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Y entonces, lluvia de verano...

18 Jul 08

Primero la belleza pura horadando el cielo de verano, este temor respetuoso que se apodera del corazón, sentirse uno tan irrisorio en el centro mismo de lo sublime, tan frágil y tan pleno de la majestuosidad de las cosas, atónito, cautivado, embelesado por la magnificencia del mundo.

Luego, recorrer un pasillo, y de pronto, penetrar en una cámara de luz. Otra dimensión, certeza recién formadas. El cuerpo deja de ser ganga, el espíritu habita las nubes, la fuerza del agua es suya, se anuncian días felices, en un renacer.

Después, como a veces el llanto, cuando es rotundo, fuerte y solidario, deja tras de sí un gran espacio lavado de discordias, la lluvia, en verano, barriendo el polvo inmóvil, crea en las almas de los seres una suerte de hálito sin fin.

Así ciertas lluvias de verano se anclan en nosotros como un nuevo corazón que late al unísono del otro.

“Pues el arte es la emoción sin el deseo, un existencia sin duración”

“¿Qué hacer frente al jamás si no es buscar el siempre en unas notas robadas?”

Después de dos horas de dulce insomnio, me duermo plácidamente.

La elegancia del erizo (Muriel Barbery)

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