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LA HORA DEL LOBO

Blanco sobre Negro. Y algo de Ruido alrededor...

4 Abril 2006

Mi noche con...

El ingeniero, que vive en Clermont-Ferrand y trabaja para la Michelín, encuentra un libro en una librería. Su discurso nos guía a lo largo del relato. ¿Es un discurso dirigido a sí mismo, contra sí mismo, a favor de sí mismo? ¿Es su vida? ¿Es la reflexión sobre su vida o en torno a ella? Y los acontecimientos se suceden. Pocos. Pero importantes. ¿Es que el ingeniero nos está contando su vida, se trata de una narración?Se trata del libro "Seis cuentos morales" de Eric Rohmer. Los relatos que preceden a las películas. Editado por Anagrama, para mí imprescindible, pésimamente traducido; merece el esfuerzo.
Es un libro para leer con los ojos cerrados. Para abrir los ojos ya están las películas. Un tema para seguir hablando... luego.
*****
El ingeniero abre los ojos. Abre la boca. Abrió las palabras; nos sigue diciendo:
De momento, no tengo ganas de relacionarme con nadie. Cuando es preciso charlo con mis colegas de la lluvia y del buen tiempo. No intento cultivar mis relaciones. Aquí el ambiente es austero, pero creo que yo supero la frialdad general.
Este gusto por la soledad es poco habitual en mí. En el extranjero hago amistades en seguida, sin precauciones, porque sé que todos los lazos son frágiles. Aquí, observo y mantengo las distancias. A partir de mi regreso, me ha entrado un frenesí por el estudio. En primer lugar las matemáticas, a las que me han obligado a volver las necesidades profesionales, pero que también cultivo por sí mismas, como me ha sucedido, a rachas, cada dos o tres años. Un día, mientras buscaba en una librería unas obras sobre el cálculo de probabilidades, eché una mirada sobre el estante de libros de bolsillo y compré los Pensamientos de Pascal. No había vuelto a leerlos desde el Instituto. Pascal es uno de los escritores que más me han marcado. Creía conocerlo de memoria: encontré en efecto un texto familiar, pero ya no era el mismo texto. El que yo conservaba en la memoria fustigaba la naturaleza humana en su totalidad. Lo que ahora tenía ante mis ojos era algo intransigente, excesivo, que me condenaba a mí y a mi vida pasada o futura. Sí, se dirigía particularmente a mí.
Mi efervescencia intelectual iba acompañada de un retorno a la práctica religiosa. Y era ahí donde Pascal me molestaba. Me paré donde decía: "tomar agua bendita, decir misas"... Entre los impíos y los santos, no dejaba espacio para el hombre de buena voluntad que yo quería ser.

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

fritz

fritz dijo

que tendrá la ingeniería...

4 Abril 2006 | 10:31 PM

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El Lobo... es bobo.

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