Gente como yo.-
No conocía a aquel hombre, e ignoraba por qué él sí sabía quién era yo y por qué mostraba tanta firmeza.
Se sentó frente a mí con gesto severo.
Observé que, sobre él, había un retrato de otro hombre que reproducía fielmente la misma expresión adusta. En uno y en otro, en el de carne y hueso y en el del óleo, se notaba la nobleza de sus gestos, de su mirada, del tono de su voz.
"Te estarás preguntando quién soy yo", me dijo con gravedad.
Hizo una mueca que, en otras circunstancias, podría haberse interpretado como una sonrisa.
Me rogó que no le temiera. "En el fondo, dijo, sabes que no tienes muchos amigos por aquí."
Y era cierto. "Quizás yo, añadió, podría ser uno de ellos."
Me pregunté por qué debía tomar en consideración aquellas palabras.
Efectivamente, no sabía quién era y, por tanto, no podía confiar en él. Sus palabras fueron como dentelladas a mi situación de desamparo. ¿Tenía algo que perder confiando en él?
Tal vez fuera posible que yo hubiera perdido la memoria, o la razón, y aquel lugar fuera una clínica donde se intentara rescatar lo que en mi mente pudiera quedar de mí.
"No deberías temer nada", susurró cuando se dio cuenta del temor que me había dejado mudo. "He conocido más gente como tú."
Mi cabeza se sintió martilleada por la expresión como tú.
Con tus comentarios, tú puedes construir la historia

pedroperico dijo
Uhnn... la cosa promete...(las dosis de incertidumbre prodias por favor acortarlas, acabaré enganchado a las dudas y a los supuestos y no se de un placebo que pueda suplantarlo).
23 Junio 2007 | 02:18 PM