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lucesdelaciudad

11 Mayo 2008

Portishead, un diamante para noches largas (Third)

Third, de Portishead ha sido, quizá, la sorpresa lujuriosa y codiciada del año, el retorno de los mejores en lo suyo (que no es poco).

Portishead se ha puesto a tocar como si el mundo se estuviera partiendo por la mitad, como si pudieran generar un sonido que fuera mitad lata de Gas Sarin y mitad carcajada homicida. Algo así como un dj desquiciado que le prende fuego a un castillo de cartas marcadas en mitad de la habitación vacía.

El tema "Machine gun" es la marcianada más maravillosa de los últimos años: un ácido volcánico que convierte las cabezas en cataratas de níquel.

Portishead está desafiando a todos como Dios por los altares del pensamiento del siglo XXII.

Hace una filosofía musical en la que se pueden oler muñecas vírgenes quemadas, coches que se hunden en los estanques, elocuentes cadáveres de silicio.

Sigue haciendo un lodo musical impagable; música para escuchar en esas noches que nunca pensamos que podrían ser tan largas.

Larga vida a Beth Gibbons.

Silence, tema enigmático que abre con fuerza el álbum. Recomendado escucharlo varias veces, antes de juzgarlo, ya que te irá envolviendo antes de que te des cuenta. Con Hunter llega lentamente la calma, de una belleza extrema.

Esta sensación continúa acrecentándose lentamente con Nylon, donde la voz de Beth se deshace en una delicada desesperación que acompaña a un ritmo "in crescendo", buenísima.

Y llega The Rip, sonidos que te elevan a un plano superior. Plastic y We Carry te sumergen en un trance magistral experimentando diferentes ritmos en cada una de ellas.

Con el inicio de Small pensarás que te vas a reponer, pero será una calma ficticia. Es el tema más largo del álbum en el que una tristeza densa y con toques psicodélicos se apoderará de vos durante los casi 7 minutos que dura el tema. Con la meláncolica Magic seguirás en otra dimensión, el tiempo se detiene…Y por último, la estremecedora Threads cierra el álbum, y con ella terminan los 49 minutos de magia.

Tags: third, portishead

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7 Mayo 2008

Tord Gustavsen, la caricia nórdica

Tord Gustavsen es un músico noruego que se ha logrado consolidar, con sólo tres álbumes como un referente del nuevo jazz europeo y deja a años luz al jazz contemporáneo norteamericano, sin nuevas propuestas.

En pocos años, Gustavsen, han sorprendido a la escena mundial con un jazz culto, elegante, sofisticado y pulcro, de una belleza lírica, minimalismo expresivo y frescura creativa hasta las lágrimas, música que conmueve.

Se graduó en Musicología en la Oslo y actualmente realiza su tesis de Doctorado, además de una ardua tarea de investigación en las fuentes de la psicología de las relaciones desarrolladas por el psicoanalistas alemanes y noruegos, abordando temas como la paradoja de vivir y la dinámica del arte con un acercamiento apasionante a la noción antigua de dialéctica, sobre las paradojas de la vida y el arte, dilemas como la cercanía _distancia, el instante y el tiempo, la satisfacción y la frustración, las analogías entre la intimidad física, social y musical, el ser en un grupo social, en una relación y en el erotismo dialéctico de improvisación musical.

Gustavsen maneja maravillosamente bien los silencios y la tensión, con mágica intensidad nos seduce y nos acaricia con la extraordinaria delicadeza de su pulsación y perfección técnica. La batería y el contrabajo, a la misma altura susurrando al rededor del piano y privilegiando el desarrollo melódico. El virtuosismo individual no existe, eludiendo la demostración superflua.

Alguna vez leí por ahí que es el único músico que le hace el amor al piano, consecuente ¿no?

Los tres discos del trío han sido publicados por el sello alemán ECM, Changing Places, 2003, The Ground, 2005 y Being There, 2007.

Extraordinaria sensibilidad.

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2 Mayo 2008

La Cara B de Jorge Drexler

El otorrinolaringólogo (qué difícil escribir eso) devenido en músico, Jorge Drexler, divide las aguas de la crítica pop. Para algunos es alguien que no tiene nada que decir (o lo dice con mediocridad) y para otros (me incluyo) es una buena variante para regresar a las canciones claras, tranquilas. Como un bajativo.

