Efímero

Fotografía de Luis Miguel Bugallo Sánchez.
En contra de lo que pensamos o queremos, vivimos en un mundo no perdurable, donde “todo pasa, nada queda”. Desde las moscas a los elefantes, desde el curso sinuoso de los ríos a las macizas montañas, hasta las formas de los continentes y las composiciones de las galaxias todo cambia y nada permanece para siempre. Es solo cuestión de tiempo que la variación se produzca.
Quizá para sentirnos seguros, para encontrarle un sentido a nuestra propia existencia, tendemos a olvidar este hecho constatable e irrebatible. No sería demasiado grave si nuestra falta de recuerdo se limitase a cuestiones accesorias, pero,desgraciadamente para nosotros, ese deseo de permanencia nos invade totalmente. Compramos automóviles, casas, equipos de sonido, etc. y esperamos que duren para siempre. Incluso hacemos “seguros” para afianzar nuestra aspiración de eternidad. Pero no solo lo aplicamos a lo demás, si no que nos los pedimos a nosotros mismos y queremos tener el cuerpo de los veinte años y nos aplicamos tratamientos diversos para conservar lo que tuvimos, con suerte, tan solo unos años o meses: ese rostro sin arrugas, ese cabello sin canas, esa figura estilizada...
La realidad, de todas formas, se impone y, tarde o temprano, nos damos de narices con el paso del tiempo. Incluso ideas que considerábamos eternas, con el transcurso de las épocas, las modificamos o desechamos.
Esta verdad evidente da el justo valor a las cosas y a los acontecimientos y, si estamos un poquito atentos, nos aliviará mucho de tensiones y preocupaciones, en el fondo, sin sentido.
Nos damos cuenta así de que ese puesto de trabajo que con tanto ahínco intentamos conservar y que al final perdimos, no nos hacía feliz y que, incluso, hemos mejorado sin él. Vemos todo el tiempo que perdíamos cuidando aquel coche que tanto nos costó adquirir. Somos conscientes de que aquel amigo tomó un rumbo distinto al nuestro y los dos seguimos viviendo...
Por mucho que queramos y por más que mejoren las formas de grabación de sonidos e imágenes, los momentos no son para siempre y a una hora le sigue la siguiente y, en muchas ocasiones, cambiando parte o todo lo que nos rodea.
Personas enfrentadas a sucesos especiales (un accidente, una enfermedad, la muerte de un ser querido) que han afectado a su yo más intimo confiesan que “han vuelto a nacer y que ya nada es lo mismo”.
Seamos flexibles y admitamos esa danza constante del tiempo y el espacio forma parte de nosotros y ajustemos nuestro pensamiento, nuestros deseos, nuestros impulsos a ello. Seguramente seremos más felices.


Soy una persona que intenta vivir el Zen en todo momento y que quiere ayudar a los demás a que encuentren su propio camino. Jamás dejo de aprender. Un aprendiz de bodhisattva.
eric dijo
Es lo único invariable, lo único constante,lo único eterno, el cambio contínuo.
Un abrazo.
18 Septiembre 2007 | 11:56 PM