13 Mayo 2008

- Pasado el 1º de Mayo toca solidarizarse con los trabajadores en huelga: los futbolistas profesionales de primera división.
- Pero esos son millonarios.
-Entonces con los guionistas de Hollywood.
- También son millonarios.
-Pero son intelectuales.
***
Al oír decir a un político: “sigo en el cargo por mi sentido del deber con España”, apago la radio. No sé si habla de la España de Unamuno o de la España de Manuel Vilas. Yo me conformo con animar a la selección en la Eurocopa, a la selección de España.
***
La hermana de la princesa pide protección ante los acosos de la prensa. Por una vez, en contra del fiscal, seré monárquico.
“¿Acaso soy el guardián de mi hermano?”, Génesis.
***
Al morir el ex presidente Calvo Sotelo han sido unánimes los elogios. Se ha recordado su bonhomía, se ha olvidado su apatía. Ahora se va Rijkaard del Barca y se cita su elegancia, ignorando los dos últimos años en blanco (no en azulgrana). No hay como irse, o como morirse.
Si quieres recibir abrazos, visita los tanatorios.
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12 Mayo 2008
De pequeño mis amigos querían ser policías, o médicos. Mis hermanas enfermeras. Yo bombero. Ir con la manguera apagando incendios, sorteando el humo con la mascarilla. Hacer sonar la bocina. Tenía un camión rojo.
Ahora estoy con mis compañeros probándome el casco. La manguera aún no la hemos visto. Dicen que desde el 11-S los bomberos estamos de moda. El uniforme impone. La verdad es que este traje azul me sienta bien. Azul, con franjas horizontales amarillas, fluorescentes. Y las coderas rojas. Las botas son más aparatosas, casi ortopédicas. A prueba de fuegos. Me miro en el espejo y me veo más alto, bien uniformado. En el parque, de bomberos, nos dan las instrucciones, nos recuerdan la importancia de nuestra misión, nos avisan de los riesgos y nos infunden confianza. Dice el capitán que somos los mejor preparados: jóvenes y atléticos. Yo me veo más alto, pero nunca me había tenido por atlético. Las horas de gimnasio han dado su fruto. Nos miramos unos a otros y asentimos. Estamos dispuestos a hacer turnos, a salir disparados ante cualquier alarma. Luego llegarán los reconocimientos, los aplausos, las fotos, y podremos ir por la calle con la cabeza alta. El éxito está garantizado. Veo en la tele que unos compañeros se manifiestan, alguna reivindicación pendiente. Aquí, en cambio, disfrutamos a la espera de nuestro debut. Un escape de gas, una colilla olvidada, un presunto suicida que amenace caer desde el tercer piso. La colchoneta veo que es mullida. Y está en garantía. En la etiqueta dice que soporta más de trescientos kilos.
En el trastero encuentro mi camión entre los juguetes viejos. Le falta una rueda y está algo bollado, pero lo pondré en la estantería del salón, junto al diploma de primeros auxilios, al lado de la foto de boda. Cerca de la foto de mi mujer, que murió en un incendio.
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4 Mayo 2008
Estoy acabando La guerra del fin del mundo de M. Vargas Llosa. Allá por la selva brasileña, los fanáticos religiosos luchan y rezan sin pausa, sin futuro. También hay un revolucionario de izquierdas, pero está menos trazado el personaje. En el escritorio me esperan nuevas aventuras. Me esperan los poemas de R. Carver, La realidad y el deseo de Cernuda, los jóvenes poetas de Los niños están bien, la novela de Cristina Grande, las últimas de I. McEwan, de B. Gopegui, de J.J. Millás, los cuentos de Murakami, de T. Wolf, relecturas de Cela… y tantos otros para el disfrute de los próximos días. Pero hay una espina en la flor. Recientemente tuve que abandonar la lectura del libro de un amigo. Los libros son objetos de consumo y como escribía ayer J. Goytisolo lo que no se comprende en un abrir y cerrar de ojos no interesa. No interesa al mercado, ni a los lectores. Ese libro que he dejado de leer me hace entender que, ante todo, somos lo que no leemos. Me queda una sensación de amargura ante esta no-lectura, como de un fracaso. Me siento como un padre que se aburre con los juegos del hijo, un mal padre, como quien bosteza en la cama ante susurros de amor. Como un mal lector, como un mal amigo, como un amante no saciado. Y pienso en el hueco del ascensor. En el agujero de las rosquillas, en lo incompleto. En cómo los deseos, siempre irrealizados, nos configuran. Voy a volver a La guerra del fin del mundo sabedor de que las guerras habidas no pueden ser tan tristes como las por venir.
