TIME (TIEMPO) .MARA TORRES REGALA UN PENSAMIENTO
Una operación de cirugía estética a cara abierta. Párpados ensangrentados, piel despegada de la carne, cartílagos rasurados. Así empieza Time, la última metáfora sobre el tiempo del director coreano Kim Ki–duk (Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera o Hierro 3). Después de unos años de relación, una mujer teme que el paso del tiempo haya gastado el deseo de su pareja hacia ella y decide transformar por completo su rostro y su cuerpo para que él siga amándola.
Comienza entonces la búsqueda del deseo hasta la locura. Time es una historia radical y, en principio, poco verosímil, pero aborda uno de los temas fundamentales de la naturaleza humana: nuestra relación con el paso del tiempo. El director escribe: “La vida significa entender que nada dura para siempre”. Cuando salgo del cine, me llevo colgada la película.
Qué extraño. Nada para siempre. No es posible que el tiempo acabe gastándolo todo. No. No puede pasar como un torrente llevándose por delante la pasión, el amor, la belleza o los sentimientos. El paso del tiempo es implacable, pero no puede ser más fuerte que el deseo, ni puede marcarlo o decidir sobre él. Tiene que haber otra forma de entenderlo.
Llego a casa. La película me ha descolocado y llevo mucho rato dando vueltas al concepto del deseo, el amor y el tiempo. Hay en el sofá un libro de Cernuda: La realidad y el deseo. Abro por la página 72: “Aunque sólo sea una esperanza.// Porque el deseo es una pregunta cuya respuesta nadie sabe”. Respiro.
Respirar. La prueba más pequeña de que estamos vivos. Un acto ordenado y minúsculo en un mundo de vértigo. Un mundo 24 horas abierto invitándonos a consumir sin medida, a usar y tirar, a dejarlo todo viejo en un instante. Frente a él ha surgido una filosofía que nos propone que vivamos el tiempo sin prisas: el Movimiento Slow, que ya tiene miles de seguidores que quieren aprender a disfrutar del momento; que mastican despacio la comida en la boca para sentir su textura y su sabor (Slow–food frente a Fast–Food); que creen que hay que trabajar para vivir y no al revés; que disfrutan del sexo sin horas y de conversaciones que no estén repletas de palabras.
Un elogio al placer de ir llenando lentamente la vida vacía. Quién sabe. Es posible que la magia esté en dejar de ir contrarreloj para coger al tiempo de la mano y caminar parsimoniosamente a su lado. Quizá esté la magia en dejar de matar el tiempo para empezar a vivirlo, cultivando dentro de él los placeres que le pertenecen –y nos agitan al respirar– para que no pueda robarlos. De enemigo a cómplice. Para que no haya que entender que nada dura para siempre. Aunque sólo sea una esperanza.
Mara Torres>Escritora y Periodista.
Revista VG









Carmen dijo
Ya sabes, se hace camino al andar, y mejor disfrutar plenamente de cada paso. Dejar este vertiginoso volar hacia no importa el lugar.
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10 Enero 2008 | 10:31 AM