19 Marzo 2006
CARLOS PEÑA GONZÁLEZ
Son dos tipos de liderazgo que se enfrentan en un mismo partido: la UDI. Joaquín Lavín, a diferencia de Jaime Guzmán, no construyó su figura a punta de ideas que tratan de conciliar la lucha por el poder con la eternidad.
Incluso ya avanzada la primavera se hacía acompañar de un auxiliar que antes de iniciar las clases prendía una estufa. Era como si su extraordinaria frialdad de ánimo de pronto se transmutara en pequeños escalofríos físicos. Vestía abrigo y unas gafas gruesas, que hacían ver sus ojos más pequeños y más redondos de lo que seguramente eran. Calvo, esmirriado y pálido, tenía una mandíbula que comenzaba ancha y luego se angostaba en el mentón. Cuando reía mostraba unos dientes levemente desordenados. Por eso su sonrisa tenía esa rara juventud.
Rezaba un padrenuestro y un avemaría al principio de la clase. Y se persignaba justo antes de comenzar a explicar que una cosa era la dictadura que entonces vivíamos, y que él apoyaba sin ningún género de culpas, y otra distinta el totalitarismo, del que, gracias a Dios, habíamos sido salvados.
En su conjunto nada hacía pensar que él -ese sujeto de aspecto tímido que, con calma chicha, dictaba clases sin auxilio del más mínimo papel, y citaba sin citar a Vásquez de Mella, a Lira, a Philippi, a Manzer- fuera capaz, sin que se le moviera un pelo, de participar en polémicas, erigir una justificación ideológica al golpe militar, redactar una Constitución, pelearse con obispos, aconsejar a Pinochet, manejar los pasillos del poder, fundar un partido político, romper otro, cooptar a algunos de sus rivales, y todo eso inspirado en una amalgama de hispanismo católico, corporativismo medieval, conservantismo a la Hayek, costumbres algo neuróticas, deseo de poder y ansias de salvación eterna. Nada hacía pensar que ese profesor hipnótico que respiraba un tomismo más o menos elemental, andaba en micro y se dejaba tutear, y cuya fama de inteligente se consolidó como por milagro -cuando en Chile apenas había universidades, los intelectuales eran pocos y el debate público brillaba por su ausencia-, llegaría a ser el líder más astuto y más carismático que ha tenido la derecha en Chile.
Porque la UDI debe su existencia -aunque no necesariamente su futuro- a la porfía de iluminado, la paciencia de estratega y la ceguera pragmática de Jaime Guzmán Errázuriz.
Por eso la UDI, más que un partido leninista (por lo del centralismo democrático), se parece a una empresa familiar, o a los inicios de un credo religioso.
Es una de esas organizaciones donde a la hora de decidir quién manda, las redes simbólicas y el recuerdo personal pesan más que el mérito y la competitividad. Un ejemplo casi perfecto de esas agrupaciones donde lo adscrito gravita más que lo adquirido; el compromiso emocional, más que la neutralidad afectiva; la confianza personal, más que la lealtad a las reglas, y la planificación centralizada, más que la competencia entre sus militantes. Un partido, en suma, que está dominado por una minoría consistente que ha sabido echar al olvido su apoyo a la dictadura y ganar la adhesión del electorado, sin modificar, me temo, ninguna de las creencias básicas que en ese entonces le permitieron justificar todo.
No es raro, entonces, que la UDI logre entusiasmar a personas de credos y convicciones disímiles (en sus cuadros dirigentes hay desde conservadores a la Hayek a discípulos envejecidos del cura Lira) y a amplios sectores populares. Es que así son las minorías consistentes. Y así es la política. Después de todo, ritos más, ritos menos, todos los partidos aparecen tarde o temprano dominados por una pequeña oligarquía que selecciona a la dirigencia, controla los procesos, formula las ideas y castiga a los disidentes.
Hasta que llega el día en que esa oligarquía comienza a envejecer y necesita renovarse.
Las razones para que eso ocurra son muchas. El carisma se rutiniza y ni siquiera el recuerdo de los mártires logra despertar entusiasmo. El capital simbólico se despilfarra por dos o tres incidentes incontrolables. Los competidores adquieren conductas nuevas que requieren ser emuladas. El fracaso repetido en la competencia electoral desprestigia a la dirigencia. Y así. Como quiera que sea, las minorías dominantes son desafiadas por la mayoría. Es lo que hoy le ocurre a la UDI.
Pero por supuesto, lo más probable es que la sangre no llegue al río y que, como ha ocurrido otras veces, se eluda la democracia directa.
El recuerdo de Jaime Guzmán vendrá de nuevo en su ayuda.
Porque Jaime Guzmán nunca atribuyó a la democracia un valor intrínseco (de ahí que no temiera perder las elecciones y fuera capaz de ceder cargos con tal generosidad, que incluso sus adversarios lo agradecían). Él pensó (y así lo exponía con una elocuencia elegante y tono definitivo) que la legitimidad de ejercicio era la que de verdad importaba; ¿si el poder se ejerce con corrección y con miras al bien común, solía preguntar, qué importa la manera en que se haya originado? Creyó también que la voluntad del electorado debía subordinarse a entes supraindividuales como la Nación. Si la Nación ha soportado el plebiscito de los siglos, ¿por qué habríamos de arriesgar su unidad por mayorías transitorias? Es probable que un argumento semejante -donde en vez de la Nación se invoque al Partido y donde en vez de siglos se hable de años- se oiga por estos días en la UDI.
