Laberinto

Cuando localicé su residencia había cambiado de domicilio: sin previo aviso, como los gatos. Tardé horas en recorrer esas callejuelas que me acercaban a ella, a su recuerdo. Sudé al subir esas cuestas que me llevaban a nuestro pasado, a los paseos acompasados, a nuestras breves discusiones, a los estallidos de euforia, a la serenidad en su compañía.
No entendía cómo se había cambiado de dirección sin avisarme. Ahora sólo sé que éramos un laberinto, y tocaba superar otra pueba.
En las escaleras hallé un gato muerto. Desvié la mirada hacia el macetero que florecía iluminado tras una persiana.
La nueva inquilina me dio pistas sobre su nueva casa. Seguí mi deambular por las calles. Sabía que la encontraría; aunque fuera como la última vez, escondida tras las gafas de sol.
No hallé ni una nota en su casa. Ni un adiós, ni una nueva despedida.
Como una gata, la encontraron desnuda, entre las sábanas.


Noiserfan dijo
Cada uno de nosotros es un laberinto. En cada esquina nuevas emociones nos acechan con los ojos abiertos en canal, como lechales colgados en la cámara frigorífica de la carnicería. Nos abandonamos sin conocer bien los motivos, huimos en vagones hechos de la luz de la mañana, sin avisar a quien sabemos que nos buscará. Mitad por sentirnos libres, mitad por apresarlos en su remordimiento. Huimos de nosotros y de ellos. Las cartas de despedida sólo se dejan en las películas y en los sueños; como los sueños sólo se dejan en las noches -esos constructos de múltiples pasillos iguales-.
Gracias por inspirarme
23 Mayo 2007 | 11:09 AM