Pero no son más que los últimos estertores de un monstruo agonizante.
Esto es una guerra por el derecho a la información. Es global, se combate en todos los ámbitos y en todos los lugares. Y yo creo que la ganaremos porque la información quiere ser libre y porque internet ya es una fuerza imparable. Por las buenas o por las malas.
Estudié el bachillerato entre curas y columnas góticas de un claustro franciscano . Allí me topé con muchos curas y frailes. De entre todo recuerdo con cariño a uno que enseñaba religión de una forma distinta. Decía que Jesús predicó sólo una cosa: amor y entrega a los desfavorecidos.
Ese es el único punto de afinidad que me queda con la Iglesia Católica, o al menos con quienes, dentro de ella, siguen predicando y practicando así, a pesar de todas las dificultades de la jerarquía eclesial.
Hace unos días decidí hacer una microencuesta de andar por casa en Cadius. Me interesaba saber cómo se están usando los lectores de feeds entre la gente que vive pegada al ordenador.
Estos son los resultados a mis tres preguntas:
Se pueden extraer algunas conclusiones ligeritas, pero la que más me llama la atención es que la frecuencia de uso es directamente proporcional a la veteranía. En otras palabras, los lectores de feeds son una droga que te pide más y más.
También me ha sorprendido ver que, en general, la cantidad de feeds no aumenta de forma tan proporcional a la antigüedad en el uso.
A ver si tengo tiempo y elaboro un poquito más algunas ideas y planes que me rondan la cabeza respecto a esto.
ACTUALIZACIÓN: he escrito sobre el tema en terremoto.net, en un artículo titulado Un buen lector de feeds. Ya era hora de darle vidilla al otro blog, ¿no?