Se trata, sin embargo, de un argumento que es difícil conciliar con el otro liderazgo -harto distinto al de Guzmán- que la UDI ha logrado producir.
Me refiero al de Joaquín Lavín.
Joaquín Lavín no se ha interesado mucho en el hispanismo y sospecho que el tomismo, más allá del estrictamente necesario para mantener la fe, lo tiene sin cuidado. Él, a diferencia de Guzmán, no construyó su liderazgo a punta de ideas que tratan de conciliar la lucha por el poder con la eternidad. El suyo es un liderazgo de soluciones rápidas y eficientes, atento a responder las demandas y las expectativas de la gente. Lo suyo no es la nación. Tampoco el pueblo. Lo suyo son las audiencias y los consumidores. El liderazgo de Lavín no guía, sigue. No se apresura en decirle a la gente adónde hay que ir. Se preocupa primero de saber adónde quiere ir la gente y luego se dispone a aprovechar esa fuerza a favor de lo que cree.
Esas son, sospecho, las dos fuerzas que hoy día se enfrentan -con dura gentileza y algunos portazos- en las asambleas de la UDI. De una parte, los amigos de Guzmán en su mejor época de consejero del príncipe y, de otra, los políticos jóvenes que han saboreado, al lado de Lavín, la embriaguez de la competencia electoral. Y sospecho que si Jaime Guzmán estuviera vivo, echaría mano a su astucia de ajedrecista, y fiel a las circunstancias optaría poco a poco por oír a los más jóvenes. No, claro, porque les atribuyera especial clarividencia, sino porque en él -junto al hispanista, el católico anticlerical y el conservador a la Hayek- habitaba alguien que sabía que para mantener el poder no siempre se puede ir contra la corriente.
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19 Marzo 2006
Hermógenes Pérez de Arce
El impedimento que tiene la derecha para ganar elecciones reside en que no ha podido atraer hacia sí al tercio de centro, es decir, a la DC, cosa que, en cambio, ha logrado la izquierda radical-socialista.
Sí, ya sé. Hace unos meses declaré "clínicamente muerta" a la derecha. Es que era (y es) tal el predominio de la Concertación en el manejo de la agenda pública y de los medios, que la Alianza parece a ratos cataléptica. El oficialismo crea y modifica las imágenes políticas del pasado y de la actualidad a su amaño. Pero, siendo ello verdad, si uno hace un balance de los resultados no puede negar la evidencia de que a la derecha, pese a todo, le ha ido bien. Pocos se han dado cuenta, es verdad, porque ha sido una y otra vez derrotada en elecciones a lo largo de dieciséis años, pero el hecho es que hoy día goza de una fortaleza electoral que no conseguía desde la década de los '40 del siglo pasado.
Sabemos que antes de 1973 el electorado chileno estuvo dividido en tres tercios: izquierda, centro y derecha. Pues bien, hoy día esta última se halla empinada bastante por encima del tercio, como que obtuvo un 47 por ciento de los votos en la elección presidencial reciente y un 39 por ciento en la parlamentaria, al tiempo que uno de los partidos que la forman, la UDI, es hoy el mayor del país. Los otros dos tercios teóricos, la izquierda radical-socialista y el centro DC, aun si se añadiera a la primera la votación de los comunistas y sus compañeros de ruta, están bastante por debajo de sumar dos tercios matemáticos. El impedimento que tiene la derecha para ganar elecciones reside, entonces, en que no ha podido atraer hacia sí al tercio de centro, es decir, a la DC, cosa que, en cambio, ha logrado la izquierda radical-socialista.
La imposibilidad de una alianza de centroderecha se originó hace muchos años, más de cuarenta. En 1964, elegido Presidente el DC Eduardo Frei Montalva, con los votos de su partido y de la derecha, se presentó la oportunidad de reeditar en Chile el "milagro" encabezado por la DC alemana, con un gobierno de centroderecha y una economía libre y socialmente eficaz.
Sin embargo, pese a gozar de condiciones externas extraordinariamente favorables (alto precio del cobre, ayuda foránea cuantiosa y gran simpatía internacional), y a que ganó gracias a la derecha, Frei Montalva se inclinó a la izquierda, fundado en una "vía no capitalista de desarrollo". Esta, más allá de sus indefiniciones, resultó inefectiva para lograr el crecimiento económico y el bienestar social, al punto de que tanto la izquierda como la derecha se fortalecieron a su costa, relegando a la DC al tercer lugar en la elección de 1970. Y ante el virtual empate en dichos comicios de aquellas dos fuerzas, la DC, una vez más, se inclinó a la izquierda y posibilitó con sus votos en el Congreso Pleno el gobierno socialista-comunista que, en mil días, devastó al país, lo puso al borde de una guerra civil y estuvo a punto de consumar un autogolpe totalitario.