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4 Mayo 2008
Hay algo de impúdico en el disparar de una cámara. Es un acto de rebeldía, o de omnipotencia. Con un simple clik, parece que detenemos el mundo. Luego al contemplar las fotos te ensimismas con pequeños detalles que nunca habías percibido. También es peligrosa la fotografía. Como la literatura, como el arte, como un robo a la naturaleza. Una afrenta contra la realidad. La ficción - porque las fotos son una ficción, una recreación del mundo, una suplantación de la realidad, entre la imaginación y el deseo-, la ficción nos traslado a esos espacios de la memoria que evocan colores mágicos, sombras que nos acechan. En una tele digital ves cómo las imágenes se desplazan, como si licuaran, como el agua de la piscina que se desplaza como las olas. Pero en la piscina no hay olas. Y aquí no hay playa. Seguiré pirateando fotos. Me da pudor disparar la cámara.
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1 Mayo 2008
Revista EÑE
DIARIO DE ANTONIO MUÑOZ MOLINA
9
de septiembre de 2005
...Me concentré mucho en la lectura de Roth, preparando la entrevista del miércoles,
que al final me temo que no salió muy bien. Tan sólo una hora, a palo seco, sentados
cada uno a un lado de una mesa larga de
reuniones, rodeada de sillas vacías, en una
oficina que casi era un cuarto trastero, en la agencia de Andrew Wylie.Muy en el fondo, lo
que sentí nada más llegar allí fue una cierta vejación. Un empleado me abrió la puerta y
enseguida estuvo claro que yo allí no era más que un periodista de un país de segunda
categoría y de un periódico cualquiera.No tengo ya costumbre de ser tratado sin el menor
rastro de la consideración que suele depararme mi nombre.No estoy acostumbrado a
estar con personas del mundo literario para las que soy un desconocido. Lección difícil
de humildad. Roth me preguntó con moderada curiosidad,“What is your background?”,
y yo le contesté, tontamente, “I am a professional writer”. “A professional writer!” Le debí
de parecer bastante tonto, o fatuo. El nerviosismo, la falta de confianza y de tiempo, me
estropeaban el inglés. Un poco antes de que hubiera pasado la hora llegó la fotógrafa y a
Roth se le notó mucho el alivio de que terminara la entrevista. Salí bastante deprimido,
irritado conmigo mismo, aunque me animé luego, comiendo con Elvira en lo que fue
La Côte Basque, con la presencia fantasmal de Truman Capote. Me pondré a trabajar en
mi libro en cuanto cierre este cuaderno. Como un augurio, acabo de mirar por la ventana
y veo la luna en cuarto creciente sobre los rascacielos de Central Park. En realidad
lo que me mortifica con respecto a Roth es la sensación de haber quedado como un tonto
delante de alguien a quien admiro mucho. Un deseo frustrado de agradar al maestro, yo,
que durante toda mi vida me he especializado en esa habilidad no siempre noble, desde
que era un niño en la escuela. No ser mirado como un colega por otro escritor: ni siquiera
ser visto como una persona inteligente.
Hoy es el cumpleaños de Elena, a la que añoro tanto: parece mentira, 16.

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1 Mayo 2008

Todos deberían saber que leer, como fumar, tiene sus riesgos:
1.- Quienes leen mucho acaban ciegos. Primero son esas gafitas de intelectual, luego las de culo de vaso y acabas como Galdós o Borges, contratando a una tierna manceba que te lea a los pies de la cama.
2.- Quienes leen mucho acaban trastornados. Como don Quijote, o Cela. Una alumna mía me decía que hay por ahí un tonto ambulante que se quedó así de tanto estudiar. Al parecer se tomaba todo tipo de psicotrópicos para mantenerse despierto mientras leía y leía.
3.- Leer agota tu economía. Los libros son caros y no se pueden bajar con el emule. Los que están en internet son clásicos y por tanto largos, así que si los lees en la pantalla todavía te quedas más ciego (ver punto 1).
