¡Óle... Ámonos!
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. Y el Sol abre sus ojos tras una noche agitada, te mira de frente sonriente y te guiña ardientemente hasta hacer bailar el corazón, casi, casi por bulerías. Y abre su enorme boca pá pegarte un muerdo en el alma y susurrarte al oído a ritmo de una guitarra y un par de castañuelas... . Y te cuenta que ese toro se ha enamoraó de la Luna ¿Cómo? ¿Qué? ¿De mi Luna? ¡¡¡Anda ya!!! Que sí, que sí, me dice el Sol y tú con cara aflamencá le adhieres tu rabia a la suela de los zapatos y te marcas un zapateaó. Y le miras embravecida, y repites una y otra vez. ¡Que no! Que la Luna es mía y yo soy de ella. Que mi Luna no quiere ser embestía ni empitoná por un toro traicionero que la espía escondío entre la jara. Que no puede ser de raza el toro que abandona la maná. Que no, que no... que no es de casta valiente aquel que se oculta tras una sombra maldiciente y es celoso del reflejo de su cara en el río. ¡¡¡Anda ya!!! Que esa cara sólo tiene ojos pá mí porque yo sólo tengo ojos pá ella. Que si sus patas parecen abanicos de colores, las mías parecen capotes bordados con alegres hilos y rojos corazones. ¡Aquí pá chula yo y mi neurona que parece un yo-yó! . ¡Óle... ámonos! . .

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Si no encuentras tu camino, háztelo... aunque sea a mordiscos.








nazul dijo
Siempre me gustó, tal vez porque me gusta todo aquello que contenga la Luna. No importa que el toro se haya enamorado de ella, sino que ella le corresponda y abandone su función.
Besos de azul lunero
1 Agosto 2008 | 01:14 PM