Tras el gobierno militar, que recibió una nación en ruinas y devolvió "la joya más preciada de la corona latinoamericana" (Bill Clinton), nuevamente se abrió la oportunidad de estructurar un poderoso y mayoritario frente de la DC con los partidos de derecha. Pero aquélla, otra vez, prefirió la alianza hacia la izquierda, formando la Concertación actual.
Este permanente "sesgo a siniestra" obedeció en gran parte a la inspiración sostenida de un destacado dirigente y parlamentario, Radomiro Tomic, que siempre empujó a la DC en ese sentido, fundado en su slogan: "cuando se gana con la derecha, es la derecha la que gana". Todo un sofisma, pues cuando la DC ganó con la derecha fue cuando más cosechó, en tanto ésta fue la que perdió y casi desapareció del mapa político (1965). En cambio, en su alianza con la izquierda, en estos dieciséis años, la DC ha perdido posiciones y enfrenta un futuro problemático, mientras la izquierda ha salido gananciosa. Ya van dos elecciones presidenciales en que la DC ni siquiera ha podido presentar candidato propio. Además, ha disminuido sus votos y ha dejado de ser el principal partido del país. Mientras tanto, el ala socialista de la Concertación se ha fortalecido y la ha superado.
Es decir, administrando un tercio del electorado, el del centro político, la DC lo ha convertido en el más pequeño de los tres. Claro, en retroceso electoral y todo, recibe compensaciones. No le han sido escatimados cargos públicos, sobresueldos, embajadas, indemnizaciones millonarias y otras prebendas. Ha recibido un precio alto a cambio de dar a la izquierda una credencial democrática.
La derecha, a su turno, si bien ha estado largo tiempo fuera del poder, ha disfrutado de no pequeñas satisfacciones políticas. En primer lugar, ha visto cómo el modelo de desarrollo económico-social que ponen en práctica los sucesivos gobiernos concertacionistas se parece mucho más al que ella siempre prohijó que a los proyectos propios y originarios de la izquierda (socialismo marxista-leninista) y de la DC (socialismo comunitario). En segundo lugar ha conseguido una envidiable representación parlamentaria y municipal, largo más allá del supuesto tercio que representa, en senadores, diputados, alcaldes y concejales.
Pero no ha podido vencer a los dos tercios restantes, porque la diosa Fortuna ha favorecido a éstos con una coyuntura económica mundial de altos precios del cobre y materias primas, acceso al crédito externo con bajas tasas de interés y apertura comercial (otra idea de derecha, originalmente rechazada por la izquierda), que en conjunto han traído bienestar a la mayoría, pese a que la minoría más pobre, perjudicada por inflexibilidades laborales y otras intervenciones dirigistas en los mercados, sufre privaciones y desempleo (entre el cinco por ciento indigente la desocupación bordea el 50 por ciento). El actual gobierno ha logrado también un gran avance en infraestructura, fundado, asimismo, en otra idea de derecha, la privatización de las obras públicas a través de concesiones.
Con todo, la derecha ya se ha acercado dos veces peligrosamente a conquistar el poder: una en 1999-2000, cuando alcanzó el 49 por ciento de los votos, y otra en 2005-2006, cuando obtuvo el 47 por ciento. Es decir, cualquier traspié político interno de cierta entidad u otro shock externo del estilo de la crisis asiática podría trasladar algunos puntos porcentuales desde la Concertación a la Alianza y darle el triunfo a ésta en una próxima elección presidencial.
Es, entonces, como para que la DC se ponga a reflexionar. Sobre todo si se ve acicateada por su progresiva jibarización, por el visible deterioro de los valores morales en que funda su doctrina y por el debilitamiento de la familia, pilar tradicional del ser democratacristiano.
Por consiguiente, la derecha, hoy el tercio más fuerte de la política chilena, debería estar disponible para integrar un frente como el que Frei Montalva renunció a constituir hace cuarenta años. Esos dos tercios de centro-derecha, electoralmente imbatibles, nos habrían librado de los males que vinieron después y brindado décadas de tranquilidad y prosperidad que nos tendrían hoy ya en el primer mundo.
Si "la verdad tiene su hora", como escribió Frei Montalva, y siendo verdad que un frente del centro y la derecha podría mejor que ningún otro triunfar en las elecciones y garantizar la solidez moral y material del país, parece ser ya hora de ir pensando y haciendo lo necesario para que, antes del término del breve mandato presidencial actual, se convierta en una realidad.
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17 Marzo 2006

Miguel Fauré Polloni
“Le pido a las autoridades británicas que traigan a Chile al senador Pinochet”, decía un Ricardo Lagos adusto y contundente. Han pasado ya ocho años de aquella frase. Pocos recuerdan esa ocasión. Lagos ya no era el del dedo que sentenciaba al dictador y tensaba a los televidentes. La fase presidencialista de su proyecto personal estaba en marcha. No da puntada sin hilo, cada maniobra política que lleva a cabo está fríamente calculada. El futuro del saliente presidente chileno no pretende alejarlo de las esferas del poder. Todo lo contrario. Ha comenzado otra fase del plan.