4.- Leer complica la vida doméstica. Acumular libros se convierte en una obsesión que requiere espacio, metros de estanterías desordenadas, dolorosas cajas en el trastero, mesitas de noche polvorientas... Con la amenaza de cónyuges o hijos: Elige, los libros o nosotros. Y esa pregunta estúpida de las visitas no lectoras: ¿Te los has leído todos?
5.- Leer complica la vida amorosa. ¿Todavías estás leyendo? Pues me duermo...
6.- La lectura suele ser fuente de toda infelicidad. Quienes no leen no tienen más punto de vista que el que les ofrece su cadena de televisión habitual, su peluquero, su estanquera o su compañero de cañas. No necesita contrastar visiones distintas de un hecho, ni ponerse en lugar del otro. Asume que la realidad es plana. Y es feliz.
7.- Los libros generan frustración. La lectura te muestra vidas que nunca llegarás a vivir y lugares que nunca conocerás. Te permite imaginar a los personajes y lugares de las historias del modo que tú quieres. Luego vienen los de Hollywood y te plantan al guapo de turno en unos paisajes de Nueva Zelanda que te cagas, y ya está, tu gozo imaginado en un pozo, porque cómo les explicas tú a los espectadores de la sala que lo que tú habías imaginado era mejor.
8.- La lectura es algo lento y repetitivo. A ver, ¿qué ha cambiado en la lectura en los últimos dos o tres milenios? ¿Leemos más rápido? ¿Se lee a través, renglón sí, renglón no? Nada. Siempre igual, una línea detrás de otra. Y encima hay que esperar más de una hora (una semana, un mes) para que nos cuenten el encuentro amoroso de una pareja, el remordimiento por un crimen, la frustración por una vida anodina, la conquista de una libertad.
9.- Leer no sirve para obtener admiración. Por si alguien no se ha enterado, ser buen lector no cotiza en la bolsa de la vida social. Que alguien cite a buenos lectores que salgan en la tele: ... (silencio prolongado). Antes, con lo de mayo del 68 y todo eso, aún se ligaba citando a Camus, a Brecht, a Quevedo. Pero ahora, como no cites a Jaime Peñafiel...
10.- La lectura no está al alcance de todos. Digan lo que digan, el placer de leer está reservado a unos pocos. Son esos pocos los que gozan casi pecaminosamente cuando descifran un clásico, cuando sienten las pasiones que se imaginaron hace siglos para que les lleguen a ellos casi en exclusiva, cuando se quedan varios días en estado de shock después de leer buenas novelas, cuando se estremecen leyendo un poema, cuando lloran o ríen entre líneas, cuando recomiendan furtivos lecturas que no se venden en Carrefour, cuando no pueden salir de casa sin un libro en el bolsillo, cuando miden sus vidas por los libros que leyeron en cada época... Son una élite, peligrosa y exquisita, que procura captar miembros para su secta, pero que también sabe que muy pocos serán los elegidos. ¿Lo eres tú?
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1 Mayo 2008
El corazón tiene razones que la mente desconoce.
B. Pascal
El amor reside en el cerebro (como todos los demás sentimientos del ser humano), y hace muchos años que eso se sabe; pero el lenguaje ha trasladado la sede del amor a otro lugar: el corazón. No podía concebirse que los razonamientos y las pasiones anduvieran revueltos en un mismo lugar. El cerebro ha sido reservado por el lenguaje para las decisiones racionales; y el corazón, para las pasionales. Por eso se pueden comprender los impulsos del enamorado, porque salen (im-pulso) con la fuerza de la sangre y de los latidos, el poder de la naturaleza, y forman el pulso que nos anima. El coraje. Y por eso se disculpa todo aquello que se hace con el corazón; y, tal vez por esta influencia sublime que tienen las palabras en nuestra manera de pensar, los tribunales acceden a considerar circunstancia atenuante todo aquel comportamiento que resulta de la pasión, del impulso cardíaco, visceral, sanguíneo. Aunque su única residencia esté en la cabeza.
La seducción de las palabras. Alex Grijelmo
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1 Mayo 2008
No me gustan los helados
no me gustan los crucigramas
¿qué me gusta?
no me gusta madrugar
no me gustan las fiestas de guardar
me gusta guardar fiesta
no me gusta obedecer
me gusta no obedecer
no sé mandar
¡no me mandes nunca más!
hoy no llueve
las sábanas se apelmazan
mañana no madrugaré
es bonito no madrugar
cuando no llueve
me gusta pasear
me gustas tú
¿aún no te has dado cuenta?
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