19 Abril 2006
Lo haría (casi) igual.
No puedo creer que ya estamos en la segunda mitad de abril, que solamente tenemos dos semanas y media de clases, que tengo que escribir tantos trabajos, que de pronto me voy. El año que he pasado aqui ha sido excepcional. Aprendí mucho sobre yo misma, la gente y por supuesto el español y viví momentos geniales y fuertes, pero sobre todo lo he pasado muy muy bien. Por supuesto, cada experiencia ha sido distinta, pero creo que la mayoría de mis amigos estarían de acuerdo con mucho de esto:
1. Vive con una persona española. Puedes practicar el español, conocer mucha gente nueva y siempre tener una persona para visitar aquí después de salir del país.
2. Vive en el centro o cerca de las cosas y los lugares que te gustan porque va a llegar el invierno y va a hacer frío y el metro para a las dos y los taxis no son baratos ni faciles de coger por la noche. O por lo menos ten un amigo con quien puedes quedarte que vive en el centro.
3. Camina MUCHO. Yo casi conozco la ciudad mejor que mi compañera de piso —y ella ha vivido aquí por cuatro años— porque caminé un montón al principio del año, me perdí y descubrí nuevos lugares.
4. La linea 3 (la amarilla) es la mejor del metro. Es rápida y central, te lleva a algunos de los mejores barrios de la cuidad: Lavapies, Sol/Callao, Plaza de España (Malasaña).
5. No tengas miedo de ciertos barrios (como dijo Amaury). Lavapies es genial. Hay cafés y bares en la Calle Argumosa (creo que se llama así) donde puedes sentarte y quedarte por horas y horas.
6. No tengas vergüenza ir a Friday’s para “la hora feliz” de vez en cuando. Las bebidas y las entradas son la mitad del precio normal y de vez en cuando potato skins son necesarios.
7. Aquila un coche con amigos y conduzcan…. Es como caminar por el país: vas a perderte y encontrar sitios increíbles.
¡Suerte con todo! ¡Pásalo muy bien!
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29 Marzo 2006
El lunes al leer el periódico estuve muy orgullosa de ser del sur de California. Fue una manifestación con 500.000 contra la ley de inmigración que ha sido propuesto por el Senado. Ya sé que aquí las manifestaciones son más comunes, pero allí no suelen ocurrir mucho o por lo menos con tanta gente. Y había más personas que querían ir, pero porque el tráfico es fatal en Los Ángeles, estaban atrapadas en los autopistas. Los manifestantes llevaban camisas blancas para la paz y no había reportes de ningún problema entre ellos ni la policía.
Entiendo que hay muchas personas, incluso aquí, que ve la inmigración “ilegal” como un gran problema social. Dicen que los inmigrantes sin papeles quitan los trabajos de los demás y usan todos los recursos del estado—llenan las escuelas, los hospitales, etcétera—. Pero no lo veo así. Yo veo a los padres de mis estudiantes que trabajan todo el día para que sus hijos tengan una mejor oportunidad, a mis estudiantes que estudian mucho para que el sacrificio de sus padres no es en vano, a los trabajadores que esperan cada mañana en la esquina de Chapman y Hewes para un camión que les llevará para coger fresas y lechuga.
Están intentando alcanzar una vida mejor, ganar dinero para ayudar a sus familias o dar una oportunidad mejor para sus hijos. Los Estados Unidos es un país fundado por inmigrantes y para inmigrantes. Y si viviera en las mismas condiciones que viven muchos los inmigrantes que van allí o vienen a Europa, yo lo haría lo mismo y no creo que conozca a nadie que actuaría en una manera diferente.
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21 Marzo 2006
No tengo una buena memoria. No puedo recordar mucho de mi niñez, ni de mi adolescencia. Recuerdo fragmentos de mi abuela, la madre de mi madre, quien se murió cuando yo tenía tres años, y muchos de los recuerdos son de la comida—los Lucky Charms que podía comer en su casa, los cucuruchos de colores brillantes que llevaban los nombres de hombres y mujeres, las pastillas de mentas blandas de me daba. Recuerdo visitándole en el hospital, los vasos de plástico amarillo que llevaba conmigo de allí y una visita en la cual le pregunté si iba a morir. También puedo ver claramente cuando mi madre estaba embarazada con mi hermano y le pedí tener un hijo varón (y me complació) y cuando mi hermana nació y lo sabía el momento que sonó el teléfono. Mi memoria es compuesta de momentos, algunos reales, algunos soñados.