La Cuarta Vía de Lagos
Chile, laboratorio del Neoliberalismo. Buen título para reflejar nuestra realidad. El Chile de Lagos es el fruto de 33 años de aplicación férrea y sin concesiones de un neoliberalismo implacable. El libre albedrío de las autoridades ilegítimas que tomaron las riendas del Estado con el golpe fascista, fue el caldo de cultivo para la imposición violenta de cánones económicos de nuevo tipo.
Primeramente se desmembró el aparato estatal, se le arrebataron sus fuentes de recursos más importantes y se dejó el rumbo económico nacional al poder de la Banca. Con la llegada de la “democracia”, el esquema se mantuvo intacto. Ni siquiera hubo cambios al nivel de los “gestos” que tanto agradan a Lagos. Pinochet, libre de culpas, dejaba en gloria y majestad la Comandancia del Ejército y se acomodaba en su sillón senatorial. A los pocos años, el propio Lagos pediría su retorno a Chile tras ser atrapado por las argucias legales del juez Garzón.
Para llegar a la presidencia, Lagos tuvo que sudar frente a un candidato derechista de poca monta, estúpido y sin carisma, pero capaz de aglutinar tras de sí el descontento de los sectores populares. Habían transcurrido entonces 10 años de Concertación y el resultado no agradaba a la gente. Para remediar esta debilidad, Lagos reordenó las filas, pactó con la DC y selló su compromiso con el empresariado. Desorden e inestabilidad marcaron el primer tiempo de su gestión. Los casos de corrupción que se le calzaron a varios de sus personeros causaron un remezón aleccionador. Salvado por la campana, Lagos presencia el cuestionamiento público a la “honorabilidad” de la Derecha tras salir a la luz pública casos de pedofilia entre las filas de la Alianza. Una reunión privada del presidente y el timonel de la UDI Pablo Longueira fue el cierre de ambas tensas situaciones. El silencio se impuso. La prensa independiente fue acallada, los canales involucrados en las denuncias fueron sancionados. Mejor no hablar de ciertas cosas.
Entonces nace la Cuarta Vía de Lagos: una aparente solidez republicana basada en el consenso entre los bloques dominantes, a favor del neoliberalismo en su estado puro y todo cubierto con una fachada de progresismo. Perfecto. Listo para ser exportado. Lagos, su creador, ha puesto todas sus astucias maquiavélicas en pos de este engendro político que ya se puso en marcha.
Lagos, el Dictador Democrático
Frases claras, sentencias lapidarias. Una figura que ofrece garantías de "gobernabilidad". Tal vez es este último punto el que más se ha hecho notar. Numerosos historiadores coinciden en emplazar un rasgo conductual chileno en la búsqueda obsesiva de la estabilidad, la "paz social" y la armonía en base a un republicanismo pocas veces interrumpido en nuestra vida como nación. El afán de escapar al "bananerismo" de las repúblicas vecinas, enfrascadas en los ires y venires caudillescos, hizo de nuestra política el arte de conservar el status quo. Vale recordar aquí que los intentos progresistas de Allende, en esta lógica, eran calificados de ser dispositivos atentarorios a la estabilidad y la conservación de los valores de la Nación.
Lagos se ha hecho sinónimo de estabilidad y gobernabilidad. La capacidad demostrada de contentar por igual a los partidos de su coalición y la oposición, al empresariado y al sindicalismo corrupto, se reflejan luego en las encuestas realizadas por centros de pensamiento afines también a las "cualidades maravillosas" del ciudadano Lagos. ¿A costa de qué consigue esta paz social el Patriarca? Durante el sexenio de Lagos la represión policial a las movilizaciones sociales se agudizó en extremo. En esta línea está la creación de la Agencia Nacional de Inteligencia, organismo destinado únicamente a la infiltración de organizaciones políticas de izquierda y movimientos sociales radicales. Cada movilización de alto voltaje ha sido desarticulada contando para ello con la colaboración de los medios. Los piquetes portuarios, los alzamientos mapuche, las revueltas estudiantiles dejan tras de sí cantidades irracionales de detenciones, heridos y persecuciones posteriores.
Esta cara violenta, represiva y autoritaria le valió a Lagos el respeto de la Derecha y el empresariado. "Autoritarismo Ilustrado", le llama el zalamero y hoy pro-concertacionista semanario Punto Final a esta política. Y no deja de tener un poco de razón. A la par que inaugura una de las bibliotecas más modernas del continente, amenaza explícitamente a las mujeres deudoras habitacionales que le increpan sus promesas incumplidas. "El más intelectual de nuestros gobernantes" afirma El Mercurio (medio oficial de la Derecha conservadora, involucrada en la gestión del golpe contra la UP). Lo curioso es que en su faceta intelectual, destaca una de sus primeras publicaciones "La concentración del poder económico", en donde augura que la única solución para nuestros pueblos es la lucha revolucionaria.
