Ropa deportiva
Me refugio tras los cristales
en un mayo lluvioso,
machadiano por lo melancólico,
con el aleteo triste de los pájaros,
con los paraguas desplegados,
contemplando la belleza,
tan mal repartida ella,
que se airea entre chándales caídos.
La ropa deportiva se impone en el día a día,
con el algodón bajo las nubes
sacude las pupilas más perezosas.
Me salto las esquelas al hojear el diario,
por muy democrática que sea la muerte
prefiero la dictadura del paisaje,
la miopía que confunde
el esplendor con la juventud.
Tímidos rayos de sol,
escurridizos y refrescantes,
asoman buscando un lugar
en una mañana tristona y caprichosa
que me moja,
que nos moja a todos.
Cuando me crezca el pelo
me compraré un chándal.
