Bueno, dos personas me han abrazado desde que comenzó esta guerra de abrazos, y cómo no sé quien de las dos fue primera, las pondré por órden alfabético. (Sólo las dos primeras ¡eh!)
Lucía me dijo que se podía dedicar o mandar los abrazos por comentarios, pero que valía la pena hacerlo en un post, y eso he decidido hacer.
DAWN: a pesar de que todavía no nos conocemos demasiado, tú me mandaste tu cariño en forma de diez maravillosos abrazos que me dispongo a repartir. Por supuesto, te devuelvo el tuyo con inetreses, jeje. Me encanta tu blog, y creo que te mereces sinceramente la nominación a esos premios. Muchas gracias por estar aquí y ser mi amiga. TE ABRAZO.
PRINCESA DE PORCELANA: Que decir que ya no nos dijéramos antes. Eres mi princesita, mi niña bonita que pronto estará buena, se curará y se comerá al mundo. Y si mis palabras te han ayudado a sentirte mejor, prepárate, porque pienso comentar cada uno de los post que cuelgues hasta que me llames pesada, jeje. Sabes que te quiero. TE ABRAZO.
ESQUIZO: Sabes lo que siento y opino de tí. Creo, que si me encuentro mejor estos días, en parte (gran parte) es gracias a tí, por tu atención y tus palabras amigas. TE ABRAZO.
DORMILONA: Sé que últimamente estas meláncólica, y que si ya no me visitas tanto, ni vienes tanto por la coctelera es por buenos motivos. Creo que tu necesitas más cariño del que soy capaz de ofrecerte, sobretodo en la distancia, pero aún así espero que te sirva de algo. TE ABRAZO.
BATTMAN: Eres uno de mis más recientes amigos en estos lares, y sin embargo, a uno de los que mejor conozco. Por ser cómo eres, un enamorado del amor, de los pocos que quedan en el mundo, TE ABRAZO.
TERRORISMO AMBIENTAL: Tu blog es uno de los que más me conmueven e incluso alguna vez, he llorado leyendo las notícias que cuelgas. Tu labor es muy importante y me siento orgullosa de tí. Además, siempre que puedes, sacas un poquito de tiempo para comentar mis post, y eso es algo que me enternece y me motiva. TE ABRAZO.
DESTINO: Porque siempre estás aquí cuando te necesito, porque tus palabras me sacan de mi constante delirio, porque me haces sonreír. Por todo eso y mucho más TE ABRAZO.
OLIVERIA: Fuiste tú la primera en comentar, cuando yo apenas sabía ni lo que era un blog. Me ofreciste el mundo a cambio de nada. Ahora que la dicha colma tu alma, espero que sigas valorando y apreciando a esta pobre loca. TE ABRAZO.
YONKI DE LA POESÍA: Porque tus comentarios son la hostia. Tus poemas me hacen sentir menos sola en el abismal mundo que me ha tocado vivir. Porque sé que quizá algún día me parezca mucho a tí, TE ABRAZO.
DESEOSINFIN: Eres la caña. Me encanta tu blog, tu manera de escribir y tu forma de entender la vida. Tu optimismo y tu vitalidad (incluso a veces tu lujuria) se adueñan por unos instantes de mí, y es algo que te agradezco profundamente. TE ABRAZO.

Espero que sigáis repartiendo cariño en esta guerra de abrazos en la que me he visto envuelta por dos frentes, jeje. Sois maravillosos.
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El afilado pico descendió cruel y despiadado sobre mí, sorprendido de que aquel hombre de apariencia pacífica decidiera acabar con mi existencia, sin haberle provocado en absoluto.
El dolor que me inflingió sólo puede ser comparable al miedo que sentí. Todavía escuchaba los gritos de mi hermana, suplicándo clemencia para mí, incapaz de alejarse, de ponerse ella misma a salvo del depredador blanco.
La sangra caliente brotaba a borbotones de mi cabeza abierta, llenaba mis oídos, empañaba mis ojos. El golpe fue tan brutal que me dejó inmovilizado, espectador de mi propia muerte. Al menos, todavía me quedaban fuerzas para gritar con todo el aire de mis pulmones. Así tal vez, los demás podrían huir, esconderse, ya que para mí todo había terminado.
A pesar de mi juventud, de mi inexperiencia en la vida; a pesar de que aquella era la primera vez que me había atrevido a separarme del seno de mi adorada madre, la muerte se cernió sobre mí, sin piedad, sádica y mordaz.