El futuro del Patriarca
Existen dos tareas inmediatas para Ricardo Lagos. La primera, a nivel internacional, posicionarse como uno de los líderes de la socialdemocracia mundial, exportando su modelo incluso a naciones con gobiernos derechistas. Para ello planificó una serie de giras regionales, en las cuales aterrizara mediante seminarios. cátedras magistrales y publicaciones en los centros de pensamiento más reputados. En tales viajes agenciará reuniones con personeros de numerosos partidos de la socialdemocracia, con el fin de vender de primera mano su Cuarta Vía, a cambio del apoyo para su postulación como secretario general de la ONU.
Desembarcar en Naciones Unidas tuvo su primer paso al momento de -en jugada maestra- negar su voto a favor de la intervención norteamericana en Oriente Medio a la par que aceptaba de forma inmediata el envío de tropas chilenas a la ocupación de Haití. De esta manera se ganaba el respeto de los países "progresistas" tanto como el apoyo de Washington. Luego, Lagos instaló en la cabecera de la OEA a su mano derecha, José Miguel Insulza, jefe del lobby que acerca al Patriarca al sillón de Kofi Annan. Fue este último quien realizó el primer gesto al convocarlo para reformular la orgánica del organismo internacional.
En el plano interno, Lagos ha organizado un equipo de negociadores dentro de sus aliados al interior de los partidos de la Concertación para gestionar la creación del gran Partido Laguista: el Partido Por el Progreso, PPP. Se supone que tal operación no debiese implicar mayores tensiones en la medida que el PPD fue creación suya, con mero propósito instrumental. A su vez, Lagos conserva su militancia y legitimidad en el PS y el PRSD no posee el peso necesario para oponerse seriamente a un intento que, de marginarle, significaría su desaparición. Lagos, astutamente, recuerda con insistencia su primera militancia radical y su actual doble militancia PS-PPD como símbolo de que esta unidad es posible y que él es el mejor ejemplo. De esta forma, ya no sería necesaria la DC, no por lo menos al nivel actual. El descenso de la votación democristiana, junto con un aumento progresivo de las preferencias hacia el bloque progresista y liberal de la Concertación han trazado la cancha con claridad. Piñera lo olió y de ahí sus coqueteos con la tienda falangista.
Lagos pretende llegar a la Moneda el año 2010, el del Bicentenario, como candidato del PPP. Pretende volver al palacio gubernamental como el gran símbolo republicano, como el sinónimo de un Chile vanguardia latinoamericano, cuasi desarrollado y con una democracia y un neoliberalismo afiatados y bien aceitados. Sin embargo, la fiesta se le puede aguar en cualquier momento. El rey está desnudo y las últimas investigaciones del caso MOP-Gate le pueden hundir en el fango de la Historia como el promotor de la corrupción de los últimos vestigios del Estado Nacional. Las pomposas ambiciones del Patriarca penden de un hilo... y un martillazo de Tribunales.
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15 Marzo 2006

ISAAC ASIMOV
El primero en intentar hacer un estudio detallado de la historia pasada y previsiblemente futura de la Tierra sin recurrir a la intervención divina fue el geólogo escocés James Hutton. En 1785 publicó el primer libro de geología moderna, en el cual admitía que del estudio de la Tierra no veía signo alguno de un comienzo ni perspectivas de fin ninguno.
Desde entonces hemos avanzado algo. Hoy día estamos bastante seguros de que la Tierra adquirió su forma actual hace unos 4.700 millones de años. Fue por entonces cuando, a partir del polvo y gas de la nebulosa originaria que formó el sistema solar, nació la Tierra tal como la conocemos hoy día. Una vez formada, y dejada en paz como colección de metales y rocas cubierta por una delgada película de agua y aire, podría existir para siempre, al menos por lo que sabemos hoy. Pero ¿la dejarán en paz?
El objeto más cercano, de tamaño suficiente y energía bastante para afectar seriamente a la Tierral es el Sol. Mientras el Sol mantenga su actual nivel de actividad (como lleva haciendo durante miles de millones de años), la Tierra seguirá esencialmente inmutable. Ahora bien, ¿puede el Sol mantener para siempre ese nivel? Y, caso de que no, ¿qué cambio se producirá y cómo afectará esto a la Tierra?
Hasta los años treinta parecía evidente que el Sol, como cualquier otro cuerpo caliente, tenía que acabar enfriándose. Vertía y vertía energía al espacio, por lo cual este inmenso torrente tendría que disminuir y reducirse poco a poco a un simple chorrito. El Sol se haría naranja, luego rojo, iría apagándose cada vez más y finalmente se apagaría.
En estas condiciones, también la Tierra se iría enfriando lentamente. El agua se congelaría y las regiones polares serían cada vez más extensas. En último término, ni siquiera las regiones ecuatoriales tendrían suficiente calor para mantener la vida. El océano entero se congelaría en un bloque macizo de hielo e incluso el aire se licuaría primero y luego se congelaría. Durante billones de años, esta Tierra gélida (y los demás planetas) seguiría girando alrededor del difunto Sol.
Pero aun en esas condiciones, la Tierra, como planeta, seguiría existiendo.