Al amparo de su última gira española, Drexler publicó su directo "Cara B", un compendio de 34 canciones con el formato intimista de siempre, interactuando con el público, usando samplers y poníendole voz a canciones de Leonard Cohen, Caetano & others.

Minimalista, el uruguayo tiene algunas perlitas transformadas en canción (Flores en el mar, Deseo, Soledad, Zamba por vos), que bien incluidas están. "No hay nada peor para esta seriedad que tomársela en serio", dice el aterciopelado ganador de un Oscar por haber compuesto la banda de sonido de "Diarios de Bicicleta".

No te va a cambiar la vida, pero la vas a pasar bien escuchando los dos discos que trae Cara B.

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17 Abril 2008

Nacho Vegas, caballero español

Es hora de recapitular las hostias que me ha dado
el mundo. Hoy vendrán a oír mi
último adiós. Bien. Uno a uno van
llegando y yo los recibo en batín.

Y unos me llaman chaval y otros me dicen caballero. Alguno no se ha querido pronunciar. Yo una vez tuve un amor, pero si he de ser sincero dije "no" en el altar y cuando digo no es no.

Fracasé una vez, fracasé diez mil y aun así alzo mi copa hacia el cielo en un brindis por el hombre de hoy y por lo bien que habita el mundo. ¡Mirad, las niñas van cantando! (Niñas): Shalalaralalá...

Y no me habléis de eternidad. No me habléis de cielos ni de infiernos. ¿No veis que yo le rezo a un dios que me prometió que cuando esto acabe no habrá nada más? Fue bastante ya...

Nunca fui en nada el mejor, tampoco he sido un gran amante. Más de una lo querrá atestiguar. Pero si algo hay capital, algo de veras importante, es que me voy a morir y cuando digo voy es que voy.

Lo he pasado bien, y casi conocí en una ocasión a Michi Panero, y es bastante más de lo que jamás soñaríais en mil vidas. ¡Mirad, las niñas van cantando! (Niñas): Shalalaralalá...

Dejadme preguntar: ¿Es esto el final? Y si es así, decid: ¿Me vais a extrañar? ¡Ah, veo que asentís pero yo sé que no!

Qué lástima, no dejaré nadie a quien transmitir mi sabia; consideré insensato procrear. Y diréis de mí que soy un viejo verde y cascarrabias, y diréis muy bien, y cuando digo bien es bien.

¡Largo ya de aquí! ¿Qué queréis de mí? ¿Es mi alma o es mi dinero? Si de uno carezco y la otra es una anomalía en esta vida. ¡Mirad, las niñas van cantando! (Niñas): Shalalaralalá...

¡Y unos me llaman chaval, y otros me dicen caballero! ¡Alguno declinó mi oferta para hablar! ¡Yo una vez tuve un gran amor, pero si os he de ser sincero dije "no" en el mismo altar, y cuando digo no quiero decir que no!

He bebido bien, y casi conocí en una ocasión a Michi Panero, y ahora brindo en paz por la humanidad y por lo bien que habita el mundo. ¡Escuchad, os lo diré cantando! (Viejo): Shalalaralalá...

Has...ta... nun...ca...

Tags: nacho vegas

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16 Abril 2008

Los libros cambian la sangre

Todo lo que sé, menos amar, lo aprendí de los libros. Aprendí a aislar correctamente una losa plana en un libro de Chamorro y los pesares hondos de la guerra en Las cosas que llevaban, de Tim O’Brian. Aprendí a cocinar un risotto en el libro de la Petrona de Gandulfo, y a escamotear la muerte de un niño para que el efecto final en el lector le sea tan desgarrador como a sus padres en El mundo según Garp, de John Irving. Aprendí a hacer trucos de naipes con Cartomagia, y a asustarme con Horacio Quiroga. Aprendí a estudiar con El tesoro de la juventud de Jackson y con la Enciclopedia estudiantil de la editorial Códex. Aprendí miles de palabras en el Ocrán-Sanabú.

