Algo de Historia
Vivimos un momento histórico estupendo para entender cómo usaron los invasores de América el alcohol como medio para reducir a los indígenas.
No puedes conseguirlo poniéndote a pensar. No puedes buscarlo sin ponerte a pensar.
23 Agosto 2006
Vivimos un momento histórico estupendo para entender cómo usaron los invasores de América el alcohol como medio para reducir a los indígenas.
11 Agosto 2006
<< Está ante mí, corpulenta, panzuda, con las grandes fauces llenas de fuego. Se llama Franklin...

-¿Eres tú Benjamín Franklin?- le pregunté.
-No, sólo Franklin, Francolino. Soy una estufa italiana, una excelente invención. No caliento mucho, pero como invento, como producción de una industria muy desarrollada...
-Sí, ya lo sé. Todas las estufas con nombres hermosos calientan mucho, todas son invenciones excelentes, algunas son productos gloriosos de la industria, como se demuestra en los prospectos. Yo las aprecio mucho, merecen admiración. Pero dime, Franklin, ¿cómo es que una estufa italiana lleva un nombre americano? ¿No es esto extraño?
-No, esto es un secreto, ¿sabes? Los pueblos cobardes tienen canciones populares en que se ensalza el valor. Los pueblos sin amor tienen obras teatrales en que se glorifica al amor. Así nos sucede también a nosotras, las estufas. Una estufa italiana tiene, la mayoría de las veces, un nombre americano, como una estufa alemana tiene, casi siempre, un nombre griego. Son alemanas y no son mejores que yo en nada, pero se llaman Eureka o Fénix o Despedida de Héctor. Esto despierta grandes recuerdos. Por eso me llamo Franklin. Soy una estufa, pero también podía ser un estadista. Tengo una gran boca, caliento poco, escupo humo por un tubo, tengo un buen nombre y despierto grandes recuerdos. Así soy.
-Es cierto -dije yo-; siento gran admiración por usted. Puesto que es usted una estufa italiana, ¿podrían asarse castañas en usted, verdad?
-Ciertamente que sí; cualquiera es libre de hacerlo. Es un pasatiempo que a muchos agrada. Otros hacen versos o juegan al ajedrez. Es cierto que se pueden asar castañas en mí. Es verdad que se queman y no hay quien las coma, pero en eso reside el pasatiempo. Los hombres no aman nada tanto como los pasatiempos, y yo soy una obra humana y debo servir al hombre. Cumplimos con nuestro deber, con nuestro sencillo deber; somos monumentos, ni más ni menos.
-¿Monumentos, dice usted? ¿Se consideran ustedes monumentos?
-Todos nosotros somos monumentos. Nosotros, los productos de la industria, somos monumentos de una cualidad que escasea en la Naturaleza y sólo se encuentra en elevada perfección en los hombres.
-¿Qué cualidad es esa, señor Franklin?
-El sentido de lo poco práctico. Yo soy, como muchos de mis semejantes, un monumento de ese sentido. Me llamo Franklin, soy una estufa, tengo una boca grande que devora la madera, y un gran tubo por el que el calor encuentra el camino más rápido para salir al exterior. Tengo, también, lo que no carece de importancia adornos, leones y otras cosas, y tengo algunas llaves que se pueden abrir y cerrar, lo cual causa mucho placer. Esto también sirve de pasatiempo, igual que las llaves de una flauta que el músico puede abrir o cerrar a discreción. Esto le da la ilusión de que hace algo simbólico, y así es, en efecto.
-Me maravilla usted, Franklin. Es usted la estufa más juiciosa que he visto hasta ahora. Pero acláreme esto ¿Es usted una estufa en realidad o un monumento?
-¡Cuánta pregunta! Ya sabe usted que el hombre es el único ser que da un sentido a las cosas. El hombre es así; yo estoy a su servicio, soy su obra, me limito a señalar los hechos. El hombre es idealista, es un pensador. Para los animales, un roble es un roble, una montaña es una montaña, el viento es viento, y no un hijo del Cielo. Pero para los hombres todo es divino, todo es profundo, todo es simbólico. Todo significa algo enteramente distinto de lo que es. El ser y el parecer están en litigio. La cosa es una antigua invención, creo que se remonta a Platón. Una muerte es una heroicidad, una epidemia es el dedo de Dios, una guerra es una glorificación de Dios, un cáncer de estómago es una evolución. ¿Cómo podría ser una estufa solamente una estufa? No; ella es un símbolo, un monumento, un mensajero. Cierto que parece ser una estufa, y hasta lo es en algún sentido, pero desde su rostro simple le está sonriendo a usted la antiquísima Esfinge. Ella también es portadora de una idea; también es una voz de lo divino. Por eso se la quiere, por eso se la tributa admiración. Por eso calienta poco y sólo accidentalmente. Por eso se llama Franklin. >>
("Conversación con la estufa", Hermann Hesse)
10 Agosto 2006
A ver por qué no pudo marcar más Occidente Heráclito, por ejemplo.