Sin embargo, durante la década de los treinta, los científicos nucleares empezaron por primera vez a calcular las reacciones nucleares que tienen lugar en el interior del Sol y otras estrellas. Y hallaron que aunque el Sol tiene que acabar por enfriarse, habrá períodos de fuerte calentamiento antes de ese fin. Una vez consumida la mayor parte del combustible básico, que es el hidrógeno, empezarán a desarrollarse otras reacciones nucleares, que calentarán el Sol y harán que se expanda enormemente. Aunque emitirá una cantidad mayor de calor, cada porción de su ahora vastísima superficie tocará a una fracción mucho más pequeña de ese calor y será, por tanto, más fría. El Sol se convertirá en una gigante roja.
En tales condiciones es probable que la Tierra se convierta en un ascua y luego se vaporice. En ese momento, la Tierra, como cuerpo planetario sólido, acabará sus días. Pero no os preocupéis demasiado. Echadle todavía unos ocho mil millones de años.
servido por losvagosdelaplaza
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15 Marzo 2006
15 Marzo 2006
15 Marzo 2006
14 Marzo 2006

DIARIAMENTE RUEGO A TODOS LOS SANTOS, DE QUE MI MARIDO RUBÉN, NO SE ENTERÉ DE LO QUE SUCEDIÓ EN CASA, MIENTRAS ÉL SE ENCONTRABA COMPARTIENDO CON SUS AMIGOS.
Resulta que Rubén mi esposo y yo luego de tres años de casados, decidimos mudarnos a su pueblo, para que desde hay él aparte de llevar su práctica privad administrase la hacienda que había heredado de su abuelo. Desde que llegamos fuimos recibidos cordialmente tanto por su familia, como por gran parte de sus amigos de la infancia y de su juventud. Rubén es Contador o Contable y eso de administrar y llevar negocios se le da muy bien, al punto que apenas nos habíamos instalado en la gran casa de la hacienda, le comenzaron a llover negocios, de las otras haciendas para que él se hiciera cargo de toda su contabilidad. Hasta esos momentos la verdad me sentía de lo más ilusionada, pero al poco tiempo su trabajo comenzó absorberlo mucho, al punto que había días que se acostaba sin hablarme prácticamente. Luego para completar, comenzó a salir con sus amigos, y en ocasiones no era que no llegaba a casa, sino que se los traía a todos, y me tocaba a mí que atenderlos mientras él y sus amigotes se ponían a recordar cosas de su niñez. En ocasiones me molestaba, pero no se lo hacía ver, para no dar un show en la casa. Pero a pesar de tratar de controlarme, siempre algo se me debía notar, ya que uno de sus más grandes amigos, comenzó a sencillamente a preocuparse mucho por mi estado de animó. Durante esas visitas en principio él compartía con Rubén y el resto de sus amigos un rato, pero luego Marcos que es como se llama dicho “amigo” de mi esposo, se dedicaba a charlar conmigo en uno de los corredores de la casona. Pensar, que cuando estaban hablando sobre problemas de falda, el tal Marcos era el primero en decir que él como buen amigo sería incapaz de hacerle una proposición deshonesta a la mujer de un amigo suyo, alguno se burlaban de sus expresiones, pero la mayoría las tomaba en serio. Ya que dicho individuo, tenía fama de jamás faltar a su palabra, fuera cual fuera la circunstancia en que la hubiera dado. Durante un buen tiempo me acostumbré a la presencia de Marcos, aparte de que era un magnifico conversador, también resultaba ser una persona que sabía escuchar a una. Marcos pasó a ser mi paño de lágrimas, como quien dice. Mientras que Rubén, poco era el caso que me hacía realmente, por lo que cuando llegaban los fines de semana yo íntimamente deseaba su llegada. Para colmo de males un buen día me doy cuenta de que mi marido, le encantaba ver películas porno, y en la oficina tenía un archivo completamente lleno de esas películas, en VHS. sin que él se diera cuenta, yo comencé a mirarlas también. Lo que me trajo en consecuencia el que comenzara a pensar en sexo de manera casi constante, para completar la hacienda de la familia de mi marido se dedicaba a la re-cría de reses para carne y leche, por lo que era común ver como le soltaban las vacas a los padrotes, y estos realizar con tanto esmero su labor. En ocasiones desde una de las ventanas de nuestra habitación, podía ver casi en primera fila sin que nadie me viera, como los toros montaban a las vacas, y en el fondo llegué hasta envidiarlas. Aunque desde niña en el colegio de las monjas nos decían que no debíamos tocarnos bajo la falda a no ser que no fuera por cuestiones de aseo personal, y de manera muy reservada, yo con el tiempo descubrí lo bien que me sentía cuando me acariciaba mi coño yo misma. Por lo que de cuando en cuando, cuando mi marido no me atendía por estar tan inmerso en su trabajo, yo esperaba que él saliera y rápidamente me ponía a ver una de esas películas, como ya les dije sin que se enterase, me encerraba en nuestra habitación y a medida que pasaba la película me iba yo acariciando mi clítoris, y los pezones de mis tetas, al principio. Pero luego comencé a llevar a mi habitación uno