

El invierno nos entrega colores y texturas que cuesta creer. Un día, gris y obscuro es capaz de dar imágenes llenas de brillos y texturas. La lluvia no limita la fotografía de paisaje. La falta del sol directo hace que la luz se filtre suavemente iluminando los objetos sacándoles tonos suaves pero intensos. Este galpón de mas de cien años en el pueblo de Coipúe, al sur de la ciudad de Temuco, es testigo de la historia de una de las zonas mas productivas y ricas de Chile.

Los campos cercados por arboles nos dan un contraste contra el cielo negro que presagia una tormenta de agua y granizo. En pocos minutos todo el paisaje cambia violentamente como si de la paleta del pintor se fueran mezclando rápidamente los tonos. La fotografía me permite detener esa vertiginosa transformación dejándola detenida para siempre en imágenes que nunca mas ocurrirán.


servido por Marcelo
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