La Reencarnación.
Es el concepto budista que más extraña a los occidentales.
Sé que es muy difícil de entender (y de explicar) pero en la película "Pequeño Buda" de Bernardo Bertolucci se explica bastante bien: un monje budista que habla con un occidental, que recela de la reencarnación, le muestra un cuenco con té. El monje lo pone sobre una mesa, cerca del borde y le muestra que en el cuenco, sigue el té. De improviso, empuja el recipiente que se hace añicos con el suelo, vertiendo el contenido. Le muestra que, sobre el suelo, el té sigue siendo té, aunque haya cambiado de forma. Recogiendo el liquido con una esponja, le comenta que incluso dentro de la esponja el té sigue siendo té.
Creo que de alguna manera hay algo que se mantiene de nuestro ser en lo que nos rodea y quizá, como seguidor del Zen me permito dudarlo, haya otra existencia diferente después de la muerte.
Incluso los occidentales mantienen el recuerdo, el amor o las obras de los que se han ido. Festejamos el nacimiento de Mozart o estudiamos los hechos y las palabras de personas como Jesús. Esos hombres (y mujeres como Santa Teresa o la poetisa Safo) viven para siempre en la memoria y la inteligencia de las personas.
Pero la humanidad no sólo la habitan los famosos o conocidos. La civilización, el arte, la tecnología, el conocimiento deben todo a millones de humanos anónimos. Debemos nuestro bienestar, nuestra salud, nuestra vida a nuestros antepasados y en todo el planeta, cada familia, les venera.
De alguna manera, siguen con nosotros.
Lo que les parece gracioso a algunos es imaginarse convertidos en una rata, un cocodrilo o un mandril, pero luego se admiran de la inteligencia de los delfines (que sanan con vibraciones a enfermos - según los científicos- , juegan con juguetes hechos por ellos o ayudan a humanos que caen de barcos); lo que parecen recuerdos de sus muertos en los elefantes, el parecido genético con los simios o lo inteligente de su perro.
Sin que tengamos que creer que son humanos reencarnados, hay que admitir que algunos comportamientos de los animales superiores, a veces parecen "humanos".
Paz a todos.

Delfín. Autor: desconocido.



Soy una persona que intenta vivir el Zen en todo momento y que quiere ayudar a los demás a que encuentren su propio camino. Jamás dejo de aprender. Un aprendiz de bodhisattva.
El-peletero dijo
Es un mal ejemplo, es confundir pez con pescado. Una cosa es el te dentro de la taza y otra muy distinta es el te fuera de la taza. Absolutamente distintos, nos confundimos por que no hay una palabra que denomine te dentro de la taza y otra diferente que nos hable del te fuera de la taza. Pez y pescado. Estos budistas, tanta meditación y caen en un error tan burdo. En fin ...
28 Abril 2006 | 09:21 PM