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ZEN

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18 Septiembre 2007

Efímero

Fotografía de Luis Miguel Bugallo Sánchez.
En contra de lo que pensamos o queremos, vivimos en un mundo no perdurable, donde “todo pasa, nada queda”. Desde las moscas a los elefantes, desde el curso sinuoso de los ríos a las macizas montañas, hasta las formas de los continentes y las composiciones de las galaxias todo cambia y nada permanece para siempre. Es solo cuestión de tiempo que la variación se produzca.
Quizá para sentirnos seguros, para encontrarle un sentido a nuestra propia existencia, tendemos a olvidar este hecho constatable e irrebatible. No sería demasiado grave si nuestra falta de recuerdo se limitase a cuestiones accesorias, pero,desgraciadamente para nosotros, ese deseo de permanencia nos invade totalmente. Compramos automóviles, casas, equipos de sonido, etc. y esperamos que duren para siempre. Incluso hacemos “seguros” para afianzar nuestra aspiración de eternidad. Pero no solo lo aplicamos a lo demás, si no que nos los pedimos a nosotros mismos y queremos tener el cuerpo de los veinte años y nos aplicamos tratamientos diversos para conservar lo que tuvimos, con suerte, tan solo unos años o meses: ese rostro sin arrugas, ese cabello sin canas, esa figura estilizada...
La realidad, de todas formas, se impone y, tarde o temprano, nos damos de narices con el paso del tiempo. Incluso ideas que considerábamos eternas, con el transcurso de las épocas, las modificamos o desechamos.
Esta verdad evidente da el justo valor a las cosas y a los acontecimientos y, si estamos un poquito atentos, nos aliviará mucho de tensiones y preocupaciones, en el fondo, sin sentido.
Nos damos cuenta así de que ese puesto de trabajo que con tanto ahínco intentamos conservar y que al final perdimos, no nos hacía feliz y que, incluso, hemos mejorado sin él. Vemos todo el tiempo que perdíamos cuidando aquel coche que tanto nos costó adquirir. Somos conscientes de que aquel amigo tomó un rumbo distinto al nuestro y los dos seguimos viviendo...
Por mucho que queramos y por más que mejoren las formas de grabación de sonidos e imágenes, los momentos no son para siempre y a una hora le sigue la siguiente y, en muchas ocasiones, cambiando parte o todo lo que nos rodea.
Personas enfrentadas a sucesos especiales (un accidente, una enfermedad, la muerte de un ser querido) que han afectado a su yo más intimo confiesan que “han vuelto a nacer y que ya nada es lo mismo”.
Seamos flexibles y admitamos esa danza constante del tiempo y el espacio forma parte de nosotros y ajustemos nuestro pensamiento, nuestros deseos, nuestros impulsos a ello. Seguramente seremos más felices.
Tags: todo

servido por lunazul 1 comentario compártelo favorito

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

eric

eric dijo

Es lo único invariable, lo único constante,lo único eterno, el cambio contínuo.

Un abrazo.

18 Septiembre 2007 | 11:56 PM

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Sobre mí

Soy una persona que intenta vivir el Zen en todo momento y que quiere ayudar a los demás a que encuentren su propio camino. Jamás dejo de aprender. Un aprendiz de bodhisattva.

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