(134) VENTANA CON VISTAS.
Mi espíritu siempre ha tendido más a la contemplación que a la acción, que si me dais el Camino de Santiago, lejos de andarlo coloco una silla a su vera para observar el paso de los peregrinos, que si el encierro, prefiero verlo en televisión cómodamente sentada en el sofá que correrlo; lo que también he hecho incluso en tiempos en los que estaba vedado para nosotras las mujeres.
Y de siempre, mi atalaya preferida ha sido la ventana. Como segunda opción, una terraza a la sombra de un buen sol frente a un café con hielo.
Desde que guardo memoria, mi primera acción tras levantarme de la cama ha sido asomarme a la ventana, y desde ella, en el Pueblo, observar con ojos expertos una de nuestras huertas; la más tempranera del Valle porque la protegía del norte la casa. Y siempre veía algo que no me agradaba, como malas hierbas o ramas que podar cuando no rastros de jabalís, topos, o de algún vecino encaprichado de catar nuestros tomates porque los suyos todavía verdeaban.
Me he pasado horas ensimismada en la ventana mirando las eternas piedras que formaban casas, a veces buscando figuras que con el paso de los años sabía encontrar en sus paredes
Cuando llegué a Pamplona, miré con desasosiego la ventana de la habitación que se nos había adjudicado a Madre y a mí en casa de Beltrán mi hermano.
Al asomarme descubrí a la izquierda una guardería con su patio y todo, en el centro una plaza cerrada por edificios con parque infantil y frontón, a la derecha el Colegio Mayor santa Clara. Todo cemento aunque bordeado por árboles.

Primero la decepción, claro, que lo que se mostraba desde esa ventana urbanita era opuesto a lo que mis ojos acostumbraban a contemplar desde mi niñez aldeana, pero con el tiempo aprendí a disfrutar del jolgorio infantil tanto de la guardería como de la plaza. Y como no había calles, tampoco ruido de tráfico que seguro me incomodaría el dormir. Y me conformé. Encantada además.
Pero hace unas semanas todo cambió, que una mañana enjaularon la plaza para días después introducir maquinaria con la que hollando hacer bajo ella un aparcadero de coches.

Y talaron los árboles.

Mi esperanza es que apriete mucho el calor y deleitarme con atractivos torsos obreros que compensen la vista arruinada. Mi única ilusión. Y es que quien no se consuela...
NOTA: Excepto la primera fotografía, en la que se ve la plaza todavía intacta, que encontré por casa tras mucho buscar, el resto las he sacado yo con mi máquina de retratar nueva, esa que os tengo contado me tocó en la Tómbola de Cáritas que han puesto ya para los Sanfermines.













www-lacoctelera-com-inaki dijo
Joder, qué pena, Mariana...a saber qué harán estos del Ayuntamiento...Lo siento muchísimo. Esperemos que la sinrazón municipal respete, al menos, el jolgorio de los niños. En cuanto a los árboles, ya se sabe que en Pamplona, ni las monjitas los respetan, je, je. Besos.
Iñakito.
19 Junio 2008 | 07:31 PM