Era simple: soltarlas, en una ráfaga rápida, y alejarse de allí. Eso era. Activar el botón, sentir el peso de la nave aliviarse bruscamente, y seguir sin detenerse, como lo habían hecho tantas veces en los entrenamientos y simulacros por semanas y meses. No podía fallar. Ni siquiera por el dolor que empezaba a compactarle el estómago, ni por el ...
¿El mundo sigue igual, amigo mío? En la lejanía oigo su rumor a veces, cuando la madrugada baja cargada de recuerdos y los días pasan con la palpitante ansiedad de los que esperan su ocaso o su amanecer. No sé bien qué espero atado a este cadencioso ritmo: salir temprano, bajar quebradas, cultivar, esperar las próximas estaciones y escribir....
En noches así, en que la calma pende sobre la ciudad casi como una penitencia incumplida y el hondo silencio ha cercado nuestras vidas con su cotidianidad insalvable, me abrazo a su cuerpo, muy cerca, y le susurro al oído hermosas promesas, como entonces. Pronuncio las palabras con esa cadencia de deseo postergado y anhelante, con esa urgencia v...
Lo peor es la humedad. Sobre todo en invierno, cuando una siente que el frío es un afilado cuchillo, una especie de eficaz bisturí dispuesto a incrustarse entre las junturas de nuestros huesos y abrir, despiadado, sus resistencias, hasta dejarnos en una intemperie gélida y absoluta, a expensas de todo tipo de virus y bacterias. Lo que menos se s...
Siempre que me siento a escribir acerca de lo que sea que me impulse a hacerlo, me pregunto si esa extraña inmersión en el mundo de las letras y la teoría no es simplemente una forma de misantropía muy sofisticada. Entonces me consuelo pensando que tiene que haber de todo pa' que esto sea divertido, como decía hace tiempo una popular canción int...
El lugar de los pobres en la teología
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