Mi hermana es la opuesta. Ella puede narrar su vida desde el principio al fin, puede contar una historia que muchas veces no puedo contar yo, aunque en la historia ella tiene dos años y yo diez. No sé cuál prefiero porque hay cosas que tal vez es mejor olvidar. Por supuesto, cuando queremos olvidar algo conscientemente, siempre es más difícil. Lo encontramos en todas partes, en todas cosas. Parece que nos persigue, nos toca el brazo para que no podamos no hacerlo caso. Pero, claro, todo esto es una ilusión. No existe, de repente, más recuerdos como si fuera una gran broma del destino, sino estamos notándolos más. Es que, lo más que queremos olvidar algo, lo más que estamos pensando en ello. Es un ciclo vicioso que creo que solamente acaba cuando decidimos que no queremos olvidar y entonces, poco a poco olvidamos…si no eres mi hermana.
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14 Marzo 2006
Ayer hacía sol, hacía calor, era una mañana extraordinariamente preciosa. Yo había estado un poco “blah” y por eso decidí que necesitaba actuar. Encontré las chanclas debajo de un montón de zapatos donde han residido desde el octubre, cogí una camiseta, saqué unos pantalones “capris” y me vestí como si fuéramos en pleno verano. Vale, llevé una chaqueta cuando salí de la casa pero en el momento que sentí el sol, la quité. Quería sentir el sol en mis hombros, en mis brazos. Soy una chica de California, necesito el sol para vivir.
Aunque aquí vivo bastante lejos de la universidad, resolví disfrutar del tiempo maravilloso mientras podía. Puse mis auriculares y empecé mi viaje. Me perdía en la música y el sol. No escuchaba el ruido de la calle ni notaba las miradas de la gente. Caminaba según el ritmo de la canción y sonría. De pronto, me di cuenta de que el movimiento de mis labios estaban siguiendo las letras y de vez en cuando, unas palabras se escaparon de mi boca. Pero no me importaba. No intentaba de pararlo, de hacerme parecer más, pues, normal. Yo estaba contenta y no pensaba en cambiar mi actitud ni mis acciones para nada.
Y, de verdad, siempre me encanta cuando veo las personas cantando y bailando en sus coches sin vergüenza, tocando los tambores (o sea, el volante) cuando están parada enfrente de una luz roja. Están completamente sumergidas en un momento de pura alegría. Han dejado toda su vergüenza, y por un rato se permiten vivir completamente. Estamos todos un poco locos.
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7 Marzo 2006
Mi amigo está visitándome esta semana. Es la primera persona que me ha visitado en Madrid y ayer pasamos todo el día caminando por la cuidad. No he hecho esto desde hace el otoño, antes de el frío me hizo esconderme en los trenes del metro y en el autobús, y lo pasé muy bien.
Era interesante ver la cuidad por los ojos de alguien nuevo. Mi amigo nunca había estado en Madrid menos España y me dijo que fue la primera vez que se sintió absolutamente perdido en un lugar porque no habla ni una palabra de español. Fuimos a la Plaza Mayor, al Catedral, al Palacio Real. Pasamos sitios donde yo nunca he estado. Él notó cosas de que yo se me había olvidado que no eran normales para un extranjero.
Y ahora, mientras que escribo, estoy pensando que es muy posible que solamente vaya a estar en aquí por unos tres meses más. Esta no es mi cuidad, no es mi casa. Y cuando me vaya, quien sabe cuál sería la próxima vez que estaré aquí. Tengo que hacer todo que puedo para disfrutar mi experiencia.
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3 Marzo 2006
Necesito la música, creo que es genético. Pero no depende en ningún cantante. Es la canción. La poesía, la voz, la instrumentación. Las canciones comunican cosas que no puedo expresar yo.