Hay libros objeto, libros de reportajes, manuales técnicos, libros de autoayuda, de cocina, de matemáticas, de astrología. Hay libros coleccionables, libros para tirar, libros para recortar. Hay libros para niños, para mujeres, para hombres solos, para parejas que no se llevan bien, para profesionales, para tontos, para los que no quieren leer, para los que no saben leer, para ciegos. Hay libros de ficción. El mercado de los libros de ficción, incluso, necesita del mercado de la no ficción como del aire para respirar. Normalmente las editoriales viven de los otros libros para poder publicar las novelas que quieren.

“Los intereses del escritor y los de sus lectores nunca coinciden, y cuando lo hacen no es sino un afortunado accidente”, escribe Auden. Está hablando de poesía, en donde no importa tanto entender exactamente lo que el poeta quiso decir. “Exactamente” significa dejar de lado toda ambigüedad. La poesía es un género transgresor que basa su experiencia en la traslación de un estado de ánimo. Podría decirse que se contenta en esa traslación. Sin embargo, leer es traducir. Siempre.

Auden también dice que un mal lector es un mal traductor: interpreta literalmente cuando debe parafrasear, y parafrasea cuando debe interpretar literalmente.

Podemos desgrabar un largo reportaje, pero será casi imposible de publicar sin el paso previo de la corrección. El entrevistado tal vez añorará el tono coloquial, el recuerdo de su experiencia mágica frente al micrófono. Pero el acto publicado debe ser terso, suave, sin los tropiezos del idioma hablado. Se deberá poder leer de cabo a rabo, de un tirón.

Lo mismo ocurre con los manuales técnicos, que habitualmente están explicados para nadie. Es muy difícil encontrar un manual técnico que se entienda. ¿Por qué tiene que saber comunicar una idea escrita alguien que sabe de instalaciones sanitarias? Y viceversa: ¿Qué hace alguien que dice saber escribir metiendo mano en un libro de instalaciones sanitarias?

Cuando la incoherencia toca a los libros de ficción, el problema es total.

PILAS Y PILAS DE LIBROS

Tengo más simpatía por los libros que por la literatura. Y tengo una afición-fascinación particular por aquellos que, sin la total necesidad de estar perfectamente escritos, sus autores hicieron un esfuerzo desmedido, adicional, literario, por hacerme entender lo que querían decirme.

Uno de mis libros favoritos, a la hora de ilustrar este ejemplo, es La dieta médica Scardale. El que lo termine, sentirá la absoluta, irrenunciable necesidad de ser un soldado Scardale. Está escrito para las multitudes, pero le hace sentir al lector que fue hecho sólo para él. Otro es Cómo ganar amigos, de Dale Carnegie. Son libros que casi, casi, son adaptaciones. Adaptación de una dieta y de un curso lleno de datos ambiguos, comerciales. No sólo explican lo que deben, sino que, además, lo hacen interesante y ameno. Comunicar sencillo algo que es complicado, aunque parezca fácil, es lo más difícil de la experiencia de la escritura. Si no me creen, prueben. Cuéntenle a un ciego cómo es el color rojo.

Los manuales técnicos y de divulgación científica, desde el libro del hámster hasta el Sobrevila de electricidad, suelen ser pedaleadas cuesta arriba. Están llenos de defectos, con frases del tipo: “La corriente eléctrica afecta a los niños”, para recomendarnos poner tapitas en los enchufes más bajos de la casa. El libro del hámster, ya que lo cité, dice cosas como que el hámster adulto puede llegar “a matar hasta sus propias crías, al canibalismo, al autocanibalismo o cosas aún peores”. Busqué sin suerte el teléfono del autor en la guía para preguntarle qué cosas aún peores conocía que el autocanibalismo, ese horrendo ejercicio de comerse a sí mismo. No hay caso: salvo por poquísimos ejemplos, los libros técnicos y los de divulgación suelen ser para dormirse o para reír.

Escribir un libro de divulgación científica corre con un riesgo adicional: el de contar algo que como técnicos nos llena de orgullo y gracia pero que, a la hora de la narración, puede no lograr contagiar ese orgullo y esa gracia. Un libro de divulgación científica o artística debería, inevitablemente, ser la traducción de una euforia, aunque casi nunca lo logren. Lyndon Johnson le dijo una vez a Kennedy: “¿Nunca has pensado que pronunciar un discurso de economía se parece a hacerse pis en tu propia pierna? Es cálido para ti, pero para nadie más”. Espero leer algún día un libro de economía que pueda subir a mi lista de tops; me encantaría encontrar uno así. Depende de que los economistas quieran que me entere de sus secretos, lo que podría llamarse “generosidad”, y de que sepan cómo transmitirlos para que se dejen leer, lo que podría llamarse “eficiencia comunicacional”. Mi curiosidad dispuesta, por el momento, es lo único que tienen.

