(61) LA TORTILLA DE LOS REYES MAGOS 1/4
Excepto Madre, que la tenemos vacunada, el resto de la familia estamos griposos. Yo la que menos, que lo mío se cura con unas aspirinas bien tomadas (algún día os contaré el secreto para tomarla bien).
Si el Peque ya de por si es una fábrica de mocos, ahora lo estamos empapuzando de agua por miedo a que tanta moquera lo deshidrate; A la Luzi se la ve desmejorada, no hay forma de que entre en calor, y ronquea; Mikel es el más escandaloso, que ni por la noche deja de toser, y podemos decirlo porque nos despierta a cada ataque de tos; La Ro se queja de la garganta, los oídos, y del pecho cuando se une a Mikel en su sinfonía de toses; Beltrán es quien peor se encuentra, que sufre todos los síntomas ya detallados sumados a una fiebre de treinta y nueve grados y medio. No sale de la cama, claro, que tiene apenas fuerza para mantenerse despierto. Para lo que sí tiene fuerza es para quejarse, que está todo el día en un ay. Y es que estos hombres no aguantan nada.
Tenía planeado pasarme después del día de los Reyes Magos por casa de Margarita, la bruja del Valle, para pedirle un remedio contra la gripe.
Pensaba ir el lunes o el martes, pero...
Estábamos preparando la cena cuando suena el teléfono:
-¿Dígame?
-¿Mariana?
-¿Sí?
-¿Que a qué hora vendrás?
-¿Quién eres?
-¿Pues quién voy a ser? El Curda.
-El mayor, ¿no?
-Pues claro.
-¿Y a qué he de ir?
-Pues a hacernos la tortilla.
¡No me acordaba de la tortilla!
Era costumbre que el día de de los Reyes Magos se hiciera una ronda por los pueblos del Valle. En todas las casas daban pastas y caramelos a los niños, y a los mayores se les sacaba un porrón de vino y algo sólido para acompañarlo.

Yo les sacaba tortilla de patatas. Una tortilla cuya receta heredé de mi abuela y que terminó siendo famosa.
Por el éxodo del campo a la ciudad, los niños fueron desapareciendo de los pueblos, y con ellos la tradición, pero los Curda no se dieron por enterados y aparecían cada seis de enero reclamando tortilla.
Creía que por vivir en Pamplona, este año me libraría de hacerla, pero me equivoqué.
-Pues no sé cuando podré ir a hacérosla, pero prometido que cualquier día de estos. En cuanto pueda.
-El domingo es buen día. Además que es seis y así no rompemos la costumbre –resuelve el Curda.
-Ese día no puedo
-¿Qué no vas a poder si nada se puede hacer? ¡Que´s domingo!
-Pero es que es día de los Reyes Magos y quiero pasarlo en familia.
-Oye, ya sabes que son los padres, ¿verdad?
-Sí. Hace ya unos años que me enteré.
-Entonces, ¿pa qué?
-Pa qué ¿qué?
-Que pa qué quieres pasarlo en familia si no crees en los Reyes Magos.
-Me hace ilusión. Por lo de los regalos y eso.
-Pues tiempo ya tendrás antes de venirte. O cuando te vuelvas. Porque te volverás en el día, ¿no? Que oye, por nosotros como si te quedas, que un hueco ya t´haremos.
-Mejor lo dejamos pa otra ocasión.
-Oye, que me estoy pensando que si te viene mal nos presentamos nosotros en Pamplona pa comer la tortilla.
No me sirvieron razones ni excusas,también influyó, por supuesto, el que soy demasiado buena y no sé plantarme, por lo que me veo el día de Reyes en el pueblo. Claro que así podré pasarme por casa de Margarita para lo del remedio contra la gripe.
Ah, el Curda ni me felicitó el año nuevo y os apuesto cuanto queráis a que tampoco tendrán un detalle conmigo el día de los Reyes Magos.
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ana-j- dijo
Adoro la torrilla de patatas. Vendería mi alma a las afiladas uñas de Leviatán por un trozo de buena tortilla. Oh! Manjar de los dioses. Bendita tortilla de patatas...Un saludo
4 Enero 2008 | 10:36 PM