Sentí un nuevo golpe. De nuevo el pico atravesó mi cráneo, desparramando mis tiernos sesos por la blanca nieve. Ya no era capaz de ver, ni oír. Pero sí sentir. Dolorosas lágrimas resbalaron por mi piel. Pero aquel hombre se mantenía inflexible ante mi dolor y mi pena. Incluso había llegado a pensar que disfrutaba torturando hasta la muerte a un crío indefenso como yo.
La dulce muerte me sobrevino con el tercer impacto, aunque puede que no fuera el último que recibiera mi maltrecho cuerpo. Ya nunca lo llegaré a saber.
La sangre, roja y brillante, contrastaba escandalosamente sobre la inmaculada nieve. El hombre se dispuso a despellejar al animal allí mismo, ya que el resto del grupo había huido despavorido, a excepción de una hembra joven, de aproximadamente seis meses. Ella también había sucumbido ante el pico, ante la mano del Hombre.
Tras arrancarle la piel, la grasa e incluso los genitales, dejó lo que restaba del cuerpo de la cría de foca a la intemperie.
Ya no valía nada.

Este terrorífico cuento está basado en hechos reales. Es posible incluso que esté ocurriendo en estos mismos instantes, en algún lugar de Canadá. La matanza de focas empezó algunos días atrás, y no terminará hasta que más de doscientas mil crías sean masacradas a manos del ser humano.
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Sé que en principio éste no iba a ser un blog literario, y aunque siga sin serlo he colgado un par de historias que escribí. Siento si a alguién no le ha gustado encontrarse con mis cuentos o relatos, pero cómo es mi blog, mi diario y prácticamente mi único amigo, me parecía relevante colocar aquí las historias que me salen del corazón.
Nunca había pensado en dedicarme a escribir. De niña y adolescente lo hacía por pura diversión. De hecho mis amigas eran verdaderas fans de algunas de las chorradas que escribía por aquel entonces, involucrando a profesores y personajes ficticios en mis delirantes e irrisorias tramas.
Luego, cuando llegué a la Facultad, dejé de escribir por motivos obvios: falta de tiempo y cansancio mental. Tampoco le dí demasiada importancia, ya que nunca había sido capaz de relatar una historia larga, ni por supuesto plasmarla en papel (o en la pantalla del ordenador).
Fue un error, del que me dí cuenta a tiempo.
Una noche, acostada sobre mi cama intentando dormirme de una vez, un personaje apareció en mi mente, perturbando mi descanso.
Pasaban los días y las noches, y aquel personaje iba contándome su historia con imágenes en mi cabeza. Pasaron incluso meses, y el tema cada vez me obsesionaba más. El personaje deseaba que yo contara su historia y no se marcharía de mi mente hasta que lo hubiera hecho.
Comencé a escribir de nuevo, primero a mano, después en el teclado del ordenador de mi madre, y finalmente, en el portátil que mi novio me regaló. Aliyah, que así se llamaba el personaje, me ayudó más que mis psiquiatras a superar mi larga y angustiosa crisis. Me dio fuerzas para continuar, y una razón para seguir existiendo.
Por fin terminé la historia, que ocupó un total de 155 páginas (más o menos). Aliyah me dio las gracias, pese a que todavía no he conseguido divulgar su historia cómo realmente se merece.
Después de ella, una chica tímida y llorosa me llamó. Ella también deseaba que yo relatara su propia historia. Todavía no he terminado de escribirla y otros personajes también me gritan, intentan llamar mi atención. Y todos ellos se merecen que sus historias sean escritas, aunque a nadie le interese leerlas.
Supongo que a eso se le puede llamar don, o locura, para mí es lo mismo.
Por eso quizá tengo tantas ganas de publicar. Sus historias merecen ser leídas, pese a no haber sabido relatarlas demasiado bien. Quizá deberían haber escogido a alguien con más talento, pero no lo hicieron. Pero sobretodo deseo publicar, y poder vivir de los ingresos obtenidos con ellos para tener más tiempo. Más tiempo que dedicarle a los personajes que me llaman, implorando que sus historias perezcan antes de nacer.
No sé que os parecerá a vosotros, pero yo creo que si existe una razón para escribir, debería ser siempre esta: contar una historia.