Los libros técnicos suelen ser tan malos que después de leer dos o tres, por necesidad o por deseo de aprender algo más, dan ganas de tirar la toalla de la lectura “seria”. Uno llega a creer: Claro, no son para entretener, son para educar, para ayudarme a pensar. Pero lo cierto es que están mal escritos. No saben decir lo que quieren. Y en este no saber hay un conato de irrespeto por el que lee. Esos autores suelen ser más soberbios que un Papa hablando de sexo. Para esos autores lo único que cabe es un editor de textos. El editor no cambia conceptos, los aclara.

La edición es el extraño tobogán que conduce a la comprensión.

LEER TODO

El aprender que inoculan estos libros, tal vez sea una ilusión. Si después de leer el libro ADN, 50 años no es nada de la dupla Alberto Díaz y Diego Golombek, me hicieran un múltiple choise sobre ADN, lo más probable es que no pueda pasarlo. Ante preguntas como: ¿Cuántas variantes de una sola proteína puede codificar un gen?, no sabría qué contestar. No serviría ni para el repechaje de Feliz Domingo. El saber que se obtiene mediante la divulgación científica es parecido al estudio que los novelistas hacemos para contar nuestras historias. Estamos temporariamente interesados en un tema exótico, durante el lapso que dura la escritura. Entonces somos capos en artes culinarias sin saber hacer un huevo frito; sabios melómanos que algún día volveremos al pop. Expertos en huracanes, mecánica dental, ascensores hidráulicos, bonsais. Hasta que los detalles, al fin, se vuelan, se olvidan, se guardan quién sabe en qué zona seca del cerebro. Los detalles han servido, fueron importantes; ahora nos queda una vaga señal como para poder hablar del tema o entender algunas noticias especiales en los diarios. No sé si aprendí mucho después de leer aquel libro sobre el ADN. Pero con la alegría de leer, estoy pago.

El secreto está en contar el mundo privado de las células como si fuera una película de superacción. Es una virtud del texto: en ficción, pocos libros que no sean excelentes logran ese interés. En no ficción lo hace Elsa Canestro en su colección de experimentos de física, lo hace Freud en Lo siniestro o en La interpretación de los sueños, lo hace Chueca Goitía en Breve historia del urbanismo, lo hace Arneheim en Arte y percepción visual y no lo sabe hacer en El quiebre y la estructura; lo hace Sontag en Sobre la fotografía; Barthes en La cámara lúcida; Foucault en Vigilar y castigar y nunca, nunca, nunca en Historia de la sexualidad; Truffaut en El cine según Hitchcock; Schopenhauer en El arte de buen vivir; Oliver Sacks en El hombre que confundió a su mujer con un sombrero; Dawkins en El gen egoísta; el ingeniero Dunne en Un experimento con el tiempo; Arthur Clarke en La exploración del espacio; Gabriel Gellon en El huevo y la gallina; Malba Tahan en El hombre que calculaba; Eco en Cómo se hace una tesis; Joyce Carol Oates en Del boxeo; Stephen King en Mientras escribo. Son todas lúcidas interpretaciones de mundos cerrados destinadas a mandar un mensaje a nuestro mundo, el de todos, y el mensaje puede ser de arquitectura, sociología, heurística, filosofía, cocina, genética. No importa. Explican lo inextrincable con excelencia. Conceptos difíciles con palabras comunes. En todos estos libros, lo que se lee es lo que tiene que haberme querido decir el escritor exactamente. Como en la mejor literatura en prosa: preparen los pañuelos cuando el cuentista diga ¡a llorar!; cáguense en las patas cuando se le ocurra visitar el miedo. Nada más patético que provocar risa queriendo dar espanto.

Muchas veces un libro es ilegible, o ininteligible, y uno piensa: “Hoy estoy muy distraído”, o: “¿Seré un buen lector?”

