Ayuda
En Logroño se come el flan con tenedor. Hay ciudades en las que se come bien. En Logroño también se bebe. Y se tapea. El vino alimenta. Y emborracha. En Logroño te hablan en vasco y en árabe. Me hablan de Quevedo. Que era feo, irónico y sentimental. De Shakespeare que escribía para ganar dinero y para entretenerse. No como ahora. O sí. De Kafka que nos avisó de lo que nos venía encima. Y nosotros sin enterarnos, sin querer entenderlo. O sí. Escribo desde un ciber, un ciber para jóvenes hasta 35 años. Me dejan escribir a mí que ya no tengo 35 años. El ordenador va mal, muy mal, tan mal como el de mi compañera de la izquierda que no sé que edad tiene pero me pide ayuda. A mí que no soy de Logroño, que no sé comer el flan con tenedor, que he tapeado por Logroño, con Andrea que habla vasco y árabe, yo que sé que estoy soñando, en vasco y en árabe, en un ciber de Logroño. Para mí que hoy soy joven. Los clásicos son jóvenes cada vez que los leemos. Como un simulacro, entre la realidad y el deseo. Como un sueño. Como mi compañera de ciber que me pide ayuda. Que pide ayuda a un joven que sueña. Que se parece a mí, que sueña como yo (con Andrea). El viernes sabré que he soñado, cuando abandone Logroño. Sin Andrea.
