Resulta que hoy una amiga, una buena, muy buena, amiga; intentaba aprovechar que su pareja estaba en casa para ir juntos a buscar a su hija al cole y, así, darle una sorpresa a la niña.
A él, esta idea le pareció bien. Llegado el momento se dispuso a buscar el coche, pero ella prefería ir andando, para disfrutar de la soleada tarde. Esta otra idea, a él, no le pareció tan bien. No por que no quisiera caminar, que tampoco le apetecía mucho, sino por algo estúpido que desvelaré a continuación.
Mi amiga, es una persona abierta, siempre de buen humor. Se podría decir que incluso es guapa; se cuida, se arregla. Es presumida, con una belleza exuberante y rotunda. No, sus medidas no son 90-60-90… ni siquiera, 100-70-100… ni, 110-80-… bueno… ¡¿Qué más da?!...
A pesar de ello, capta más de una, y más de dos, miradas masculinas allá donde va.
Realiza diversas actividades sociales en su ciudad, por lo que es bastante conocida y popular. Cuando sale a la calle, nunca está sola mucho tiempo, salvo cuando la acompaña quien todos piensan que es su compañía… Je, si supieran…
Caminaban rumbo al colegio, y él se iba quedando rezagado; ahora se paraba aquí, ahora allá… Hasta que ella acabó de entender cual era el problema; sus dimensiones hacían que su pareja se avergonzara de tenerla al lado. Sí, sí, así es.
Ya se lo había dicho crudamente en una discusión, pero ella pensaba que había sido en el fragor de la disputa, no queriendo creérselo de verdad. Pero, ahora se lo estaba demostrando. No bromeaba, ni era un arrebato propio del enfado, era lo que realmente sentía.
Sé, lo sé muy bien, que la rabia y la indignación se apoderaron de ella, haciéndola acelerar el paso. Él, ni se inmutó. Se limitó a continuar yendo unos pasos por detrás de ella.
No hubo caminado ni diez metros, cuando la chica se encontró con el primer conocido, un compañero de una de sus múltiples actividades. Se saludaron efusivamente, un par de besos, y continuó la marcha, acompañada ahora por el recién llegado. Una charla animada, salpicada de risas y bromas, con alguna que otra lisonja por parte del caballero, y el otro… Detrás, viendo y oyendo, pero sin acercarse ni hacer intención de presentarse… Ella, interiormente enfurruñada, tampoco lo animó a hacerlo…
Al poco, otro conocido se sumó al paseo, más saludos efusivos, otro par de besos y más charla la acompañaron en su caminar. Los dos le han ofrecido su brazo y ella, esta vez más encantada que nunca, se ha enganchado y el otro… El otro detrás, viéndolo todo pero sin hacer nada…
Ella de vez en cuando giraba la cabeza, miraba a su “compañero” y, maliciosamente, le sonreía guiñándole un ojo, para seguir después con la animada conversación con sus acompañantes.
Ya estaban llegando a las puertas del centro escolar, ella acompañada por tres o cuatro personas más que se habían ido agregando por el camino y él, solo… Detrás, sin hacer la menor intención de unirse al grupo… ¿Cómo explicar, de forma entendible, su vocación de escolta?... Ella no pensaba hacer la más minima intención de integrarlo… Lo sé de buena tinta…
Al llegar al colegio, aun faltaban unos diez minutos para la salida de los niños. En ese tiempo, alrededor de mi amiga se fue formando un corrillo de gente, hablando, bromeando, contando anécdotas… Él ya, en una situación tan difícil de explicar, se mantuvo en segundo plano… y solo…
Lo más divertido ha sido ver la cara de todos, cuando la niña ha salido y, evidentemente, se ha dirigido a los dos… Acababan de entender quién era la sombra de mi amiga… Lo que no han entendido, ni creo que puedan hacerlo es; el por qué de esa distancia tan absurda.
Al llegar a casa, mi amiga no ha dicho nada, solo lo ha mirado y le ha sonreído ladinamente levantando orgullosa la nariz… ¡¡Que se jod….!!
De verdad, como me gustaría que este tipo de cosas ocurrieran más veces… Una de dos, o lo curaban a él de esa supina estupidez para siempre. O por lo menos, la autoestima de ella, no volvería a bajar nunca más… Aunque, despues de esto, no creo que le vuelva a bajar nunca más.

La percepción del egoísmo ajeno, no es más que la expresión manifiesta del egoísmo propio: “Desear lo que otros, han conseguido primero"