Claro que lo es. Usted es uno de los mejores lectores del mundo, absolutamente apto para largarse al entretenimiento sin fin, al viaje más largo sin moverse de su asiento, al aprendizaje más democrático de todos. Si el libro no se entiende, la culpa no es suya. Elija otro, uno que le diga cosas interesantes, que lo ate a la silla. Que sea comprensible...

A través de los libros se puede entender el universo.

Salvo, tal vez, el amor.

La comprensión del amor es algo que tiene que ver únicamente con el trato directo con la gente. Algo que te esquivan tus padres, te mal enseñan los amigos, te conducen las chicas.
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*Texto de Gustavo Nielsen

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15 Abril 2008

Lo nuevo de Estelares

En pocos días haré una reseña sobre lo que Manuel Moretti (un songwritter a la altura de los mejores talentos del pop-rock argento) se trae entre manos. A veces la primera maqueta, el primer demo nos ofrece pistas. Y ésta va camino a convertirse en una obra monumental. "Autobuses" tiene destino de himno. Pero, no desesperen ya viene....

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15 Abril 2008

Richard Hawley, un genio de bajo perfil (Lady's Bridge)

Lady's Bridge (+DVD) - Richard Hawley

Richard Hawley vuelve a ponerme kock out después del maravilloso Coles Corner.

Con Lady’s Bridge, el ex Pulp, homenajea al puente que separa su Sheffield natal y que conectaba la parte rica y la parte pobre de la ciudad.

Un puente que sirve como metáfora para este artista que pasados los 40 piensa que debe dejar cosas atrás y debe pasar al otro lado, dar un paso más. Un puente que separa el antes y el después de la muerte de su padre.

Un puente que ahora es melancolía, y los rasgos de los amores por venir. Y los que fueron.

Para nuestra eterna musa esto es "un agujero de mierda posindustrial. Pero es mi agujero de mierda posindustrial favorito del mundo. Verde y lleno de estudiantes;e rudos onductores de autobuses que se llaman cariño los unos a los otros. Y miran los muslos de las nenas".

La desolación de The Sun Refused to Shine, el lento y acompasado fluir de Roll River Roll o la sencillez apabullante de Tonight The Stars Are Ours, todas ellas bañadas de un apetecible sabor te toman de la mano y te hacen olvidar que ahí afuera hay un mundo de vulgares peleando por una tarima en la nada.

Hawley (ex Pulp) te hace cruzar la línea hacía otro día más con una sonrisa en los labios. Según su ley las grandes canciones deben motivar a luchar, soñar, beber y miles de etcéteras en mayúscula. Y Vaya si lo logra.

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15 Abril 2008

Sucio, mal vestido

En el camino de los perros mi alma encontró
a mi corazón. Destrozado, pero vivo,
sucio, mal vestido y lleno de amor.
En el camino de los perros, allí donde no quiere ir nadie.
Un camino que sólo recorren los poetas
cuando ya no les queda nada por hacer.
¡Pero yo tenía tantas cosas que hacer todavía!
Y sin embargo allí estaba: haciéndome matar
por las hormigas rojas y también
por las hormigas negras, recorriendo las aldeas
vacías: el espanto que se elevaba
hasta tocar las estrellas.
Un chileno educado en México lo puede soportar todo,
pensaba, pero no era verdad.
Por las noches mi corazón lloraba. El río del ser, decían
unos labios afiebrados que luego descubrí eran los míos,
el río del ser, el río del ser, el éxtasis
que se pliega en la ribera de estas aldeas abandonadas.
Sumulistas y teólogos, adivinadores
y salteadores de caminos emergieron
como realidades acuáticas en medio de una realidad metálica.
Sólo la fiebre y la poesía provocan visiones.
Sólo el amor y la memoria.
No estos caminos ni estas llanuras.
No estos laberintos.
Hasta que por fin mi alma encontró a mi corazón.
Estaba enfermo, es cierto, pero estaba vivo.

*Roberto Bolaño

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Sobre mí

"La pasión por la música es en sí misma una confesión. Sabemos más de un desconocido que la tiene que de alguien insensible a ella que frecuentamos a diario". (Emile T. Cioran)

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