servido por m-n-rivers
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Me he cansado de ir colgando poco a poco el relato, así que aquí tenéis lo que restaba de él. Quién quiera leerlo, ya lo tiene completo y no tiene que esperar más, y los que no querían ojearlo siquiera no lo van a hacer sólo porque lo cuelgue por partes.
Antes de que la puerta se cerrara tras de mí, la melodía de mi teléfono comenzó a sonar desde el bolsillo de mi pantalón.
- ¿Ya los tienes?
- ¿Cómo lo has sabido?
- Dígame dónde se encuentra y un coche irá a recogerle en diez minutos.
Rose no mintió. Un mercedes negro con cristales tintados se paró frente a mí. Tiré la mitad del cigarrillo que todavía no había terminado de fumar, y abrí la portezuela de atrás.
Aparte del desconocido chofer, nadie más se sentaba en el interior del vehículo, cosa que me alivió bastante. Todo aquello empezaba a adquirir tintes melodramáticamente surrealistas. Lo único que deseaba era coger mi pasta y olvidarme de todo. Pero sus ojos… Sus ojos seguían hablándome en el interior de mi mente, aunque en aquel momento todavía no era capaz de escucharlos o entenderlos.
Sospeché que el coche me había seguido todo aquel tiempo, pues tardamos más de cuarenta minutos en llegar a nuestro destino, sin dirigir ni media palabra con mi conductor particular, por cierto. Dudaba de que se encontrara tan cerca de dónde yo estaba por casualidad.
El coche traspasó una verja abierta en mitad de lo que antaño había sido un frondoso bosque caducifolio. Ahora no era más que un complejo de apartamentos y chalets para gente adinerada, aunque he de reconocer que la casa con aspiraciones a mansión a la que me condujo, se ubicaba bastante aislada del resto. No quise imaginar porque.
Rose nos esperaba en la puerta, vestida con un escotadísimo vestido negro, que contrastaba enormemente con su blanca piel de porcelana. Seguía llevando frente a sus ojos aquellas enormes gafas de sol, aunque el cielo estaba completamente cubierto de negros nubarrones.
- Veo que has tenido éxito.
- Supongo que sí. – Le tendí el estuche dónde el joyero me había entregado los Anillos.
Su rostro se iluminó con una sonrisa seductora y malévola al tiempo. Volvió a cerrar el estuche y lo guardó en su pequeño bolso.
- Te has ganado tu dinero, en seguida lo tendrás ingresado en tu cuenta, pero si quieres, primero puedes pasar…
Acepté su invitación con expectación, y me arrepentiré de ello el resto de mi vida.
Me llevó a oscuras de la mano hasta su opulenta habitación en el primer piso de la pequeña mansión. Cerró la puerta con llave para que nadie pudiera molestarnos. Deslizó los tirantes de su vestido, dejándome contemplar su cuerpo desnudo en la penumbra de la habitación.
- ¿Ya has averiguado si soy hombre o mujer? – le pregunté.
- Me encantan las sorpresas. – Aunque no se sorprendió demasiado cuando pudo contemplar mi cuerpo sin ropa. Se quitó las oscuras gafas de sol para poder apreciar mejor mi piel entre tinieblas, pero yo no me fijé en sus ojos, pues me concentraba más en recorrer con la mirada cada recodo de su escultural cuerpo.
Follamos como animales salvajes, sin tregua ni descanso. Incluimos en nuestros morbosos juegos mordiscos sangrientos y dolorosos arañazos. Copulamos hasta la extenuación. Todavía me quedaba el suficiente aliento para encender un cigarrillo y pasárselo a mi nueva amante, que seguía relamiéndose mi sabor de sus labios. Encendí otro para mí pese a que casi no podía ni respirar, pero la nicotina me exigía otra dosis tras largas horas sin poder fumar.
Llamaron inoportunamente a la puerta. Me vestí apresuradamente y de cualquier manera, pero a Rose le bastó con envolver su sudado cuerpo con la sedosa sábana de su cama revuelta.
Un matón con cara de perro viejo y astuto esperaba al otro lado de la puerta.
- Mira lo que hemos encontrado. – Un compañero suyo traía consigo a una chica maniatada que sangraba profusamente por nariz y boca, y presentaba numerosos moratones, deformando las facciones de su otrora bello rostro. El pelo rosa y sus ojos seguían intactos. Esos ojos… era ella.