No siempre era así. Creo que empezó cuando tenía catorce años. Tenía una relación muy extraña con un amigo—una cosa típica para jóvenes de nuestra edad aunque no ha cambiado mucho durante estos doce años...jaja—. Muchas veces comunicamos por medio de citas de canciones. Él era increíble. Hizo unas canciones de frases de otras canciones. También intercambiamos “mix tapes” que tenían mensajes más o menos escondidos. Todavía identifico ciertas canciones con él, con 1993-1995.
Desde entonces música ha definido la mayoría de los momentos de mi vida. Descubro una canción o un cantante en algún momento o encuentro una canción que ya conozco pero que define exactamente lo que estoy viviendo. A veces pongo una canción para animarme, para recordar algo o alguien, para sentir una emoción. A veces tengo que evitar escuchar a ciertas canciones porque evocan emociones y memorias que no quiero vivir en el momento.
La música es poderosa. Igual que todo el arte. El arte—la literatura, las artes visuales y interpretativas, la música—tiene la capacidad de cambiar la vida, cambiar la historia. Tal vez debo ser artista... ¡Ojalá que tenga algún tipo de talento artístico!
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21 Febrero 2006
Tenía que escapar de Madrid este fin de semana. He estado aquí casi cada fin de semana desde las navidades y aunque tengo muchos planes de viajar en marzo y abril, no podía esperar para irme ni por una semana más. Pensé en ir a la playa porque sueño con ella por lo menos una vez cada semana, pero después de hablar con mi padre y un amigo de la familia, decidí a ir a Londres. Compré los billetes el viernes por la tarde y me fui a las ocho de la mañana el sábado. Los días en Londres pasaron muy rápidamente. No entré en ningún lugar turístico pero vi desde afuera muchas cosas —Big Ben, muchos puentes, el Globe, Westminister Abbey— y de repente fue el lunes. Ya estaba nerviosa porque solamente tenía una escala de 50 minutos en Paris y no sabía si sería posible llegar al próximo vuelo. Encima de esto, el vuelo de Londres a Paris salió media hora tarde. Llegamos en Paris a las 730 de la tarde y el vuelo a Madrid salía a las 8. Había un grupo de nosotros en el vuelo a Madrid y por eso tenía un camión esperando para llevarnos a una puerta especial para acelerar el proceso de la inspección de pasaportes y para que podamos pasar por la seguridad otra vez. Todavía no entiendo esto. Pero lo que es aún más ridículo es que al llegar al avión, nos encontramos con el mismo capitán, los mismos auxilios del vuelo, ¡¡¡EL MISMO AVIÓN!!! Pues, por lo menos, no perdí la conexión.
servido por loxy
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14 Febrero 2006
Mientras que estaba duchando la semana pasada, pensé en llorar, o sea, pensé en cuando y donde lloramos. He notado que mucha gente, y la vida real y en el mundo de la ficción, lloran el segundo que entran en el avión, el bus o el metro o salen a la calle. Imagino que a veces tenga que ver con el hecho que están saliendo de un lugar o despidiendo a una persona querida, pero también pienso que la gente espera hasta que deja un lugar para derramar las lágrimas. No queremos llorar ante de la persona que nos ha dañado, ante de nuestros amigos. Queremos estar solos. Por eso, solo entre las cuarenta personas que están en el tren con nosotros, empezamos a llorar.
¿Qué significa que podemos sentir este tipo de soledad cuando estamos lo menos solos? ¿Qué dice de la falta de comunidad, la anonimia que experimentamos viviendo en una ciudad grande?
Yo he llorado en algunos espacios públicos y algunos medios de transporte. No recuerdo ningún momento en que alguien que no conocía me preguntó que pasó o me ofreció una Kleenex. Pero no estoy quejando de esto. Lo prefiero así. Puedo fingir que nadie me ve y por eso, no siento tanta vergüenza. Sin embargo, cuando veo a la chica llorando en el bus al aeropuerto en Oakland, quiero ayudarle, quiero sonreír para que ella sepa que lo entiendo, quiero ofrecerle un pañuelo aunque es muy posible que no lo quiera.
servido por loxy
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