Buenos Aires, 20 de octubre de 2005

Capítulo diez

En el fondo no éramos esos demócratas heroicos que pensamos que éramos.
Lentamente nos fuimos dibujando a nosotros mismos una imagen ideal de progresistas tolerantes, amantes de la paz y de la libertad, férreos defensores de sistema representativo de gobierno.
Allí estuvieron los medios de comunicación, para ayudarnos a alimentar nuestra propia épica libertaria. Emergimos de la oscuridad del Proceso como luchadores por la libre expresión, por la vida, por la igualdad, por la democracia. Recitamos el Preámbulo con Alfonsín y nos creímos en el cielo mismo.
Pero...
Veintidós años de gobiernos elegidos por el voto ciudadano insumieron 9 presidentes. Y eso que diez de esos años se los comió enteros El Singular Riojano... La cuenta deja un promedio de 1,33 años cada uno del resto. Es cierto que tuvimos presidentes de un día, pero eso es otra cuenta...
Está de moda despreciar a los políticos. Son la lacra de la sociedad. Ese discurso brutalmente antisistema, ferozmente golpista, baja alegremente de los medios más “progres” y la gente se lo mete en la cabecita como un CD. Y reproducen. (Yo mismo escuché a un conductor de un programa de una radio AM super progre darle un premio a un oyente que propuso volar con dinamita el Congreso Nacional. No muchos minutos más tarde, ese mismo conductor se quejaba amargamente que el Congreso estaba parado por culpa de “la campaña”)
Entonces, no votar es una gracia, cosa de piolas. Si total, no hay castigo... Es un crimen sin víctimas, según parece. Como diría Nelson Munch, el bravucón de Los Simpson: como pegarle a alguien en la oscuridad.
Entonces, la campaña electoral es una monstruosidad. Un gasto obsceno de dinero. Que sea parte del funcionamiento del sistema de representación parece no importar.
Entonces, nos quejamos de todo. La izquierda baja un discurso “anti –estado” tan virulento que deja a Alsogaray como un nene de pecho. Y la gente compra. Y se dedica a denostar a los dirigentes del país con razón o sin ella. No importa. Insisto: somos una sociedad de “modas”. La actual es la ANTI POLÍTICA.
Entonces... tal vez no éramos tan democráticos.
Total... tantos apoyaron a Videla y Massera. Ah, cierto que no los apoyó nadie. Si todos eran unos pobres demócratas sorprendidos en su buena fe...
MP