Emociones animales
¿Tienen emociones los animales? ¿Sufren, son felices? ¿Pueden serlo? Lejos de entrar en disquisiciones filosóficas sobre quién tiene sentimientos y quién no, o en debates absurdos sobre quién tiene "alma" y por lo tanto es capaz de sentir algo tan elaborado como la felicidad, Eduard Punset propone una respuesta tan clara y sencilla como contundente en su libro "Viaje a la felicidad". Punset busca la respuesta a estas preguntas en la biologÃa para llegar a conclusiones a mi parecer aplastantes por su propio y grande peso. Imagino que son igual de evidentes para cualquiera que tenga una mascota:
El hecho fundamental a tener en cuenta, sin embargo, es que las emociones -aunque transiten por oficinas dispares- tienen su sede oficial en el cerebro reptiliano. Tal vez por eso me ha costado siempre aceptar la tesis de que los reptiles y, con menos motivos todavÃa, los mamÃferos no humanos, incluidos los primates sociales, no tienen emociones. SerÃa paradójico que en el curso de la evolución los homÃnidos hubieran situado el control de las emociones en el cerebro evolutivo si careciera de experiencia en estas lides. Con toda probabilidad, cuando hablamos de felicidad estamos refiriéndonos a una emoción compartida con el resto de los animales y gestionada desde la misma zona cerebral: la amÃgdala. Negarlo supone no solamente descartar la evidencia cientÃfica sino la empÃrica, pero ¡resulta tan cómodo ignorar las emociones de los animales!
Hasta aquà sencillo ¿no?, pero las implicaciones de que sea la amÃgdala quien al fin y al cabo modula las emociones, lleva a una consideración que a menudo olvidamos: ser felices es un imperativo biológico instintivo, irrenunciable, vital y necesario:
El vaje a la felicidad que da tÃtulo a este libro tiene todos los visos de haberse iniciado en nuestro pasado prehumano, como el bostezo contagioso heredado de los primates y la mayorÃa de los instintos básicos, como el de supervivencia o de reproducción. Compartir con el resto de animales el mismo origen y la misma distribución fisiológica no sólo no desmerece la importancia del viaje a la felicidad, sino que le confiere la fuerza arrolladora de un instinto básico. Es el primer paso para entender los efectos devastadores de la infelicidad -la ausencia de felicidad- sobre el metabolismo de las personas y su equilibrio mental. Estamos hablando, nada más y nada menos, que de la represión continuada y la postergación a otra vida de un instinto tan básico como la respiración.
No renunciemos pues a ser felices...

cris dijo
Yo también estoy leyendo este libro. Estoy disfrutándolo de verdad
4 Julio 2008 | 04:57 PM