- Vaya, vaya. ¿Quién tenemos aquí? Pero llegas con retraso si querías apoderarte de mis Anillos, pues ahora están en mi poder.
- ¡TÚ! – La Chica se sorprendió al ver la cara de Rose, como si ya la conociera y no le agradara reencontrarse con ella.
- ¡Traidora!
- ¿Me llamas traidora a mí? ¿A quién derrocasteis del poder? ¿A quien exiliasteis a este maldito mundo sin magia? – Rose escupió sobre las heridas del rostro de la Chica. Meditó unos instantes antes de pronunciar sus siguientes palabras.
- Creo que esta inesperada visita me puede ser útil, de hecho, no podrías haber venido en mejor momento. Llevadla con las otras, y preparadlo todo. La ceremonia se celebrará esta noche.
De los ojos de la Chica salieron dolorosas lágrimas de terror, y su mirada volvió a encontrarse con la mía por segunda vez aquel día, pese a que me había ocultado entre las sombras todo el tiempo. Por un instante, sus ojos me mostraron un mundo extraño y fascinante, y su voz resonaba en mi cabeza, relatándome una historia, su historia.
En un mundo muy distinto del tuyo, dónde la magia todavía sigue viva, e infinidad de razas vivían en armonía entre ellas y con la tierra que les cobijaba, mi pueblo sufrió una grave tragedia de la que todavía no nos hemos podido liberar del todo.
Las imágenes se agolpaban en mi mente, dejándome ver inmensos dragones surcando un cielo azul profundo y límpido, un castillo encantado, con muebles que se movían por sí mismos, hadas revoloteando alegremente entre las flores de un verde prado soleado, e infinidad de gentes extrañas sonrientes y felices. Pero las imágenes se tornaron más y más siniestras, a medida que la Chica proseguía con su silencioso relato.
Una bruja, una malvada bruja, consiguió más poder del que se pudiera imaginar en aquel entonces, usando artes oscuras y perversas para conseguir sus fines. Se autoproclamó reina de mi pueblo, provocando cientos de calamidades sobre sus súbditos, a los que trataba como meros esclavos. Las bestias más sanguinarias le ofrecieron su protección, a cambio de poder desolar nuestra amada tierra a su antojo.
Difíciles y dolorosos tiempos tuvo que soportar mi pueblo, antes de decidirse de una vez por todas a terminar con el reinado de terror de Rose. La desesperación confirió la fuerza necesaria a sus brazos y espadas, y consiguieron librarse de ella, con demasiadas muertes a sus espaldas.
Fue exiliada a tu mundo, pues nadie se atrevió a matarla por las horribles consecuencias que podría acarrear en su persona y sus seres queridos. Es peligroso destruir a alguien de tanto poder, sobretodo si está imbuido de magia negra. La victoria no consiguió despejar la inquietud en las gentes de mi pueblo. A pesar de haber destruido el portal mágico que comunicaba ambos mundos, existía una reliquia que podría devolverla, con ansias de venganza y sed de sangre. Los Anillos Perdidos de Ávalon, desterrados tiempo atrás por haber sido fabricados con sangre de inocentes, por medio de las tenebrosas artes de un mago demente.
Intenté recuperar los Anillos, antes de que ella pudiera volver a utilizarlos. Me mandaron a tu mundo con ayuda de otra reliquia que Rose jamás se atrevería a usar, pues sólo alguien puro de corazón puede emplear su poder sin destruirse en el intento. Pero he fracasado, he llegado demasiado tarde. Te suplico que la detengas, que me ayudes a frenar sus intentos de regresar a mi mundo, pues allí sería capaz de recuperar toda la magia que le arrebatamos. AYÚDAME. AYÚDAME. AYÚDAME.
Aunque toda una vida había transcurrido frente a mis ojos, la alucinación sólo duro lo mismo que un suspiro en realidad. Por norma general, no suelo inmiscuirme en los asuntos turbios de mis clientes, y esta vez no hubiera sido distinta de no ser por esos malditos ojos violetas, girando y girando sin parar. Mirarlos era como asomarse mareado a un abismo infranqueable. Y su voz seguía resonando entre las paredes de mi cráneo: Ayúdame.
Los matones se llevaron a la chica y la puerta volvió a permanecer cerrada. De nuevo, me quedé a solas con Rose, cuyos ojos verdes se asemejaban muchísimo a los de la Chica, pero sus pupilas en forma de espiral giraban en el sentido opuesto al de las agujas del reloj. Se encontraba pletórica, radiante, espléndida. Las piezas de su macabro plan empezaban a encajar a la perfección. Su voz rompió el silencio al que se había sumido la habitación.
