
La obra de Almodóvar, injustamente, ha sido acusada de sólo saber reflejar con exactitud el universo femenino, cómo si esto no fuera suficiente. Fue entonces, tras los honores recogidos por Todo sobre mi madre, cuando el manchego se plegó hacia lo más íntimo de si mismo y entregó dos películas absolutamente divergentes, pero que cada una, a su manera, se aproximaban al auténtico significado de aquello que llamamos lo masculino: Hable con ella y La mala Educación.
Se trata, antes que nada, de historias protagonizadas por hombres, pero que sobre todo se vuelven masculinas en el laberinto en que se forman: gris, opaco, enrevesado y exento de esperanza. Hable con ella es una obra que más que escrita está insinuada, y La mala Educación una película tan sórdida que tenemos que reconocer la verdad dentro de su juego de mentiras. La primera consiste en una tragedia humana, la segunda también pero además flirtea con el cine negro; géneros, sobre todo este último, que entran dentro del mal llamado cine para hombres. Mejores o peores, con estas dos películas Almodóvar demostró su capacidad para conocer cualquier sensibilidad y sobre todo nos enseñó que lo de masculino y femenino es una cuestión para el que lo siente (o lo sufre), y no para el que lo define
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La transformación de Steven Spielberg
servido por losglobosdeorodescarlett
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El año 1993 dos peliculas, Parque Jurásico y La Lista de Schindler, llevaron a Steven Spielberg a la cima de su carrera. Con la primera se coronó como el rey del entretenimiento que ya era y pulverizó los registros de taquilla del mundo entero. Con la segunda llegó aun más lejos: la crítica se inclinó a sus pies y Spielberg recogió uno de los palmarés más impresionantes del cine moderno. La noche de los Oscar fue su consagración; se repartió primero las candidaturas y más tarde las estatuillas entre las dos películas, tanto los premios principales como la pedrea. De una vez por todas lograba el Oscar a la Mejor Película y al Mejor director que tantas veces le habían negado.
Doce años después, cuando ya (casi) nadie duda de su calidad, volvió a la gala de los Oscar con dos trabajos estrenados en un mismo año. De un lado el entretenimiento de La Guerra de los Mundos, del otro el drama histórico de Munich. Películas homólogas a las de 1993 pero que paradójicamente se colocan en las antípodas de estas, casi como si fueran su cara b o su antítesis. La Guerra de Los Mundos es un blockbuster tan fantástico e imposible como lo fuera Parque Jurásico pero se aproxima a un terror que jamás transmitieron aquellos descomunales dinosaurios. El caso de Munich es más elocuente aun: se trata del negativo de La Lista de Schindler. La loa al pueblo hebreo sustituida por el cuestionamiento de la política exterior del propio Estado de Israel. De alguna manera parece como si Spielberg gustara, como rey de Hollywood que es, de poner en tela de juicio su propia filmografía.

Pero esto no es nuevo, Inteligencia Artificial, La Terminal, o Minority Report, con mayor o menor fortuna, dejaban claro que Spielberg ya no es el que era. Aunque esto, sin desmerecer su carrera anterior, no tenga que ser necesariamente malo
Curiosamente en el 2005 ninguna de sus dos películas logró ganar ni una mísera estatuilla
servido por losglobosdeorodescarlett
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