El vuelo...
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Estamos en la pista de despegue con las ilusiones preparadas para viajar. Las dudas se acomodan con el respaldo bien recto y el miedo se abrocha el cinturón de seguridad, bien ajustado pero sin asfixiarte. Las azafatas te indican las salidas de emergencia, te enseñan las máscaras de oxigeno para cuando sientas que el aire se escapa por las ventanas y siempre tengas a tus pies el chaleco salvavidas, siempre, con él evitaremos el choque ante las caídas al profundo abismo.
El piloto de la vida, hace su presentación...
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-El Comandante Destino les da la bienvenida y les transmite sus mejores deseos para el viaje emprendido.
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Sólo queda depositar tu confianza en él, en su horas de vuelo y en su experiencia ante los posibles cambios climáticos. Tu vida está en sus manos, tú sólo eres un pasajero más que dejas que te transporte a través del cielo.
La luz roja se enciende, los motores rugen, aceleran, posicionan sus alerones y recogen sus ruedas.
Acelera, acelera, acelera... hasta que a máxima velocidad despega del suelo con rumbo todavía desconocido, no es un viaje organizado por eso quizás es tan inquietante.
A través de las ventanillas observas la inmensidad del cielo, de la tierra y descubres lo microscópicas que son las personas...
El piloto ha programado la velocidad crucero, quiere que las primeras horas disfrutes del viaje como un niño. Acaricias con la mirada las nubes nacaradas y revoltosas, no están quietas porque quieren jugar con tus emociones, te obsequian con su baile nebuloso y con sus formas, sólo ellas te permiten ver el mundo entre algodones.
Respiras profundamente hasta aspirar todo el azul del cielo en el que estás flotando y en estado Alfa deseas que el tiempo se detenga en ese instante.
Nada hay tan maravilloso como esa sensación de extrema serenidad azulada, pero....
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Baches, inclinaciones bruscas, caída unos metros, tensión y por fin se consigue enderezar el avión. Las azafatas te ofrecen un refrigerio y la manta de la calma, una almohada hará que tu razón también descanse. Continúas deleitándote con el viaje, con las sensaciones que te produce y disfrutas, aunque esta vez tu botón de “alerta” lo dejas en ON.
Las miradas de los pasajeros se cruzan unas con otras, ves alivio, sonrisas cómplices, miedo, temor, pánico, tranquilidad y todos respiran aliviados.
A través de los altavoces una voz serena anuncia que se avecina una agresiva tormenta, no hay más opción que realizar un aterrizaje forzoso, algo así como bajarse del burro. Ahora no se puede volver atrás, no se debe...
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Se endereza el avión, la experiencia es la mejor arma, estamos seguros con el chaleco salvavidas y las máscara de oxigeno alivian nuestra angustia.
Todos rígidos, el avión está aterrizando, posa sus ruedas en la pista, frena, frena, frenaaaaaaaaa.
El aterrizaje ha sido difícil pero por fin estamos en tierra, tenemos nuestro equipaje de mano, en él esta lo imprescindible para aguantar la espera.
Mientras nos alojarán en un hotel para descansar y esperaremos a que la tormenta pase...
Algunos quizás no pueden esperar o no deben, por eso la única opción es mirar el resto de vuelos posibles para llegar a su destino, siempre hay un vuelo disponible, en primera clase o un vuelo chárter ...
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Si no encuentras tu camino, háztelo... aunque sea a mordiscos.









FUERA DE MI dijo
joerrrr....
si lo se eligo barco!!
besos y mas besos
28 Marzo 2008 | 11:50 AM