- Me gustaría que te quedaras esta noche. Va a suceder un acontecimiento muy importante para mí, y desearía que me acompañaras.
Si de verdad esperaba rescatar a la Chica debía seguirle la corriente, aunque no sabía que en realidad no tenía elección.
Accedimos a los sótanos por unas escaleras de piedra ruinosas y extremadamente inclinadas. Aunque el recinto era húmedo y frío, parecía mucho mayor de lo que me había imaginado. Parecía, pues sólo podía intuir el tamaño por los ecos de nuestras pisadas y de los sollozos lastimeros de otras prisioneras que tampoco alcanzaba a ver por la oscuridad reinante. Como de si una orden mental se tratara, débiles luces comenzaron a alumbrar la apestosa catacumba. Los matones encendían las antorchas dispuestas en las paredes cavernosas, antorchas fabricadas con grasa que al ser quemada producían un olor nauseabundo.
Cuando mi visión se adaptó a la suave penumbra de la luz de las antorchas poco a poco iluminadas, alcancé a ver una imagen grotesca, espeluznante. Seis mujeres jóvenes, alguna apenas una niña, se encontraban tiradas sobre el frío y duro suelo de piedra, atadas de pies y manos, amordazadas y completamente desnudas. Sus lágrimas resbalaban sobre la mugre de sus rostros, y el terror no había tenido nunca para mí un rostro tan real. Sus cuerpos formaban una especie de círculo, cuyo centro presidía el cuerpo de la Chica, inconsciente, colgado a unos palmos del suelo, atado con regias cadenas cubiertas de óxido. Ella también se encontraba amordazada, y si seguía con vida, poco le faltaba para despedirse de ella.
Al terminar de encender todas las apestosas antorchas, los dos matones se interpusieron ante la única vía de escape, las escaleras, mirando con ojos enrojecidos a su ama y señora. Realmente lo tenía crudo si pensaba escapar de allí con vida, sobretodo con la cautiva de pelo rosa.
Rose también se desnudó ceremoniosamente. Le colocó con brusquedad los Anillos a la Chica en sus delgados tobillos. El cariz que estaban tomando los acontecimientos era aterrador, sin embargo, algo me mantenía inmóvil y en silencio.
Rose extrajo una espada corta y brillante de un estuche negro similar al que le había entregado horas antes, pero de mayor tamaño.
Sin mayores contemplaciones y alardeando de una sangre fría más propia de reptiles que de humanos, Rose comenzó a rajar y destripar los vientre de todas las mujeres tumbadas en el suelo. Sus gritos de dolor, angustia, pánico, imposibles de contener con las mordazas, me estremecieron de pies a cabeza, y sus estertores de muerte fueron el sonido más indescriptiblemente aterrador que pudiera haber imaginado jamás. Deseaba huir de allí, salir corriendo, dejar de mirar la escena que acontecía ante mí, o simplemente gritar con todas mis fuerzas, pero seguía sin poder moverme. Algo, una misteriosa fuerza me obligaba a tener los pies quietos, los ojos abiertos y la boca cerrada.
En ese momento Rose me miró, y una siniestra sonrisa surcó sus labios ensangrentados. Me había atrapado sin darme cuenta. Intenté chillar de desesperación, pero de mis labios sellados no surgió ningún sonido. Mis gritos me ahogaron silenciosamente por dentro.
Cuando la vida se escapó de la última mujer agonizante en el suelo, Rose, implacable, se acercó lentamente a la Chica, que acababa de recobrarse de su inconsciencia. Su rostro se contrajo en una mueca que entremezclaba miedo y odio, ira y dolor. Rose disfrutó mientras le rajaba con la espada, partiéndola prácticamente por la mitad, con un profundo corte de la garganta hasta el pubis. Con sus propias manos, destripó con saña el deformado cuerpo de su víctima, tirando al suelo cada una de sus escarlatas vísceras.
- ¡Por fin! – Exclamó, secándose con el brazo el sudor de la frente. – Es hora de volver a casa.
Me tendió su manchada mano. Fui incapaz de hacer cualquier otra cosa que no fuera obedecerla. Con su ayuda, me introduje en el cuerpo abierto de la Chica, justo antes que ella.
