Cinco meses de furia. De violencia verbal, casi en el umbral de la violencia física. Cinco meses potenciados por un conflicto sectorial, avaricioso, golpista e ilegal que catalizó a todos los restos de la Armada Brancaleone de la oposición, que había quedado mirando la nada después de la derrota. Para ello sirvieron los medios. Los tan mentados medios de comunicación, los generales multimediáticos que reemplazaron en el siglo XXI a los viejos generales de sable de lata que cada vez estuvieron allí, firmes para dar el zarpazo y destruir el país, a su Constitución y al pueblo.

Los medios de comunicación "independientes" multiplicaron el conflicto con el campo, lo acunaron, le dieron de mamar. Lo hicieron crecer, volverse totalizador. La unica cosa en que los argentinos debíamos pensar. Eran los "piquetes blancos", tan diferentes de los "piquetes negros" de los pobres que pedían trabajo.

Destilaron arbitrariedad, apología del delito, racismo de la más baja estofa. Algunos, los más ridículos, soñaron con forzar la salida de la Presidenta con notas mentirosas que anunciaban todo tipo de improbables catástrofes, agitando los miedos más profundos de la clase media, esa que, cuando se asusta, se parece tanto a los fascistas.

Se equivocó el gobierno. Debió atajar a tiempo el reclamo porque si así lo hacía, se atomizaba sin remedio. Para cuando quiso forzar ese quiebre, lo que era un reclamo por la intangibilidad sagrada de la rentabilidad sojera se transformó, por obra y gracia de los medios, en una especie de movimiento político opositor que juntó rotos con descosidos. Allí, en la misma vereda (la vieja y transitada vereda de la derecha golpista) quedaron amontonados la mutante y esquizoide Carrió, el desgajado partido radical, los neoliberales más furiosos, los viejos gorilas modelo 1955 como Grondona y recién llegados, conversos por el poder del cheque, antiguos progres periodísticos en descomposición como Lanata, Tenembaum o Nelson Castro, bancados en algunos casos por los pooles de la soja, por el multimedios más poderoso o asociados a un viejo corsario mediático como Fontevecchia (triste ocaso del doctor Castro, el "diario" Perfil es su tumba).

Todos juntos, incómodos, hombro con hombro, mirándose de reojo, listos para gozar de la fiesta que no tendrá lugar, esperanzados en un alzamiento civil como el del 2001 pero que terminó en 100 o 200 pelotudos haciendo ruidito en Santa Fe y Callao.

Terminó la fiesta, el lock-out de los patrones rurales no se sostiene. Carrió alucina con un futuro luminoso que nunca tendrá y asusta a sus propios voceros. Y las operaciones de los medios-cres se vuelven cada vez más burdas e increíbles.

Vuelve el orden. Se termina la fiesta de los payasos chacareros, los payasos políticos y los payasos mediáticos. Payasos sin gracia. Sangrientos. Apolillados como la tendencia ideológica que los mueve.

El gobierno popular vuelve a dedicar su atención a lo que debe. Y sin siquiera haberles dado el gusto de reprimirlos. se quedaron con las ganas de ser mártires.

Entonces...

De a poquito se van apagando. Languideciendo lentamente.

Lo que soñaron una insurrección nacional liderada por la Sociedad Rural terminó en transas con gobernadores, los gritos del bocón de Gualeguaychú y 100 boludos en avenida Santa Fe.

Qué triste final para un movimiento con el que soñaron tomar el gobierno.

Y ahora vuelven a sus "guaridas asquerosas" como dijo muy bien Evita a masticar su odio.

Tienen la valentía de las lauchas, la tolerancia del gorila. Entonces escriben comentarios cargados de despecho, de odio, de racismo en sus propios diarios de Yrigoyen, como Crítica, La Nación y Perfil. Diarios que les dicen lo que ellos quieren creer, lo que necesitan creer.

Pero son NADA, quedaron en NADA.

Faltan tres años y medio para las elecciones. Traten de ganar alguna vez. Así saben lo que se siente, manga de patéticos, golpistas, estúpidos, idiotas útiles de la Sociedad Rural. Sigan mirándose el ombligo y golpeando teflon en Santa Fe y Callao que el país va por otro lado.

Chau, giles.