Las cosas no abstractas no hay por qué pensarlas.
Las cosas físicas no tienen por qué tener implicaciones abstractas.
1 Agosto 2006
Un paralítico le dice a un telequinético:
-Acércame ese libro, por favor.
-Cógelo tú, ¿o es que no tienes mente?
(En homenaje a este personaje)
1 Agosto 2006
Estoy hasta los huevos de que me digan que en Sevilla hace calor.
26 Julio 2006
Para celebrar el retorno al acceso, os dejo esta interesante reflexión lingüística:
Si el antónimo de grabar es borrar,
¿por qué el de gravar no es vorrar?
Ya me podéis mandar a la mierda en masa.
19 Julio 2006
Normalmente me prodigo poco por estos medios, pero esta semana no he tenido acceso a mi cuenta. Cosas de las obras permanentes, supongo. Prefiero no pensar en el hecho de que no he visto que le pase a nadie mas. Y ahora resulta que no van las tildes de este teclado. Cojonudo.
Ahora me apresurare a olvidar los miles de post que no he escrito con la estupida excusa de no poder publicarlos, y publicare este sin tildes, sin ganas, sin comer ni dormir, animado como siempre por la facilidad de darle al boton con la tranquilidad de no ser casi leido.
Asi nos va.
Sobre todo hoy, con este dia de mierda.
Saludos a todos.
7 Julio 2006
Hay por ahí unos cuantos seres extraños. Hay muchos, vale, pero hablo de unos especialmente desconcertantes.
Hace poco decía uno en una película muy buena, "Crash" se llamaba, que la gente se toca al andar por la calle pero en Los Ángeles no por yo qué sé qué hostias. A los que hicieron la peli les pareció que era imprescindible una parrafada de esas chorriprofundas para gringos y metieron esa enorme gilipollez. Está estudiado que la gente nunca se toca cuando anda por la calle si puede evitarlo. Y eso pasa en todas partes.
Pero hay algunos que sí, que parecen tener claro que se les tolera el contacto y acuden a él sólo con verme. No me resulta especialmente molesto. Más bien, como he dicho, desconcertante.
Disfruto tanto hablando de mí o de mis cosas como evitando hacerlo. La verdad es que cada vez más de ésto último. Es hermoso cuando además de escuchar algo interesante, sabes que estás siendo apreciado, pero como escuchante. No es algo tan común sin que el otro te inquiera porque sí, sin interés ninguno ni necesidad, sin que corrompa el momento con un absurdo intercambio de opiniones. Sé que no me explico como me gustaría, pero las numerosas ocasiones en que no me explico porque no quiero os tendrán acostumbrados.
También sé que no podéis hacer nada contra estas decisiones acerca de mi transparencia, y que lo normal es que os la sude y lo dejéis estar, volváis a leerme o no. Pero esos, los desconcertantes, no sólo es que en ocasiones me pinchen/presionen/insistan en ciertas cosas, es que además consiguen que yo mismo me las plantee y que me preocupe por lo que les digo, no sólo por lo que me oyen decir. Estos misteriosos poderes mentales que manifiestan me turban a menudo.
Pero es que tampoco evidencian una especial actitud hostil, antes cierto equilibrio entre la agresión -que tolero por el influjo de su oscuro poder mental- y cierta vulnerabilidad que a menudo tienen. Pues sin intencion ni obligacion de educarte, se comen el tarro para encontrar soluciones a tus problemas como lo harían con los suyos propios, sin soltarte el esperado tópico que hay que decir al pobre imbécil que pide ayuda a otro ser humano o va largando sus historias por ahí. Hasta un nivel de implicación impropio y peligroso para todos, como si te sujetasen la nitroglicerina mientras vas al retrete.
Por todas estas cosas y supongo que alguna más los tengo en mente a menudo. Y por aquéllo de entenderse y por la necesidad de adaptar de vez en cuando el idioma a las propias acepciones, frecuentemente les llamo amigos.
Lo que no viene a significar ni mucho menos que dejen de desconcertarme las cosas que acabo de decir, ni que esté de acuerdo con ellos en ningún ámbito. Particularmente diferimos en cuanto a la manera de tenernos como referente, y sobre todo en cuanto a la idea que tenemos sobre la idea del otro como referente mutuo. Creo que está claro. Cuanto más paso de todo el mundo, más me acusan todos de hacer caso a los demás.
Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):