que otro pepino, con los cuales me satisfacía, a medida que miraba dichas cintas, me acostaba en la cama y mientras miraba la pantalla, comenzaba a introducirme el pepino, en ocasiones observaba como iba desapareciendo dentro de mi coño, para luego volver a verlo emerger. Llegó un día que no pude aguantar más la situación, y entre lágrimas le conté a Marcos parte de lo que me estaba pasando, ya que aunque le tenía mucha confianza, me daba mucha vergüenza el llegar a detallarle todo lo que yo misma me hacía, cuando estaba sola. Realmente no se que buscaba yo con eso, pero él me prestó tanta atención durante el tiempo que estuvo charlando conmigo, que para serles sincera me sentí muy bien. Durante unas semanas, me pude controlar gracias a los consejos del amigo de mi esposo, me pidió que me pusiera a caminar, que dejase de ver esas cintas, que ocupase mi tiempo en cosas constructivas, y realmente eso funcionó en parte. Hasta cierto momento, en que Rubén sencillamente no se daba cuenta de que yo existía. Llegó uno de esos fines de semana y ante la expectativa de que Marcos apareciera, se me metió entre ceja y ceja, el seducirlo. Pero para serles franca no sabía como hacerlo, lo único que tenía de referencia eran los videos, en los que yo veía que cuando una tipa de esas se quería acostar con un hombre, sencillamente le mostraba sus partes intimas. Además de ser sumamente complaciente con esa persona, pero como les dije eso eran los videos, y realmente en el fondo tenía un miedo tremendo de lo que pudiera suceder. Pero entre una cosa y otra me armé de valor, de paso me encontraba molesta con mi marido, ya que una de las cocineras me vino con el chisme, de que lo habían visto entrando temprano y saliendo tarde, del burdel que hay a las afueras del pueblo. Yo me imaginaba que algo de eso podía estar pasando, pero no lo consideré una traición, como tal. Sencillamente es algo común entre los hacendados de esa región, pasar de cuando en cuando por ese lugar. Pero decidí seducir a Marcos de manera particular, primero me puse una ropa bastante llamativa, que desde luego mi marido ni atención le puso, luego de la acostumbrada reunión del viernes en la noche, Marcos como de costumbre se sentó frente a mí en uno de los corredores de la casona. Él si se dio cuenta de inmediato de mi ropa, y aparte de alabar mi buen gusto por mi manera de vestir, le prestó una mayor atención a mis piernas, por aquello de darme algo de valor, comencé a tomar una copita de vino, mientras charlaba con el amigo de mi esposo. Ocasionalmente cambiaba mi posición al sentarme, con toda la intención de llamar más su atención sobre mis piernas, cada vez que lo hacía me sentía un poco más atrevida, mientras que el tal Marcos miraba discretamente mi oculto coño tras las pantis, o se extasiaba viendo mis senos que prácticamente se encontraban casi totalmente fuera de mi blusa. En una de esas, pude observar un enorme bulto en sus entrepiernas, pero discretamente oculto bajo sus manos. En esos momentos nuestra conversación se tornó algo atrevida, habíamos comenzado hablar sobre el negocio de Rubén, en términos generales y durante los últimos cinco minutos el tema era sobre un condenado toro, y de la manera en que se lo tiraban a las vaquillas. En ese momento me dieron ganas de ir al baño, y tras disculparme por un momento con la excusa de ver que todo el mundo fuera debidamente atendido, entré a orinar al terminar se me ocurrió quitarme las pantaletas a ver como actuaba Marcos. Al regresar apenas me senté frente a él, le dejé ver abriendo mis piernas, sin vergüenza alguna de mi parte, que no tenía nada puesto. Él desde luego se dio cuenta de ello de inmediato, su mirada quedó fija entre mis piernas, eso lo delató al momento. Mientras que mi esposo, se dedicaba continuar charlando y bebiendo con el resto de sus amigotes, sin ponerme la menor atención a mí. Claro que en ese mismo sitio sería demasiado arriesgado de mi parte el que yo continuase con mi plan, por lo que se me ocurrió sencillamente el pedirle a Marcos que ayudase a colocar el nuevo equipo de DVD en mi habitación, el último regalo que mi esposo me había dado. Él aceptó gustoso, y sin llamar la atención nos dirigimos al dormitorio de mi esposo y mío, me aseguré que nadie de la servidumbre nos fuera a ver, por Rubén no me preocupaba sabía de sobra que únicamente cuando el último de sus amigotes se fuera, sería cuando él primero se daría un baño y luego se metería a la cama, y por lo general eso sucedía casi a la madrugada, y apenas eran las nueve de la noche, el resto del tiempo lo pasaba en el salón bebiendo y hablando tonterías. Cuando Marcos y yo entramos a mi dormitorio, le pedí que tomase asiento mientras que yo sacaba de su caja el equipo, la verdad es que se me había ocurrido mostrarle algo más de mi cuerpo, pero de manera accidental. Por lo que sin doblar las rodillas me incliné sobre la caja, permitiendo que Marcos me viera las nalgas sencillamente. Yo pensaba en