La ya tan discutida, controversial y criticada "performance" o "instalación" de Guillermo Vargas Habacuc (cuya víctima fue un perro que murió de inanición), me ha llevado a investigar acerca de este tipo de expresiones artísticas. Y es que siempre he tenido la constumbre de, ya pasado el período de rechazo e indignación, preguntarme qué ha llevado a esa persona a cometer tal aberración, bajo qué paradigmas, conceptos, visiones o excusas se ampara.
Luego de un cierto acercamiento al tema del arte acción y su base teórica, llego a la conclusión de que desde este punto de vista, el aberrante acto se vé legitimado. Y es que, a simple vista, parece que para las diferentes manifestaciones del arte-acción, todo vale. Sin embargo, debo reconocer que, aunque suene cruel o contradictorio, siento cierta identificación hacia estas formas de expresión.
El arte de acción nace en las primeras décadas del siglo XX, a la par de las vanguardias europeas, más precisamente el Dadaísmo. Se corresponde con un cuestionamiento y una nueva concepción del arte y la expresión.
El arte-acción rompe con dogmas, conceptos y reglas del arte "tradicional" o "académico". Por ejemplo, rechazan la concepción del museo como único espacio físico que puede albergar obras de arte. Las performances tienen lugar en distintos ámbitos de la vida cotidiana, se mezclan con ella, la cuestionan. Juegan también con ese concepto de museo que critican; descontextualizan objetos extraídos de la realidad cotidiana, que dentro de una sala de exposiciones toman otro significado. Tal fue el caso de la ya conocida obra de Marcel Duchamp, "La fuente".
Si bien el arte-acción intenta romper con esa concepción de expositor-activo espectador-pasivo, la performance no siempre involucra al público en el acto creativo. Lo que sí está presente en cada una de las performances es esa búsqueda de generar una reacción, de incomodar, de sorprender, de provocar (rechazo, agrado, fastidio, o lo que sea), de llamar a la reflexión y a la conscientización. Muchas veces ligado a críticas y denuncias políticas y sociales o simplemente a diferentes aspectos de la vida del ser humano. Para llevar a cabo esta intencionalidad se utilizan diversos lenguajes. No existen limitaciones: el artista se sirve de la plástica, la fotografía, el audiovisual, la poética, etc. todo al servicio del acto creativo. Parece no existir una ética o limitación en este aspecto. Es legítmo, por ejemplo, que el performer corte la cabeza de una gallina, provocando el rechazo de algunos, la sorpresa de otros, el asco. Esto mismo es lo que se busca, el impacto, la reacción. Por otra parte, esto tiene que ver con el concepto de descontextualización. Ese mismo acto ocurre todos los días en las avícolas, pero sacado de su contexto habitual provoca una reacción totalmente distinta.
En este sentido veo un paralelismo con la instalación de Vargas Habacuc. Quizás la controversia y el rechazo que provocó estuvo dentro de la intencionalidad del autor. Y reconozco que me siento un poco ingenua al haber creído que mi rechazo era parte de una postura crítica que de alguna forma afectaría al autor, y comprender ahora que mi reacción era realmente lo que él buscaba, y de alguna manera legitima el acto. Observando el hecho desde este punto de vista e intentando comprender la intencionalidad del autor con una visión más abierta y fria, hasta podría encontrarse y entenderse la intención. Y es que continuamente vemos cómo se violan los derechos de los animales, cómo se maltratan, se descuidan y se matan. Estos hechos pasan todo el tiempo frente a nuestras narices, pero como los vemos como parte natural y normal del contexto, hacemos caso omiso. ¿Quién no ha visto un perro desnutrido en la esquina de su casa y luego de lamentarse hipócritamente ha seguido su vida como si nada?. ¿Quién no ha visto animales muriendose de hambre en los zoológicos, lugares donde también se los coloca como en exposición?.¿Quién no ha visto animales maltratados en los circos?.Y?, hemos hecho algo?. Quizás algunos sí, pero muy pocos. Sin embargo cuando ocurre esto mismo pero en un contexto en el cual no estamos habituados a verlo, saltamos como pelotas. Y nos indignamos, y juntamos firmas, y nos enfurecemos. Creo que por ahí está la intencionalidad del acto. Puede ser una manera de conscientizar, de que el público reflexione acerca de las aberraciones que se cometen día a día, pero que la ceguera, el vértigo de la vida cotidiana y el individualismo no nos dejan ver. Es tomar un pedazo de la realidad que ignoramos, que se confunde en el contexto y colocarlo frente a los ojos, nítido, claro y apartado, para que lo veamos, nos horroricemos, y de alguna forma reflexionemos.
Todo esto me lleva a pensar que Guillermo Vargas Habacuc debe estar gozoso de todas las campañas y boicots que se han hecho y se quieren hacer en su contra, o en contra del acto.
Puestas en la balanza las dos visiones sobre el tema, creo que pesa más en mi consciencia la injusticia cometida frente a ese animal. Creo que podría heberse intentado el mismo efecto sin sacrificar la vida de un animal. Pero creo que he logrado llegar a comprender en cierta medida lo que quiso expresar el autor (que en sí es legítimo) , que me he quitado la ceguera que me provocaban el rechazo y la indignación.
El tema daría para debatir acerca de la ética y los límites que existen o deberían existir en la expresión creativa, pero eso para otra ocasión...

Guillermo Vargas Habacuc: Otra víctima de la crueldad humana.
¿artista?




