La Muerte.
Cuando leí "El libro tibetano de los muertos" me sorprendió descubrir como los monjes budistas ayudaban a los moribundos. Cuando llegaban los últimos momentos, se quedaban con ellos y les decían, lo oyesen los agonizantes o no que se fuesen en paz, que se los seguiría amando y que aunque doliese su perdida, esta se superaría con el tiempo; sabían que era algo natural y que siempre estarían en el recuerdo de los vivos por sus obras positivas, por todo lo que habían hecho por los demás. Incitaban a los familiares a despedirse del moribundo amablemente, dejándole marchar a un descanso que se tenían merecido, porque el cuerpo, como vivo que es, tiene un final lógico que es la muerte. Por lo que contaban (recordad que se ha de dudar de todo), morían en paz y los dolores disminuían. La angustia por lo que dejaban atrás, disminuía o desaparecía y todo el mal trago era más "benigno" (muy entrecomillado).
Hablaba el libro de como hacemos sufrir, en occidente, a los que van a morir diciéndoles que nos van a dejar solos, que ya no podremos vivir si ellos se van, rogando para que no se mueran, porque "los queremos"...
Reconozco que, al principio, ese desapego, esa frialdad, me pareció inconcebible, pero tras mucho pensar, durante años y meses, leyendo aún más sobre el budismo y otras religiones, me di cuenta del egoísmo que subyace en nuestras formas de despedirnos de los que se van. "Les necesitamos" y no queremos que nos dejen, les cargamos con nuestras vidas como si no tuvieran derecho a descansar, a abandonar un cuerpo viejo o dañado y que ya no les responde. Intentamos atarles a la vida, que se les escapa inevitablemente, y seguro que aumentamos el trauma y el miedo de su transito a otra vida, otra forma, otra existencia o otra no-existencia (según sean vuestras creencias).
El principio budista del "no apego" que elimina el dolor es algo inconcebible para la mayoría de los occidentales, pero Buda se dio cuenta de que sin apego, sin que las personas o las cosas nos posean o nosotros las poseamos, se elimina el dolor de la perdida.
Sé que es muy difícil de entender, porque normalmente se confunde el apego, la propiedad, con el amor, pero algunos me entenderán si digo que no es necesario "poseer", en ningún sentido, a un hombre o a una mujer para amarle o amarla.
Amamos las rosas y no las poseemos.
Buenas meditaciones.

Rosa. Autor: Stan Shebs.




Soy una persona que intenta vivir el Zen en todo momento y que quiere ayudar a los demás a que encuentren su propio camino. Jamás dejo de aprender. Un aprendiz de bodhisattva.
Marco dijo
Gracias por el artiículo, me ayuda a sobreponerme de la muerte de mi sensei de Karte-Do Shotokan Nicéforo Condezo,aalguien que crei en la paz y la bondad de cada hijo de Dios, me llamo Marco, soy peruano y me gustaria mantener contacto con este grupo humano, gracias de todo corazón..
10 Septiembre 2006 | 12:19 AM