Ahora mismo escribo estas líneas con el miedo y la angustia de que ella las encuentre y me torture o algo peor. Me condujo a su mundo, que no tardó en volver a doblegar bajo su inflexible yugo de crueldad.
Para Rose soy poco menos que una puta, y si me mantiene con vida, es para poder regresar a mi mundo, y conquistarlo también. Para volver a abrir la puerta necesita de alguien que haya nacido allí, alguien que pueda ceñirse los Anillos Perdidos de Ávalon y morir como la pobre Chica de Pelo Rosa. Alguien como yo.
Por esa razón debo encontrar los malditos Anillos e intentar destruirlos, o morir en el intento.
servido por m-n-rivers
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La tienda, si es que podía llamarse así a un local oscuro y polvoriento, plagado de cachivaches en diversos estados de decrepitud y rotura y sin clasificar, colocados en los estantes y vitrinas sin ningún orden ni acierto. Un viejo calvo de mirada vidriosa y suspicaz parecía ser el dependiente. En cuanto me vio entrar por la chirriante puerta, sus pupilas se dilataron de emoción. Probablemente no era el tipo de lugar frecuentado por gente que todavía conservara toda la dentadura y mucho menos, vistieran traje de marca.
No entraré en demasiados detalles, pero al final conseguí que me contara quien le había comprado los Anillos por un puñado de billetes. Hubiera preferido partirle los dedos a aquel gusano asqueroso, pero no deseaba llamar la atención sobre mi persona con actos violentos. De todas formas, a mí no me importaba realmente pagar, pues los gastos corrían a cuenta de mis benefactores.
El viejo recordaba perfectamente a la persona que se había llevado la reliquia, pues era un cliente más o menos habitual en aquella madriguera. Un busca tesoros, podría decirse, pero mientras que yo cobraba por encontrara un objeto en concreto, éste iba recopilando pequeñas joyas de aquí y de allá, para exponerlas a la venta en su propio negocio.
La joyería en cuestión se encontraba muy bien ubicada, en pleno centro bullicioso de la ciudad. Frente al escaparate fue dónde la encontré de nuevo. La Chica de Pelo Rosa. Contemplaba embelesada las joyas expuestas tras el limpio y reluciente cristal. Suponía que no tendría efectivo suficiente para hacerse con la reliquia, pero mi instinto me advertía susurrante que fuera con cuidado. Podría tratarse de una lunática que consigue todo lo que quiere aunque sea por la fuerza, y hoy en día cualquiera que pueda agenciarse un arma, es decir, todo el mundo, siempre tendrá la fuerza de su lado.
Me acerqué a ella por la espalda de manera sigilosa, cauta, sin llamar la atención de los transeúntes ni la de ella misma. Con un gesto ágil, rápido y discreto, le tapé la boca con una mano, mientras que con la otra le sujeté la muñeca con firmeza. Ella logró girarse y nuestras miradas se encontraron.
- ¿Pero qué coño…? – Exclamé. Sus pupilas eran dos espirales violetas que no dejaban de girar y girar en el sentido de las agujas del reloj. Quedé con tal desconcierto que relajé la fuerza con la que la sujetaba, momento que ella aprovechó escurrirse entre mis dedos y salir corriendo a una velocidad insospechada para un ser humano.
Si hubiera estado colocado en aquel momento podría haber encontrado una explicación plausible para lo que acababa de ver, pero no era el caso. Lo único que procesaba mi organismo en aquel momento era un bollo caliente y un café aun más caliente. Y por supuesto, media docena de cigarrillos, pero hasta dónde mi conocimiento llega, el tabaco no produce alucinaciones.
Con una gran dosis de confusión mental, conseguí centrarme lo suficiente para centrarme en mi objetivo: los Anillos, ya casi al alcance de mi mano.
Tuve una pequeña charla con el dependiente, que quedó encantado con el precio que le ofrecí por lo que el pensaba que eran unas meras baratijas. Realmente no tenían el tamaño de un anillo, a no ser que su propietario original hubiera sido un gigante de seis metros, cosa que no descartaba del todo, después de la extraña experiencia con la Chica.
Más bien tenían el tamaño apropiado para ser unas lindas tobilleras, atadas entre sí con un fino cordón plateado.
El dependiente introdujo los Anillos en un estuche negro, aterciopelado por dentro, y éste en una bolsa con propaganda de su negocio.
servido por m-n-rivers
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