ese momento como podía llamarle aun más la atención cuando lo sentí que me tomaba por las caderas y sin decir nada me enderezó, luego me ha dado un ardiente beso de lengua que me dejó completamente loca y sin idea de que era lo que yo pensaba hacer en ese momento. Sentí el cuerpo del amigo de mi esposo, que me abrazaba y apretaba contra él, yo sencillamente me dejé llevar, y me entregué por completo entre sus brazos. Contrario a Rubén al que amo, a Marcos sencillamente lo deseaba, pero como estaba brava con Rubén decidí continuar hasta lo último con uno de sus mejores amigos. Las manos de Marcos me acariciaban todas, las sentí de momento sobre mis desnudas nalgas, y eso aparte de darme algo de vergüenza, el solo roce caliente de sus manos sobre mi piel, me excitó bárbaramente. Ambos nos besábamos como unos desesperados, a los pocos segundos yo ya me encontraba casi del todo desnuda, con mi ropa a mis pies, mientras que algo desesperada comenzaba a tratar de quitarle la ropa a él. Por debajo de la tela de su pantalón podía sentir el calor y lo duro de su miembro, contra mi piel. Apenas le fui bajando el pantalón y su ropa interior, dejé en libertad a su verga, erecta en un ángulo de más de 60 grados, yo me encontraba casi arrodillada ante Marcos, con mi rostro tan cerca de su cosa, que nada más me bastaba sacar la lengua para tocárselo. En ese momento levanté mi vista y tras ver en su rostro el deseo de que se lo mamase, sin perder tiempo comencé a lamer, chupar y hasta mordisquear su erecta verga. Me comportaba como una loca chupando, y acariciando su pene, y pensar que a mi propio marido, me he negado hacerle eso tantas veces. Pero en el caso de su amigo era algo completamente distinto, como sí para mí fuera casi una necesidad el chuparme su verga. Luego de un buen rato, él mismo me hizo detenerme, me imagino que por no venirse dentro de mi boca, y continuar haciéndolo de otras maneras. Me levanto del piso, y me acostó boca arriba sobre mi cama, yo esperaba deseosa sentir su pedazo de carne dentro de mí, pero en lugar de eso, comenzó acariciar mi clítoris con alguno sus dedos, mientras que con los de la otra mano, comenzó a penetrarme suavemente, primero con un par de sus dedos, pero poco a poco me fue introduciendo los demás y hasta gran parte de su mano. Mientras que con su boca, no se como se las arregló para chuparme los pezones de mis tetas. Durante esos momentos alcancé uno de los más divinos orgasmos que en mi vida había sentido, Pero eso no se quedó así, sin perder tiempo, él comenzó a lamerme el coño como si se tratase de un animal, yo sentía como que mi clítoris iba a estallar, el placer era tal, que por un buen rato me mantuve con mis ojos cerrados, sin importarme que en cualquier momento apareciera mi marido. Marcos dejó de mamarme el coño, y se colocó sobre mi cuerpo, el sentir su caliente y dura verga dentro de mí, es algo imposible de olvidar, tras un rato en esa posición cambiamos y me colocó boca abajó, pero para volverme a penetrar por el coño, divinamente. Yo volví a tener otro divino orgasmo, y creo que mis gritos de placer se debieron escuchar hasta en Pequin. Cuando yo pensaba que todo estaba por terminar, sacó su verga de mi coño, y volvió a introducirme alguno de sus dedos dentro de mi coño de manera tan particular, que casi me orino encima. Pero a medida que me toqueteaba el coño sabrosamente, Marcos comenzó a meter algunos de sus dedos llenos de saliva por mi culo, lo que me asusto algo, ya que jamás ni mi marido siquiera, me había hecho eso. Pero era tan sabrosa la manera en que me estaba metiendo parte de su mano dentro de mi coño, que realmente dejé de prestarle atención a sus dedos dentro de mi culo. Hasta que dejó de hacerlo, y sin decirme nada me agarró y me puso boca arriba de nuevo, me hizo levantarlas las piernas y cuando me vine a dar cuenta ya me tenía un buen pedazo de su verga clavada por el culo, la verdad es que me dolió, pero casi de inmediato, me volvió agarrar el coño, apretando mi clítoris con sus dedos, al tiempo que continuaba metiendo y sacando su verga de mi culo. Aunque la posición era algo incomoda, la verdad es que lo disfruté tremendamente. Ya luego de un buen rato de estar bombeándome, me apretó con fuerza contra su cuerpo, tras lo cual lo dos quedamos exhaustos tendidos sobre mi cama. Al rato nos levantamos, él se aseó y puso su ropa, cuando traté de decirle no se que cosa, me puso uno de sus dedos sobre mi boca, pidiéndome silencio. Desde ese día, Marcos y yo somos amantes. Su esposa es una de mis mejores amigas, y si ella supiera lo mucho que la envidio, de seguro ni me hablaría. Mi marido, ese día se acostó como de costumbre, bien tarde. Hoy en día mi amante y yo continuamos manteniendo relaciones, en ocasiones mi esposo se ha llegado acostar aun con la cama algo caliente, por la estadía de mi amante. Pero ni cuenta de eso se ha dado, el pobre.
servido por losvagosdelaplaza
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