alguno que habla; así que estoy dando un curso de hipnosis para que cada vez que escuchen “Leyre” sólo sean capaces de emitir el sonido de la gallina. Ya lo he probado con un par, y mira, funciona. Sé que puede que mi reputación de sex symbol se vea afectada cuando la sociedad vea que sólo he tenido relaciones con gallinas, pero mejor esto a otras cosas.
En cuanto uno es conocido empieza con la publicidad, así que para que mis anuncios resulten creíbles, cada vez que digo una marca o nombre de producto exalto sus cualidades. “Buenos Días señor pescadero, déme una trucha, el manjar de río, delicioso en todas sus variantes”; “Buenas tardes, quiero un café con leche, delicioso, suave, cremoso…” La gente me mira un poco raro, pero tengo que entrenar, qué quieren que haga.
Y así, yo ya estoy lista para mi salto al estrellato. Y a vosotros, como no os pongáis las pilas, os va a pillar el toro amigos.
servido por leyrecita
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