Esperar.-
El secretario me dijo que podía darme un baño y que después podría pasear por los jardines. "Cenaremos a las siete y media." "En punto", añadió.
Ignoro el tiempo que estuve bajo el reconfortante chorro de la ducha. Después opté por dar el paseo que el secretario había propuesto.
Pude comprobar la extensión de los jardines, por los que los perros correteaban libremente. Y también pude observar el muro que, víctima del hambre y la desesperación, había sabido saltar pocas horas antes. Sin embargo, a pesar del descanso y la ducha, ahora me sentía incapaz de volver a saltarlo para huir.
No se escuchaba ningún sonido proveniente de la carretera que estaba al otro lado, y tampoco vi a ninguna persona deambular por allí... Ni criados, ni jardineros... sólo aquel secretario parco en palabras.
Las siete y media. En punto. Una larga mesa dispuesta en el centro del comedor. Sobre el aparador de la derecha, el buffet; sobre el de la izquierda, bebidas diversas y fuentes con todo tipo de frutas. Ninguna criada, ningún camarero.
Empezamos a cenar sin pronunciar una palabra y sin que las miradas de ninguno de los tres llegaran a cruzarse.
Fui yo mismo quien rompió aquel silencio aplastante.
"¿Puedo esperar algo de esta situación", pregunté.
El hombre levantó la vista y me miró fijamente: "Puedes sólo esperar".
El ladrido de un perro en el interior de la casa nos sobresaltó a los tres, pero pude reparar en la autoritaria mirada que el hombre dirigió a su secretario y cómo éste, al recibirla, se levantó y salió apresuradamente del comedor con gesto descompuesto...
Como si algo terrible estuviera sucediendo.

angelsinalas dijo
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29 Junio 2007 | 12:25 AM